Mientras desde mayo se han registrado varias protestas en Cuba contra la crisis energética y los apagones que paralizan al país, varios periodistas independientes han denunciado frecuentes interrupciones de Internet, incluso después del restablecimiento del servicio eléctrico. “El régimen corta las comunicaciones”, escribió en X el periodista Mag Jorge Castro, al denunciar una “interrupción masiva de Internet en La Habana”.
Detrás de estos episodios emerge una cuestión más amplia: la creciente influencia tecnológica de China en Cuba y sus implicaciones para la seguridad regional. La preocupación no se limita a la censura interna ni a la cooperación económica. Expertos advierten que la infraestructura digital, portuaria, logística y energética asociada a empresas chinas está contribuyendo a la construcción de un ecosistema de doble uso: útil para sostener al régimen cubano, ampliar sus capacidades de vigilancia y control social, y ofrecer a China nuevas oportunidades estratégicas, militares y de inteligencia en el Caribe.
“La proximidad de Cuba al sureste de Estados Unidos ofrece una plataforma para la recopilación de Inteligencia de Señales (SIGINT) que es estratégicamente muy valiosa para China”, explica a Diálogo Iria Puyosa, investigadora principal de la Democracy+Tech Initiative del centro de estudios Atlantic Council, con sede en Washington.
Para la población cubana, el riesgo es vivir en un espacio digital cada vez más vigilado y menos libre, donde la supervisión y el control político se refuerzan mutuamente. Para la región, en cambio, crece la preocupación por la expansión de una huella tecnológica china que puede afectar comunicaciones, infraestructura crítica, seguridad marítima, logística y capacidades de inteligencia en el Caribe.
El autoritarismo digital
En los últimos meses, el control autoritario del régimen cubano sobre el espacio digital se ha intensificado aún más, generando preocupación entre opositores y observadores internacionales. La alarma ya había surgido en 2025, cuando jóvenes cubanos salieron a las calles para protestar contra el drástico aumento de las tarifas de Internet móvil impuesto por ETECSA, el monopolio estatal de las telecomunicaciones. Aunque el régimen justificó la medida por razones económicas, expertos interpretaron la medida como un nuevo paso hacia una mayor centralización del control de las comunicaciones.
Según Puyosa, esta evolución está estrechamente vinculada a la creciente presencia tecnológica china en la isla: “ETECSA utiliza tecnologías chinas: Huawei para las redes móviles y los puntos de acceso, y ZTE para el enrutamiento del tráfico de datos a nivel nacional y la gestión de la conexión al cable submarino ALBA-1”.
Desde 2017, el Observatorio Abierto de Interferencias en la Red (OONI), organización que monitorea la censura en Internet a nivel mundial, ha identificado indicios de infraestructura y código vinculados a equipos de Huawei en pruebas de bloqueo de sitios en Cuba. “La censura se realiza mediante el bloqueo de dominios y URL, principalmente de medios independientes y organizaciones de la sociedad civil», afirma Puyosa.
El resultado es una infraestructura que no solo proporciona conectividad, sino que también permite una vigilancia exhaustiva del tráfico de datos mediante sistemas avanzados como la Inspección Profunda de Paquetes (Deep Packet Inspection, DPI), capaz de analizar comunicaciones, identificar patrones de uso y bloquear información en tiempo real. A ello se suman sistemas de recopilación de metadatos, videovigilancia urbana y tecnologías que pueden facilitar el monitoreo de opositores, periodistas y activistas.
La eficacia de este modelo quedó en evidencia durante las históricas protestas del 11 de julio de 2021, cuando el régimen cubano interrumpió selectivamente el acceso a Internet y a las comunicaciones telefónicas en las zonas afectadas por las manifestaciones, impidiendo que los manifestantes se coordinaran y difundieran imágenes de la represión.
Según Puyosa, “Cuba también puede implementar, como viene haciendo desde hace una década, apagones localizados deshabilitando la transmisión de datos en barrios específicos o bloqueando aplicaciones comúnmente utilizadas por los activistas cubanos, como Facebook, WhatsApp, Signal e Instagram”.
Paralelamente, la Universidad de Ciencias Informáticas de La Habana ha desarrollado programas de formación e intercambio en ciberseguridad con instituciones y empresas chinas, contribuyendo a la formación de personal técnico en áreas que pueden tener aplicaciones civiles, de control interno y de seguridad del Estado.
Las bases de inteligencia
Si el control digital representa el aspecto más visible de la cooperación chino-cubana, el más sensible está relacionado con las actividades de inteligencia. Según un estudio del Center for Strategic and International Studies (CSIS), cuatro instalaciones cubanas —Bejucal, Wajay, Calabazar y El Salao— son sospechosas de participar en actividades de inteligencia de señales (SIGINT) vinculadas a China.
Según el informe, “los intereses chinos en Cuba no son solamente políticos o ideológicos, sino también estratégicos y militares”. Estas instalaciones permitirían la recopilación de comunicaciones, señales de radar, transmisiones satelitales y otra información sensible procedente de la cercana Florida, del Caribe y de zonas donde operan fuerzas militares, agencias gubernamentales, empresas aeroespaciales, centros logísticos y redes de infraestructura crítica.
La amenaza no se limita al contenido de las comunicaciones. Incluso cuando los sistemas militares modernos emplean cifrado, los metadatos —frecuencia, origen, dirección, volumen y ritmo de las transmisiones— pueden ofrecer información valiosa sobre ejercicios, movimientos navales, lanzamientos espaciales, pruebas de misiles, operaciones aéreas y patrones de actividad militar o comercial.
En los últimos años, funcionarios estadounidenses también han señalado la presencia de técnicos de Huawei y ZTE en instalaciones sospechosas de estar vinculadas a actividades de inteligencia en Cuba.
Para los especialistas, el riesgo reside precisamente en la convergencia de sistemas civiles y capacidades estratégicas. Las redes de telecomunicaciones, los cables submarinos, los centros de datos, los sistemas de vigilancia y las plataformas de administración digital pueden operar como infraestructura civil, pero también pueden generar datos, acceso y resiliencia para actividades de inteligencia, control interno y apoyo militar.
Los puertos
La proyección china en Cuba también se extiende al sector logístico y portuario, un componente crítico para cualquier estrategia de influencia de largo plazo. Durante la última década, Pekín ha consolidado su presencia en los puertos de Santiago de Cuba y Mariel, dos infraestructuras clave para las conexiones marítimas de la isla.
En Santiago de Cuba, la estatal China Communications Construction Company (CCCC) lideró un amplio programa de modernización financiado mediante préstamos chinos. En Mariel, por su parte, Shanghai Zhenhua Heavy Industries Company (ZPMC) instaló grúas y sistemas de manejo de contenedores, mientras que Huawei contribuyó a las infraestructuras de telecomunicaciones utilizadas para la gestión digital de las operaciones portuarias.
Los expertos destacan el riesgo del doble uso, es decir, la posibilidad de que infraestructuras civiles puedan emplearse también con fines militares, logístico o de inteligencia. En el caso de los puertos, ese riesgo se relaciona con el acceso a datos de carga, rutas marítimas, sistemas aduaneros, comunicaciones portuarias, patrones de tráfico y operaciones vinculadas a infraestructura crítica.
Las preocupaciones aumentan por la presencia de empresas como SF Express, uno de los mayores operadores logísticos de China, que en su país coopera con la Comisión Militar Central y el Ejército Popular de Liberación en actividades logísticas y tecnológicas, incluidas operaciones con drones.
La relevancia estratégica de estos puertos se ve reforzada por el aumento del tráfico marítimo procedente de China. Desde 2024, el puerto de Mariel ha registrado un incremento en la llegada de buques chinos que transportan paneles solares, componentes industriales y materiales destinados a proyectos financiados por Pekín. Paralelamente, también crece Dofimall, una plataforma de comercio electrónico desarrollada en el marco de la cooperación económica entre ambos países, que está creando nuevos canales de integración económica y logística.
Infraestructura crítica y seguridad regional
La expansión china en Cuba debe entenderse como parte de una estrategia más amplia de acceso a infraestructura crítica. Telecomunicaciones, puertos, sistemas energéticos, plataformas de comercio digital, universidades técnicas y centros de ciberseguridad no son sectores aislados. En conjunto, pueden crear dependencias difíciles de revertir y ampliar la capacidad de Pekín para recopilar información, proyectar influencia y apoyar a un aliado autoritario en el Caribe.
Según los expertos, la dependencia tecnológica desarrollada durante los últimos años dificulta reducir rápidamente la influencia de Pekín. “Más allá del fortalecimiento de la ciberseguridad, poco puede hacerse para impedir que China aproveche la infraestructura tecnológica que ha instalado en Cuba”, advierte Puyosa.
A largo plazo, los especialistas señalan algunas posibles respuestas: diversificar los proveedores tecnológicos, realizar auditorías independientes de las infraestructuras críticas, fortalecer la cooperación regional en materia de ciberseguridad, proteger comunicaciones gubernamentales y militares y desarrollar mecanismos comunes de defensa frente a amenazas informáticas y actividades de inteligencia.



