Ecuador llegó a un acuerdo con PowerChina, matriz de Sinohydro, para resolver el prolongado conflicto por las fallas estructurales de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair. Según el diario ecuatoriano Primicias, la empresa de China pagará USD 400 millones a Quito y asumirá la operación y el mantenimiento de la planta, una de las más relevantes para el país.
Coca Codo Sinclair, construida en 2009 e inaugurada en 2016, nunca llegó a operar a plena capacidad. Desde el inicio presentó fallas técnicas y ahora tiene más de 17 000 fisuras en los distribuidores de turbina. Además, la central ha contribuido a la erosión regresiva del río Coca.
“El acuerdo refleja una estrategia de poder blando de China: busca mejorar su imagen en la región mediante compensaciones y reparaciones, pero mantiene un alto control sobre los procesos, lo que deja a los países con un margen de maniobra limitado”, señaló a Diálogo Sergio Cesarin, coordinador del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico e India, de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en Argentina.
El acuerdo, firmado tras la visita del presidente Daniel Noboa a China en junio, ha sido objeto de escrutinio. Uno de los aspectos más controvertidos es que PowerChina gestionará la central durante 25 años, mientras Ecuador desembolsará pagos anuales de USD 60 millones por la operación de la central, lo que suma al menos USD 1500 millones, cifra que supera la compensación pactada. El monto de los USD 400 millones ha sido cuestionado por sectores que lo consideran insuficiente frente a los costos de reparación y las pérdidas acumuladas, según el diario ecuatoriano El Universo. La falta de transparencia en los términos también ha suscitado dudas sobre los beneficios reales para el país.
El acuerdo pone fin al arbitraje iniciado en 2021 por la Corporación Eléctrica del Ecuador (CELEC EP). Según la agencia Reuters, el Ministerio de Energía confirmó que ambas partes desistieron del litigio y conformaron mesas técnicas para dar seguimiento a la reparación de los daños.
“Cuando surgen disputas con China, esta suele optar por negociaciones prolongadas y asimétricas, cambiando los términos a su favor”, afirmó Cesarin. “Aunque los acuerdos mencionan arbitraje, Pekín evita tribunales internacionales y privilegia resolver controversias ‘amistosamente’ o en cortes de Pekín, lo que genera desventajas para la contraparte”.
Riesgos y visión estratégica
El traspaso de la operación y el mantenimiento de Coca Codo Sinclair otorga a una empresa estatal extranjera el control cotidiano de un activo nacional crítico. PowerChina llega con antecedentes polémicos, incluso sanciones del Banco Mundial por fraude, multas en Bolivia por tala ilegal y cuestionamientos en Tanzania por impactos ambientales, lo que derivó en su exclusión de fondos internacionales, según el El Heraldo de Colombia.
“Esta situación es excepcional y preocupante. La entrega de la administración de la principal hidroeléctrica ecuatoriana a PowerChina, en un contexto de posible presión por deuda, podría favorecer los intereses de la empresa estatal China por encima de la autonomía local”, advirtió Cesarin.
El ángulo tecnológico añade otra capa de riesgo. En Filipinas, la participación de la Corporación Estatal de Red Eléctrica de China en la Corporación Nacional de Redes Eléctricas, motivó investigaciones del Senado por posibles accesos remotos al sistema eléctrico. Este caso ilustra lo que puede ocurrir cuando actores foráneos administran infraestructura crítica, advirtió un informe del Centro de Energía de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).
Los préstamos de China son poco transparentes. Un análisis de AidData de 100 contratos con gobiernos de 24 países revela cláusulas de confidencialidad y otros mecanismos que permiten al prestamista influir en políticas internas y externas, restringiendo la capacidad de gestión de deuda de los países prestatarios.
Ecuador es un ejemplo paradigmático. En 2010, recibió un préstamo de USD 1000 millones garantizado con petróleo, que obligó a PetroEcuador a entregar crudo a PetroChina y a depositar los ingresos en cuentas bajo control del Banco de Desarrollo de China.
“Ecuador mantiene una dependencia estructural con China, heredada del Gobierno de Rafael Correa mediante acuerdos de deuda respaldados con petróleo, una situación que, en esencia, permanece sin cambios”, afirmó Cesarin. “Por ello, China podría responder con medidas de represalia como suspender compras o afectar el comercio; un riesgo relevante para Ecuador”.
Mirada geopolítica
El acuerdo sobre Coca Codo Sinclair se inscribe en la estrategia global de China en el sector energético, mediante la cual busca “poseer la luz”, a través de inversiones en generación, distribución y transmisión eléctrica en la región.
El Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Universidad de Boston destaca que esta estrategia tiene alcance global: bancos y empresas chinas han financiado más de 648 plantas en el extranjero.
En la región, el avance es evidente. El 1.º de agosto, Ecuador anunció un nuevo préstamo de China por USD 600 millones para energía. En 2020, China Three Gorges adquirió la distribuidora Luz del Sur en Perú, obteniendo acceso a datos operativos estratégicos del sistema eléctrico. Esta concentración de capacidades otorga a Pekín márgenes de influencia sobre decisiones soberanas.
Datos de la Boston University confirman la magnitud de este despliegue: firmas chinas han realizado más de 114 operaciones de fusiones, adquisiciones y financiamiento en el sector eléctrico de Brasil, y otras en Chile, México, Perú y Ecuador. Cesarin advirtió que “el margen de maniobra de los países en este tipo de acuerdos es limitado, lo que abre la posibilidad de que China influya en las decisiones estratégicas del sector”.
Para reducir riesgos, los mercados eléctricos deberían separar generación, transporte y distribución. La operación de empresas chinas en estos segmentos presenta un desafío global, ya que sus matrices y subsidiarias se alinean con la estrategia del Partido Comunista de China, favoreciendo competencia simulada y trato preferencial, dice Latinoamérica 21.
El riesgo principal es entregar el control del suministro eléctrico a China, cuyas empresas estatales son instrumentos clave de su modelo económico y de sus objetivos geopolíticos.
“Con la entrada del acuerdo con China, Ecuador corre el riesgo de repetir viejas prácticas: endeudamiento, contratos opacos y corrupción”, advirtió Cesarin. “Solo la transparencia y el escrutinio público podrán marcar la diferencia. El desafío será demostrar si Ecuador aprendió de su experiencia pasada, o si repite la historia”.


