La estatal China Three Gorges Corporation (CTG) amplió en 2026 su presencia en el sector eléctrico peruano al adquirir la participación restante de Hydro Global Perú, empresa vinculada a la central hidroeléctrica San Gabán III, en Puno. La operación se suma a otros importantes activos del grupo en el país, entre ellos la central hidroeléctrica Chaglla, en el departamento de Huánuco y Luz del Sur, una de las principales distribuidoras de electricidad del Perú.
La expansión se ha desarrollado durante varios años. CTG completó en 2019 la adquisición de Chaglla, de 456 megavatios (MW) y la tercera central hidroeléctrica más grande del Perú. Posteriormente, empresas estatales chinas ampliaron su participación en otros segmentos del mercado eléctrico peruano, incluida la distribución de electricidad en Lima y Callao.
“En los últimos años, los gobiernos sudamericanos han mostrado gran interés en cultivar alianzas internacionales para desarrollar mejor sus recursos energéticos y aumentar la fiabilidad de sus redes eléctricas”, afirmó a Diálogo el analista peruano Pedro Yaranga. “China aprovechó esa apertura hasta convertirse en el principal inversionista y prestamista del sector energético de Latinoamérica y el Caribe”.
Concentración en la distribución eléctrica
En el Perú operan más de 80 empresas generadoras, 21 transmisoras y 23 distribuidoras. Entre estas últimas, las dos mayores son Pluz Energía, controlada por China Southern Power Grid International, y Luz del Sur, de China Three Gorges Corporation. Sus operaciones atienden a casi tres millones de clientes y representan un tercio del mercado nacional de distribución, según Dialogue Earth.
Yaranga distingue los dos frentes de esa presencia. “Las inversiones chinas en infraestructura energética sudamericana abarcan dos sectores distintos: la generación y la distribución”, explicó. El primero produce electricidad en centrales hidroeléctricas, térmicas, eólicas o solares; la transmisión transporta la energía a alta tensión a través del sistema eléctrico, mientras que la distribución la entrega finalmente a hogares, empresas e instalaciones públicas.
El peso de esa presencia excede el sector eléctrico. En el diario argentino La Nación, el especialista en Relaciones Internacionales Patricio Carmody señaló que China invierte en territorio peruano en minería —cobre y hierro—, infraestructura y energía. Según Carmody, las inversiones alcanzan USD 30 000 millones, que equivalen al 25 por ciento de la inversión extranjera directa. El megapuerto de aguas profundas de Chancay, administrado por la empresa china COSCO, abre una ruta marítima directa a Shanghái y busca consolidarse también como una vía de exportación para Brasil. Sumado a la presencia de empresas estatales chinas en la distribución eléctrica de Lima y Callao, ese conjunto ha generado inquietudes sobre una creciente dependencia, señaló Carmody.
La expansión podría continuar. El Ministerio de Energía y Minas calcula el potencial hidroeléctrico nacional en unos 70 000 MW, el principal recurso renovable del país junto a las reservas eólicas, geotérmicas y solares. Actualmente se aprovecha cerca del 8 por ciento de ese potencial, mientras otro 4 por ciento corresponde a proyectos en desarrollo.
Una presencia que se extiende por la región
Perú no constituye una excepción. En Chile, la estatal State Grid Corporation of China controla la compañía General de Electricidad (CGE) y Chilquinta Energía, dos de las principales distribuidoras del país. Con esas adquisiciones, la compañía concentra cerca del 57 por ciento de los clientes del mercado de distribución eléctrica chileno. En Brasil, State Grid Corporation of China también ha ampliado su participación en infraestructura de transmisión, incluida una extensa línea de corriente continua destinada a transportar energía renovable del nordeste hacia los principales centros de consumo.
En Ecuador, la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, construida por la empresa china Sinohydro, filial de la estatal PowerChina, ha enfrentado durante años problemas técnicos y controversias relacionadas con su construcción. En agosto de 2026, un tribunal ecuatoriano declaró culpables a 20 personas por cohecho en un esquema de pagos indebidos vinculados con la adjudicación y ejecución del proyecto.
La expansión económica china también se desarrolla junto con una condición diplomática central de Pekín: los países que establecen relaciones oficiales con la República Popular China deben dejar de reconocer diplomáticamente a Taiwán. Honduras estableció relaciones diplomáticas con Pekín en marzo de 2023, mientras Nicaragua lo hizo en diciembre de 2021. En ambos países, empresas chinas han participado posteriormente en proyectos de infraestructura y energía, incluidos proyectos hidroeléctricos y solares.
Infraestructura crítica y autonomía estratégica
La escala de esas inversiones está redefiniendo el papel de Pekín en el hemisferio. “China ya no es solamente un comprador de materias primas: se convierte en un actor profundamente metido en sectores clave de la región, como el litio, cobre, puertos, telecomunicaciones, inteligencia artificial, minería, energía, vigilancia digital y movilidad eléctrica”, remarcó Yaranga.
A principios de septiembre, el embajador chino en el Perú, Song Yang, se reunió con empresarios de La Libertad, departamento con salida al Pacífico, y representantes de compañías chinas para explorar nuevas oportunidades en energía, tecnología, comercio, infraestructura y logística. Durante el encuentro, representantes de Pluz Energía destacaron la necesidad de ampliar la infraestructura eléctrica para acompañar la industrialización y plantearon la electrificación del transporte de mercancías hacia el Puerto de Chancay. Representantes de COSCO Shipping también exploraron oportunidades logísticas y comerciales con empresas de la región.
La creciente presencia de empresas chinas en sectores estratégicos plantea desafíos que van más allá de la competencia comercial. Esas preocupaciones no se limitan a las compañías estatales: el marco legal también obliga a empresas privadas y otras organizaciones a cooperar con las autoridades en asuntos de seguridad e inteligencia. En sectores como la energía, donde las operaciones dependen de sistemas digitales, comunicaciones y datos, esa relación adquiere especial relevancia.
En el Perú, el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin) y el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) mantienen facultades de supervisión sobre el sector. “Es fundamental estar en alerta sobre el control que empresas chinas ejercen en infraestructura crítica, como la distribución eléctrica, lo que podría comprometer la soberanía energética”, advirtió Yaranga, quien reclamó leyes robustas que protejan los activos estratégicos y eviten monopolios impuestos por Pekín.
Con apenas el 8 por ciento del potencial hidroeléctrico peruano en explotación, el margen para nuevas inversiones es amplio. Fortalecer la supervisión, diversificar las fuentes de inversión y evitar una mayor dependencia de empresas chinas será clave para preservar el control peruano sobre infraestructura esencial para su seguridad y desarrollo.