Las fuerzas de seguridad de Ecuador capturaron el 2 de julio, en Guayaquil, a Francisco Manuel Bermúdez Cagua, alias Churrón, uno de los principales líderes de Los Choneros y requerido por la justicia de los Estados Unidos por narcotráfico y posesión de armas. El Gobierno estadounidense había ofrecido una recompensa de hasta USD 5 millones por información que condujera a su captura o condena.
La detención redujo aún más el núcleo de liderazgo conocido de una organización que ha desestabilizado a Ecuador en los últimos años, pero también puso de relieve un desafío que va más allá de capturar a sus cabecillas: impedir que las redes de financiamiento, transporte, abastecimiento y distribución que sostienen a Los Choneros continúen operando y permitan el surgimiento de nuevos mandos.
Las operaciones desarrolladas posteriormente por Ecuador, con cooperación internacional, muestran una presión que se extiende cada vez más hacia esos componentes. Investigaciones policiales, sanciones financieras y acciones contra redes terrestres y marítimas han apuntado a transportistas, embarcaciones, combustible, dinero y otros recursos que permiten a la organización mantener sus vínculos con el narcotráfico transnacional.
De pandilla provincial a red criminal transnacional
Los Choneros nació en la década de 1990 como una banda local en la provincia costera de Manabí. Tras la detención de sus principales líderes en 2011, se reorganizó, amplió sus alianzas y se transformó en una federación criminal de alcance nacional, informó InSight Crime.
Con los años pasó del sicariato, la extorsión y el robo a ser una de las mayores estructuras del narcotráfico ecuatoriano. Aprovechó la ubicación del país entre Colombia y Perú, dos de los principales productores mundiales de cocaína, y desarrolló redes para almacenar, transportar y enviar cargamentos hacia mercados internacionales.
La organización mantiene vínculos con el Cártel de Sinaloa de México y ha desarrollado una amplia capacidad logística para apoyar el transporte de cocaína. Según Insight Crime, dirigentes de Los Choneros participaron desde años atrás en la organización de rutas marítimas y puntos de reabastecimiento en el Pacífico, una infraestructura destinada a permitir que embarcaciones cargadas con drogas recorrieran mayores distancias.
La estructura original también sufrió importantes fracturas. Tras años de disputas internas y la separación de grupos que anteriormente operaban bajo su órbita, Los Choneros continuó funcionando con redes propias y conexiones transnacionales.
La presión sobre su dirigencia aumentó con la recaptura, en junio de 2025, de José Adolfo Macías Villamar, alias Fito, quien fue extraditado a los EE. UU. al mes siguiente y enfrenta cargos por narcotráfico y tráfico de armas. La posterior captura de Churrón volvió a reducir el número de dirigentes conocidos capaces de coordinar las actividades de la organización.
La presión se extiende más allá de los cabecillas
En septiembre de 2025, el Departamento de Estado de los EE. UU. designó a Los Choneros como organización terrorista extranjera (FTO), ampliando las herramientas disponibles para actuar contra la organización y quienes le prestan apoyo.
En marzo de 2026, fuerzas militares ecuatorianas y estadounidenses lanzaron operaciones contra las organizaciones criminales designadas como FTO en Ecuador. El Comando Sur de los EE. UU. (SOUTHCOM) destacó entonces la cooperación con las fuerzas ecuatorianas frente a estas redes criminales.
“Felicitamos a los hombres y mujeres de las fuerzas armadas ecuatorianas por su compromiso inquebrantable con esta lucha”, dijo el General de Infantería de Marina de los EE. UU. Francis L. Donovan, comandante de SOUTHCOM. “Demuestran valentía y determinación a través de acciones continuas contra los narcoterroristas en su país”.
La presión continuó en agosto con la operación Jericó de la Policía Nacional del Ecuador, dirigida específicamente contra Los Choneros. Tras más de un año de investigación, las autoridades realizaron allanamientos simultáneos como parte de una operación más amplia que también incluyó acciones contra Los Lobos. Jericó permitió detener a presuntos integrantes de una estructura que introducía drogas desde la frontera norte y las trasladaba hacia Guayaquil para su distribución.
Las investigaciones contaron con cooperación de SOUTHCOM y de la Administración para el Control de Drogas (DEA) de los EE. UU., cuyo aporte fortaleció las acciones contra el narcotráfico transnacional, destacó la Policía ecuatoriana.
La operación mostró cómo las investigaciones contra una organización pueden continuar después de la captura de sus principales dirigentes, descendiendo hacia los integrantes encargados de movilizar drogas, coordinar rutas y sostener las actividades de la estructura.
Finanzas, embarcaciones y abastecimiento
Esa presión también se extendió a las redes financieras y marítimas. El 20 de agosto, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los EE. UU. sancionó a 15 objetivos con base en Ecuador e identificó 10 embarcaciones como propiedad bloqueada dentro de una red dedicada al transporte de cocaína.
Según el Tesoro, integrantes de la red mantenían vínculos con Los Choneros y Los Lobos y utilizaban empresas y embarcaciones pesqueras cerca de Manta para facilitar el traslado de cocaína por el Pacífico Oriental. Algunos operadores coordinaban el abastecimiento de combustible de embarcaciones que transportaban droga hacia Centroamérica y México.
La acción financiera fue seguida por una serie de operaciones contra esa infraestructura marítima. Entre finales de agosto e inicios de septiembre, la Fuerza de Tarea Conjunta Hemisferio Occidental (JTF-WHEM), bajo la dirección de SOUTHCOM y en coordinación con el Gobierno de Ecuador, llevó a cabo varias interdicciones contra embarcaciones que, según inteligencia estadounidense, operaban como estaciones flotantes de reabastecimiento en apoyo de Los Choneros en el Pacífico Oriental.
Las fuerzas estadounidenses abordaron y registraron las embarcaciones y retiraron a las personas a bordo antes de hundirlas. SOUTHCOM informó que los tripulantes fueron trasladados de manera segura a las autoridades ecuatorianas.
Las operaciones apuntaron a una función menos visible que el transporte directo de cocaína: la infraestructura que permite a otras embarcaciones permanecer en el mar y recorrer mayores distancias. Combustible, alimentos, comunicaciones y puntos de apoyo pueden extender el alcance de las rutas y reducir la necesidad de que las embarcaciones de narcotráfico regresen a puerto.
“Estamos tomando medidas decisivas para desmantelar y destruir redes logísticas sofisticadas utilizadas por narcoterroristas para traficar drogas y propagar la violencia en todo el hemisferio occidental”, dijo el Gral. Donovan tras la operación del 2 de septiembre. El comandante de SOUTHCOM señaló que la fuerza de tarea busca aplicar “fricción sistémica total” sobre esas redes.
SOUTHCOM vinculó esas acciones también con los objetivos de la Coalición de las Américas contra los Cárteles (ACCC), iniciativa integrada por países de la región para reforzar la cooperación contra las organizaciones criminales transnacionales.
Evitar que la estructura se regenere
El debilitamiento de Los Choneros y de otras organizaciones exige continuidad, y la cooperación con socios estratégicos será determinante para sostener los resultados.
“La cooperación debe orientarse a los acuerdos que incluyan entrenamiento, capacitación, intercambio de inteligencia, equipamiento y transferencia tecnológica”, dijo a Diálogo el analista internacional ecuatoriano Jean Paul Pinto. “Al igual que ocurrió en México, los EE. UU. pueden ser un socio relevante para Ecuador en materia de inteligencia, naves, helicópteros y personal de apoyo a las operaciones”.
La inteligencia compartida adquiere especial importancia cuando la presión deja de concentrarse exclusivamente en los dirigentes y busca identificar a quienes controlan el dinero, coordinan transportes, suministran armas y combustible o mantienen los enlaces necesarios para que una organización continúe funcionando pese a la pérdida de sus líderes.
Las capturas de Fito y Churrón, la operación Jericó, las sanciones contra operadores y embarcaciones y las posteriores acciones contra estaciones flotantes de reabastecimiento muestran distintos niveles de esa estrategia. En conjunto, buscan reducir no solo la capacidad de mando de Los Choneros, sino también los recursos que permiten a la organización reemplazar dirigentes, reconstruir rutas y mantener conexiones con redes de narcotráfico fuera de Ecuador.
La captura de líderes, por sí sola, rara vez elimina toda una estructura criminal. También puede provocar fragmentación y disputas por rutas o territorios mientras otros integrantes intentan ocupar los espacios dejados por los dirigentes detenidos. El desafío para Ecuador consiste en anticipar esa recomposición y mantener la presión sobre las economías ilícitas y las redes logísticas que permiten a estos grupos sobrevivir.
La secuencia de operaciones de 2026 muestra una estrategia cada vez más orientada hacia ese objetivo: convertir la remoción de cabecillas en una disrupción más duradera de la estructura que los sostiene.