Brasil ocupa un lugar cada vez más central en la estrategia de abastecimiento alimentario de China, que recibe alrededor de un tercio de las exportaciones agrícolas del país latinoamericano, en particular soja, maíz y azúcar. Para garantizar su seguridad alimentaria, Pekín está ampliando su control sobre toda la cadena agrícola brasileña, desde la producción de semillas hasta el comercio de maquinaria, pasando por la gestión de las terminales portuarias.
“Es una influencia que puede ser un boomerang para Brasil, que corre el riesgo de concentrar en manos chinas la producción de sus recursos”, explica a Diálogo Adriano Gianturco, coordinador del curso de Relaciones Internacionales de la Universidad IBMEC de Belo Horizonte, en Brasil.
El experto destaca que muchas empresas chinas que operan en el sector agrícola brasileño son de propiedad estatal y siguen las directrices del Partido Comunista de China (PCCh), con riesgos que incluyen decisiones guiadas por intereses políticos y el uso de los recursos brasileños como palanca diplomática o económica, en detrimento de la autonomía y la soberanía nacional de Brasil.
El control de las semillas
Desde 2017, Pekín tiene acceso completo al banco de germoplasma de maíz brasileño, gracias a la adquisición de Dow Sementes por parte del grupo chino Citic Agri Fund Management y su filial Yuan LongPing High-tech Agriculture.
La empresa de comercialización de cereales china Cofco International también entró en el mercado de semillas con la adquisición de Nidera, que ya formaba parte de Noble Agri, controlando azucareras e infraestructuras en el centro-sur de Brasil. En 2018, Cofco vendió Nidera a Syngenta, también controlada por la estatal Sinochem Group
“De este modo, China se garantiza el acceso a recursos genéticos estratégicos, pero es arriesgado para el país, donde la agricultura es una partida fundamental del producto interior bruto”, afirma Gianturco.
Pekín también invierte en ingeniería genética de semillas. DBN Biotech ha anunciado su intención de establecer en Brasil su sede latinoamericana para introducir la “nueva ruta de la soja”. Para 2028, pretende vender a Brasil semillas modificadas genéticamente para obtener soja a precios más bajos, influyendo así en su valor de mercado.
“El riesgo es caer en una dependencia de los proveedores chinos”, afirma Gianturco. El uso de semillas vinculadas a paquetes tecnológicos específicos, como los herbicidas, podría hacer que los terrenos fueran menos aptos para otros cultivos o marcas no chinas, creando de hecho un monopolio de Pekín.
Las inversiones chinas
El Banco Industrial y Comercial de China (ICBC) financia desde 2012 el comercio bilateral en el país, también en el sector agrícola, ayudando en las operaciones de cambio entre el yuan y el real. En 2023 realizó la primera transacción en Brasil en moneda china, sin pasar por el dólar.
En octubre, el Banco de Exportación e Importación de China (CEXIM) y el BNDES anunciaron un fondo de inversión de hasta USD 1000 millones, operativo a partir de 2026, destinado también a proyectos agrícolas en Brasil. Entre los proyectos respaldados por China también figura CITIC Construction, que tiene como objetivo convertir pastos degradados en sistemas agrícolas sostenibles.
Las inversiones también incluyen la agricultura familiar, que a menudo carece de tecnología avanzada. En julio de 2025, la empresa estatal Sinomach Digital Technology Corporation firmó un memorando de entendimiento con el municipio de Maricá, en el estado de Río de Janeiro, y la startup brasileña OZ.Earth, que prevé el suministro de maquinaria inteligente, la construcción de fábricas y el desarrollo de plataformas digitales para la gestión rural en las zonas de reforma agraria.
Un informe reciente de la empresa brasileña Markestrat Group señala el riesgo de un aumento del desequilibrio estructural con China. “Brasil se ha vuelto muy dependiente de las compras chinas”, advierte el estudio, subrayando el impacto que una crisis económica china podría tener en el mercado brasileño.
Las infraestructuras
China está ampliando su presencia en la logística y los puertos para facilitar las exportaciones agroalimentarias hacia Asia. En 2022, Cofco obtuvo la concesión por 25 años de la terminal STS-11 en Santos, invirtiendo USD 285 millones y comprando trenes y vagones para transportar cereales y azúcar hasta el puerto.
La Terminal de Contêineres de Paranaguá, que pasó en 2017 al grupo China Merchants Port, casi ha duplicado su movimiento y hoy integra nuevas rutas marítimas directas con China. CMPort también ha anunciado la compra del 70 por ciento de una terminal en el Puerto de Açu, mientras que algunas empresas chinas han mostrado interés por la terminal de contenedores más grande de Brasil, la Tecon 10 de Santos.
También se han privatizado 686 kilómetros de la BR-364, una de las principales arterias amazónicas, en favor de China. El tramo entre Porto Velho y Vilhena, en el estado de Rondônia, será gestionado durante 30 años por un consorcio liderado por 4UM Investimentos y Opportunity Bank, con una inversión de USD 2100 millones para duplicar y modernizar la carretera. El proyecto forma parte de la estrategia de corredores bioceánicos entre el Atlántico y el Pacífico, para abrir vías comerciales más rápidas hacia China.
Las comunidades indígenas locales se oponen al proyecto por temor a un aumento de la deforestación y la explotación ilegal de los recursos de sus territorios. “Este proyecto tendrá un impacto social y medioambiental, pero no se nos ha consultado como exige la ley. Reivindicamos este derecho”, declaró Gilmar, uno de los líderes de la comunidad indígena de Cinta Larga, al sitio web brasileño de noticias G1.
Según Gianturco, la expansión china en las cadenas de suministro agrícolas es una amenaza no solo para la seguridad alimentaria del país. “El riesgo es también el de un mayor control social”, concluye el experto.


