China sigue inundando sin cesar Latinoamérica con sus vehículos aéreos no tripulados (UAV) comerciales, comúnmente conocidos como drones. En Brasil, el principal mercado de la región, la Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC) ha registrado más de 133 000 aeronaves de este tipo hasta finales de noviembre de 2025. De ellos, más de 113 000 son fabricados por Shenzhen Da Jiang Innovations Science and Technology (DJI), seguida de Xiaomi Corporation.
“Su abundancia en el mercado, su bajo costo, su facilidad de uso y la posibilidad de convertirlos en armas hacen que estos drones sean peligrosos”, explica a Diálogo Robert J. Bunker, director de Investigación y Análisis de C/O Future e investigador de la Iniciativa de Seguridad Futura de la Universidad Estatal de Arizona.
Las funciones de vuelo cada vez más automatizadas han simplificado significativamente el pilotaje de estos drones, lo que ha favorecido su vertiginosa difusión en la región.
“Son básicamente ordenadores voladores. Aunque a veces se consideran juguetes, estos sistemas pueden ser en realidad más avanzados que algunas armas militares tradicionales”, dice Bunker.
Los riesgos del espionaje
Las enormes inversiones tecnológicas del Gobierno chino en el sector de los drones civiles, junto con las lagunas legislativas de varios países de Latinoamérica, favorecen el doble uso de estas herramientas, especialmente para las actividades de espionaje.
«El Partido Comunista Chino (PCCh) tiene funcionarios políticos en contacto tanto con DJI como con otros importantes fabricantes chinos de drones para uso doméstico. Estos sistemas tienen puertas traseras especiales en su software a través de las cuales el PCCh puede extraer información”, afirma Bunker.
EN 2024, la posibilidad de una vigilancia a nivel estatal saltó a la luz cuando se detectaron drones espías chinos en México, lo que aumentó la alerta en toda la región. Además, la presencia de instalaciones militares y de inteligencia chinas en Cuba podría, según los expertos, facilitar el uso de drones para operaciones de espionaje en toda la región.
“Los drones pueden transportar prácticamente cualquier cosa dentro de los límites de su peso y sus restricciones aerodinámicas, por lo que pueden transportar paquetes cibernéticos para robar datos y espiar ordenadores e instalaciones de datos seguras”, explica Bunker.
Según el experto, un dron de tamaño reducido puede aterrizar en un tejado o adherirse a la fachada de un edificio y esperar a que se encienda un ordenador para intentar interceptar sus comunicaciones.
Este riesgo se ve amplificado por la tecnología de última generación, como demuestra el minúsculo dron espía chino del tamaño de un mosquito, recientemente mostrado por la televisión estatal china. Está equipado con inteligencia artificial y es difícil de detectar con los sistemas de radar convencionales.
Los riesgos para la agricultura y la seguridad alimentaria
En Brasil, la Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC) ha autorizado hasta ahora 16 modelos de drones para uso agrícola, siete de los cuales son fabricados por empresas chinas, que adoptan una estrategia integrada. Al igual que en el resto de Latinoamérica, no solo ofrecen el dron, sino también capacitación completa, reparación y servicios continuos.
El principal riesgo es que los agricultores de la región se vuelvan tecnológicamente dependientes de Pekín, con posibles consecuencias para la seguridad alimentaria mundial a medio y largo plazo.
La recopilación masiva de datos agronómicos y geoespaciales sobre cultivos, suelos, infraestructuras e incluso vulnerabilidades climáticas del territorio permite a las empresas chinas desarrollar productos altamente específicos, como fertilizantes, pesticidas y semillas modificadas genéticamente resistentes a la sequía y a condiciones extremas, capaces de crear un ecosistema agrícola monopolístico. No es casualidad que recientemente el fabricante de drones chino XAG, especializado en agricultura inteligente, haya firmado un acuerdo con la empresa de semillas Syngenta de la estatal china Sinochem, dedicada a la producción y comercio de productos químicos y fertilizantes.
Como observan los investigadores Claris Diaz y Emilian Kavalski en un reporte para War on the Rocks, de esta manera “China puede controlar los precios, imponer restricciones a la exportación y aplicar aranceles comerciales a los productos que influyen en el crecimiento de los cultivos”.
En zonas especialmente sensibles, como la Amazonia, el uso de estos drones abre además la puerta a riesgos adicionales, desde la biopiratería hasta la minería ilegal y nuevas formas de deforestación asistida por tecnologías avanzadas.
El peligro para las infraestructuras
Los drones fabricados en China representan un factor de riesgo potencial cada vez mayor también para los ataques a las infraestructuras de la región. Pekín podría activarlos a distancia cómo palanca estratégica o en caso de conflicto real. El hecho de que empresas chinas como Shenzhen ZD TECH estén vendiendo sistemas antidrones en la región le garantiza una ventaja adicional.
Cuando drones chinos son utilizados por otros actores, Pekín sin embargo puede sacar partido del debilitamiento de los países afectados, ofreciéndose como proveedor de soluciones tecnológicas.
En septiembre de 2024, en Ecuador, un dron cargado con 18 kilogramos de explosivos fue lanzado contra la prisión de La Roca, cerca de Guayaquil, en un intento fallido de facilitar una fuga masiva. El violento episodio aumentó el consenso público sobre la necesidad de construir megacárceles de máxima seguridad, proyectos que posteriormente están llevando a cabo empresas chinas como Puentes y Calzadas Infraestructuras SL, filial de la empresa estatal China Road and Bridge Corporation (CRBC).
También grandes eventos y cumbres internacionales han sido blanco de drones chinos con intenciones desestabilizadoras. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) celebrada en Belém, Brasil, la policía federal interceptó 184 intentos de vuelos ilegales. Del mismo modo, durante la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) celebrada en Lima en noviembre de 2024, las autoridades peruanas, neutralizaron 35 amenazas potenciales con drones.
“Es posible colocar explosivos en los drones, lanzarlos desde ellos, provocar incendios intencionados, espiar instalaciones, infiltrarse en ordenadores y redes, robar objetos mediante garras mecánicas”, advierte Bunker.
El experto también destaca la creciente posibilidad de que los drones civiles se utilicen en enjambres, una modalidad que aumenta drásticamente su eficacia ofensiva. Además, la integración cada vez más profunda de la inteligencia artificial los está convirtiendo en armas “lanzar y olvidar», capaces de identificar autónomamente el objetivo una vez activadas.
El uso por parte del crimen organizado
La adopción masiva de drones de fabricación china por parte de los grupos criminales latinoamericanos está transformando profundamente el panorama de la seguridad regional. La difusión de estos dispositivos, económicos, potentes y fácilmente modificables, está ofreciendo a los cárteles y guerrillas capacidades operativas que antes pertenecían exclusivamente a los actores estatales.
Siguiendo el ejemplo de los cárteles mexicanos, pioneros en el uso de drones civiles chinos para el reconocimiento y el transporte de drogas y explosivos, numerosas organizaciones criminales de la región han incorporado estas herramientas a su arsenal.
“Los grupos criminales y terroristas pasan por ciclos de uso de drones armados, primero experimentales y luego institucionalizados, a medida que aprenden a integrarlos en su estructura de fuerza y en sus operaciones tácticas”, observa Bunker. Según el experto, se ha pasado de los drones desechables a modelos civiles readaptados en versiones de fibra óptica, difíciles de interceptar y capaces de golpear con “precisión quirúrgica”.
En agosto de 2025, en el departamento de Antioquia, Colombia, disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) derribaron un helicóptero Black Hawk de la Policía Nacional utilizando un pequeño dron cargado de explosivos, matando a 12 agentes. Solo en 2024, se han registrado 115 ataques con drones en el país.
En Río de Janeiro, Brasil, miembros del Comando Vermelho utilizaron drones DJI Mavic para lanzar granadas y explosivos contra las fuerzas policiales. En otros casos, los drones se han utilizado para vigilar a jueces, introducir teléfonos en prisiones, llevar a cabo atracos con explosivos contra bancos e intentar fugas, como el plan frustrado de Marcos Willians Herbas Camacho, conocido como Marcola, líder del Primer Comando de la Capital (PCC).
La flota aérea de drones chinos está transformando el cielo latinoamericano en un nuevo escenario de guerra asimétrica, del que Pekín puede obtener ventajas geopolíticas, militares y comerciales, en detrimento de la seguridad de toda la región.


