La adjudicación a un consorcio integrado por dos empresas chinas y una argentina de una nueva etapa del campamento Batidero, que alojará a trabajadores del proyecto minero Vicuña, en la provincia argentina de San Juan, abrió un debate sobre la participación de la industria nacional en uno de los mayores desarrollos de cobre de la región, informó la agencia local IProfesional.
El contrato contempla la fabricación en China de módulos habitacionales de acero que serán trasladados a la cordillera de San Juan para su montaje. Las unidades prefabricadas llegan equipadas para acelerar su instalación en un entorno de alta montaña, informó el medio local Río Negro.
El consorcio adjudicatario está integrado por PowerChina, Beijing Chengdong y la empresa argentina RAFA S.A. PowerChina, una empresa estatal china con una amplia presencia internacional en proyectos de infraestructura y energía, asumirá la gestión integral bajo la modalidad Engineering, Procurement and Construction (EPC). Beijing Chengdong fabricará los módulos habitacionales en China, mientras que RAFA ejecutará en Argentina las obras en terreno, incluidos el movimiento de suelos, las fundaciones, el montaje de estructuras y las instalaciones complementarias, informó el portal Minería y Desarrollo.
La etapa adjudicada representa aproximadamente el 25 por ciento del campamento permanente previsto para Vicuña. La compañía anticipó que las siguientes fases serán objeto de nuevas licitaciones. La decisión puso sobre la mesa una cuestión más amplia para Argentina y otros países de la región: cuánto de la inversión en sectores estratégicos se traduce en capacidad industrial, conocimiento y cadenas de suministro nacionales y qué riesgos puede generar una creciente dependencia de empresas chinas para la autonomía económica y estratégica del país.
USD 18 millones y el debate sobre la cadena de valor
Según medios argentinos, la oferta del consorcio alcanzó aproximadamente USD 52 millones, frente a los USD 70 millones de la propuesta presentada por la empresa argentina Modular Homes. La diferencia de unos USD 18 millones, inclinó la competencia a favor del consorcio.
La adjudicación se produjo además en momentos en que Vicuña avanzaba en su incorporación al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que contempla beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios para proyectos de gran escala. Entre ellos se incluyen exenciones de derechos de importación para determinados bienes de capital, repuestos e insumos. El régimen también contempla compromisos para el desarrollo de proveedores locales cuando exista oferta disponible en condiciones competitivas.
El debate, por tanto, va más allá de una diferencia de precio. Vicuña constituye uno de los mayores proyectos mineros previstos en Argentina y contempla inversiones de varios miles de millones de dólares durante su desarrollo. En ese contexto, representantes de la industria local cuestionaron si la importación de componentes que podrían producirse en el país limita la oportunidad de utilizar esa inversión para ampliar la capacidad productiva argentina.
El campamento tendrá capacidad para alojar a miles de trabajadores y podrá ampliarse conforme avance el desarrollo de Vicuña. La Cámara Argentina de la Construcción Modular Industrializada (CACMI) estimó que la obra involucra unos 45 000 metros cuadrados de construcción y más de 4500 toneladas de acero. Representantes del sector también estimaron que la fabricación local de los módulos podría haber generado cientos de empleos directos; además de actividad para proveedores nacionales.
“La minería tiene una oportunidad histórica para convertirse en un verdadero motor de desarrollo para Argentina”, dijo al diario Clarín Juan Pablo Rudoni, presidente de la CACMI. “Pero para que eso ocurra, las inversiones deben generar empleo, fortalecer proveedores nacionales y dejar capacidad instalada en las regiones donde operan”.
Del ahorro inmediato a la capacidad estratégica
La discusión industrial no se limita al precio ni a la generación de empleo. En sectores estratégicos, conservar capacidades productivas, tecnológicas y técnicas también es una cuestión de resiliencia, seguridad nacional y soberanía. Para los países latinoamericanos que buscan aprovechar la creciente demanda mundial de cobre, litio y otros minerales críticos, el desafío también consiste en determinar qué capacidades permanecen en el país una vez ejecutadas las grandes inversiones: proveedores especializados, conocimiento técnico, certificaciones, infraestructura industrial y trabajadores capacitados.
“Cuando la mayor parte de los componentes se fabrica en el extranjero y en Argentina solo se realiza el transporte y el ensamblaje, el valor agregado industrial, el empleo calificado y el desarrollo tecnológico permanecen fuera del país”, dijo a Diálogo Jorge Malena, director del Comité de Asuntos Asiáticos, en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. “Más allá del impacto inmediato sobre fabricantes y trabajadores argentinos, el efecto más importante es la pérdida de oportunidades para que las empresas nacionales adquieran experiencia, certificaciones y capacidades que les permitan competir en futuros proyectos mineros de gran escala”.
El caso adquiere una dimensión adicional por la participación de PowerChina. La empresa estatal china tiene una amplia presencia en sectores estratégicos de Latinoamérica y su trayectoria regional no ha estado exenta de controversias. Proyectos ejecutados por la compañía y sus subsidiarias han enfrentado cuestionamientos por fallas técnicas, sobrecostos, impactos ambientales y procesos de contratación, como ocurrió con la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair en Ecuador. Al mismo tiempo, PowerChina cuenta con capacidades que abarcan distintas etapas de grandes proyectos, desde la ingeniería y construcción hasta el suministro, la inversión, la operación y el mantenimiento. Esa combinación de una creciente presencia regional y participación en múltiples eslabones de infraestructura estratégica aumenta las preocupaciones sobre una dependencia de largo plazo de empresas estatales chinas.
“Si un mismo conjunto de empresas consolida durante décadas una posición predominante en infraestructura, logística, mantenimiento, energía, comunicaciones y sistemas digitales, está generando una dependencia funcional que reducirá la autonomía de decisión del país”, advirtió Malena. “Más que limitar la participación de un país determinado, la prioridad debería ser preservar la competencia, diversificar socios internacionales y fortalecer las capacidades técnicas e institucionales argentinas para gestionar activos estratégicos en el largo plazo”.
La advertencia apunta a un escenario más amplio que el contrato de Batidero. El desafío para Argentina será evitar que la creciente participación de empresas chinas en el sector minero genere una dependencia excesiva de China para equipos, tecnología, ingeniería o servicios especializados. Diversificar proveedores y fortalecer capacidades locales puede reducir esa vulnerabilidad y reforzar la resiliencia del país y preservar su autonomía de decisiones sobre sectores y recursos estratégicos.
Un desafío que transciende a Argentina
El debate se inscribe en una dinámica regional marcada por la creciente participación china en infraestructura, energía, minería y otros sectores estratégicos de Latinoamérica. Para los gobiernos de la región, el desafío no se limita a atraer inversiones, sino a evitar que la concentración de proveedores, tecnología y capacidades en empresas chinas genere dependencias que puedan afectar la resiliencia económica, la seguridad nacional y la autonomía de decisión. Preservar la competencia, fortalecer proveedores nacionales, promover la transferencia tecnológica y diversificar las cadenas de suministro son herramientas para reducir esos riesgos y evitar una dependencia excesiva de China.
“El expansionismo chino en Latinoamérica se manifiesta mediante distintas inversiones y la expansión de mercados, pero también lleva asociado un tema crítico: la vulnerabilidad de estas economías al entrar en esa alianza comercial con China, con todos los riesgos que ello implica”, dijo a Diálogo María Isabel Puerta, doctora en Ciencias Sociales y profesora adjunta en el Valencia College en Florida. “El problema es que las economías que están siendo objeto de la presión arancelaria seguirán afianzando sus nexos con China”.
Los grandes proyectos mineros pueden atraer inversión, generar exportaciones y crear empleo. El desafío para Argentina y otros países de la región es lograr que la creciente inversión china también contribuya al desarrollo de proveedores, conocimiento y capacidades propias, sin crear una dependencia de empresas chinas difícil de revertir en sectores estratégicos.
Batidero ofrece una muestra de esa tensión. La adjudicación representa solo una parte del campamento permanente de Vicuña y no determina por sí sola la estructura futura del proyecto. Pero el debate que generó muestra la importancia de las decisiones que se toman durante los procesos de contratación: qué se importa, qué se produce localmente, qué conocimiento se transfiere y cuántos proveedores pueden competir. En sectores estratégicos, esas decisiones también determinan qué capacidades conserva un país y hasta qué punto puede evitar depender de proveedores chinos para sostenerlas en el futuro.
A medida que Latinoamérica atrae nuevas inversiones en cobre, litio, energía e infraestructura asociada, la creciente participación de empresas chinas en estas cadenas estratégicas plantea decisiones que van más allá del costo inmediato. Fortalecer proveedores nacionales, preservar la competencia y diversificar socios puede ayudar a los países de la región a evitar una dependencia excesiva de empresas chinas para infraestructura, tecnología y capacidades críticas, y a preservar su autonomía de decisión en sectores fundamentales para su seguridad nacional y soberanía.