La creciente presencia de China en México está transformando el panorama económico, tecnológico y de seguridad del país, mezclando inversiones legítimas con redes ilícitas y planteando cuestiones urgentes sobre la soberanía y la vulnerabilidad.
La profundización de las relaciones entre China y México es un estudio de contrastes: un auge de la cooperación económica y el intercambio tecnológico, ensombrecido por el surgimiento de redes ilícitas que difuminan las líneas entre los negocios autorizados por el Estado y el crimen transnacional. A medida que la influencia de Pekín se extiende desde las infraestructuras hasta la vigilancia digital, los expertos en seguridad advierten de que la ubicación estratégica de México lo ha convertido en un campo de batalla crucial para las ambiciones chinas, que van mucho más allá del comercio.
Una relación en tres actos
“La relación México-China ha pasado por tres momentos. En los años 90, el vínculo era limitado; en la década de 2010 surgió la cooperación tecnológica y en infraestructura, aunque varios proyectos fracasaron”, explicó a Diálogo Armando Rodríguez Luna, miembro de la consultora mexicana Nzaya, especializada en seguridad, ley y gobernabilidad internacional. “Hoy, el comercio y la tecnología dominan la relación, mientras que la influencia china genera riesgos estratégicos para México”.
El Partido Comunista de China (PCCh), que mantiene control político absoluto y alto nivel de secretismo, dificulta determinar qué antidades empresariales están vinculadas al Partido y cómo se toman las decisiones estratégicas, señaló Rodríguez Luna. “En Latinoamérica, Pekín busca extender su influencia político-militar y México es una zona estratégica por su ubicación”, agregó.
La red económica en expansión
En los últimos años, las empresas chinas, que operan bajo la autoridad última del PCCh, han aumentado su presencia en la infraestructura crítica y los sistemas de vigilancia avanzados de México, según un informe de Americas Quarterly.
Los parques industriales y los proyectos logísticos se han convertido en plataformas para la expansión de la industria manufacturera china y se estima que el número de estas empresas se ha duplicado en los últimos tres años. Esta inversión se concentra en los centros industriales del norte, como Nuevo León y Baja California, impulsada por los principales actores de los sectores automotriz (como BYD), electrónico (Hisense) y de maquinaria pesada (incluido Lingong Machinery Group).
Exta expansión incluye inversiones en la modernización de los sistemas de metro de la Ciudad de México y Monterrey. Además, la dependencia mexicana está creciendo estructuralmente, ya que las aerolíneas nacionales alquilan cada vez más aviones a filiales de China Development Bank Financial Leasing Co.
Un análisis de la empresa de investigación internacional Rhodium Group estima que la inversión directa china en México podría ser seis veces mayor que la reportada oficialmente. Gran parte de este capital se canaliza a través de centros financieros extraterritoriales como Hong Kong, lo que complica la transparencia y la supervisión regulatoria.
El caso de China Communications Construction Company (CCCC) ilustra estos riesgos. La empresa, que fue sancionada por el Banco Mundial entre 2011 y 2017 por prácticas fraudulentas, ganó el contrato para el tramo 1 del Tren Maya (un segmento ya terminado y operativo) como parte de un consorcio. El consorcio estaba liderado por la empresa portuguesa Mota-Engil, cuya participación fue esencial, ya que proporcionó el canal financiero y legal legítimo a través del cual se canalizó el capital.
“La diversificación de China en México busca fortalecer lazos y proteger sus intereses, replicando un modelo aplicado en Perú y, en menor medida, Brasil”, explicó Rodríguez Luna. “Esta expansión le permite aumentar su influencia sobre actores y recursos clave en México”.
La doble cara de la tecnología
La economía digital y los sectores que dependen de la tecnología avanzada también registran una creciente presencia china. Americas Quarterly advierte que empresas vinculadas al aparato tecnológico chino, como Huawei, Dahua y Hikvision, operan en México, proporcionando equipos de vigilancia gubernamental e infraestructura crítica de telecomunicaciones, lo que aumenta los riesgos de vulnerabilidad digital.
Huawei se enfrenta a restricciones internacionales generalizada debido al consenso entre varios gobiernos y expertos en seguridad de todo el mundo sobre las sospechas de espionaje y de impacto en infraestructuras críticas.
La conexión criminal
A medida que crece el comercio entre México y China, también lo hace la participación de actores chinos en actividades ilícitas. Las redes de tráfico de drogas, lavado de dinero y tráfico de vida silvestre están ampliando su presencia dentro del ecosistema criminal mexicano, asegura el centro de investigación estadounidense Brookings Institution.
“Muchas empresas químicas en China producen legalmente precursores, pero parte se desvía hacia el fentanilo clandestino”, señaló Rodríguez Luna. “Estos insumos viajan por rutas marítimas masivas y diversificadas desde puertos chinos, mezclándose con cargas legítimas, lo que dificulta rastrear su origen”.
Para ocultar la trazabilidad, las organizaciones criminales utilizan empresas ficticias, registros en terceros países y banderas de conveniencia entre China y México. A su llegada, los envíos se integran en cadenas logísticas opacas que dificultan la identificación de su origen real. “Las rutas marítimas chinas y la opacidad comercial son el vector clave del tráfico ilícito”, precisó.
Las redes financieras chinas también facilitan el lavado de dinero, fortaleciendo la operación global del narcotráfico mexicano. El fentanilo y sus precursores entran en México ocultos como carga comercial a través de los puertos estratégicos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas, eludiendo los controles aduaneros, publicó Reuters.
“Aunque no hay investigaciones conocidas que vinculen a financieros chinos con lavado de dinero en México, no se puede descartar”, advirtió Rodríguez Luna. “Cuando China retomó Hong Kong, lo más importante era acceder al complejo financiero heredado del imperio británico, clave para su proyección económica global”.
Un ejemplo llamativo de la conexión entre estas redes y el crimen organizado es Zhi Dong Zhang, alias Hermano Wang, ciudadano chino y figura clave en el suministro de precursores al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación. Tras escapar de su arresto domiciliario en la Ciudad de México en julio de 2025, fue recapturado en Cuba en octubre, entregado a México y posteriormente trasladado para su extradición a los Estados Unidos, informó El País.
En septiembre de 2025, una operación coordinada entre los Estados Unidos y Panamá en aguas del Pacífico dio como resultado la incautación de 13 000 barriles de precursores químicos destinados a la producción de metanfetamina. El cargamento, procedente de puertos chinos y dirigido al Cártel de Sinaloa, contenía alcohol bencílico y N-metilformamida, informó Infobae.
Meses antes, en diciembre de 2024, la Armada de México (SEMAR) incautó unas 25 toneladas de precursores en el puerto de Manzanillo, ocultos en un contenedor sin permisos. El hallazgo confirmó el creciente uso de las rutas marítimas chinas para abastecer la producción de drogas sintéticas en México, informó la SEMAR.
La fauna silvestre como moneda de cambio
El comercio de fauna silvestre entre México y China sirve como canal para mover valor y evadir los controles financieros en ambos países. Estas operaciones combinan el tráfico legal e ilegal para facilitar el lavado de dinero y ocultar los flujos ilícitos, señala Brookings.
La vejiga del pez totoaba, muy apreciada en China, ilustra cómo los cárteles mexicanos utilizan especies protegidas y recursos naturales –como madera, pepinos de mar, tiburones, jaguares y reptiles– para pagar precursores químicos chinos y lavar ganancias ilícitas con amplios márgenes, reporta El Economista.
Este intercambio delictivo refuerza los lazos entre las organizaciones asiáticas y mexicanas, al tiempo que acelera la degradación de los ecosistemas únicos de México y lleva a numerosas especies al borde de la extinción, detalla el mismo periódico.
El camino hacia la soberanía
En este contexto, “México necesita desarrollar capacidades propias para proteger su soberanía, infraestructura crítica y vigilancia marítima y aérea, evitando depender de empresas chinas”, señaló Rodríguez Luna. “Mientras construye su tecnología nacional, puede apoyarse en equipos y sistemas extranjeros confiables, como los estadounidenses, para mantener la seguridad y las operaciones estratégicas”,
Además, “necesita combatir con urgencia la corrupción y la impunidad, ya que los políticos vulnerables facilitan la infiltración de actores extranjeros, incluida China”, concluyó Rodríguez Luna.



