El interés de China en sectores extremos como el espacio está en expansión. En enero de 2025, Pekín anunció planes para construir una planta de energía solar de un kilómetro de ancho en órbita geoestacionaria sobre la Tierra, para producir la llamada energía solar basada en el espacio (SBSP), utilizando satélites solares.
En este sentido, Latinoamérica es cada vez más estratégica para las ambiciones espaciales del presidente Xi Jinping.
“Debido a su geografía y a la creciente presencia de infraestructura espacial china, la región ofrece ubicaciones ideales para el seguimiento de satélites y la observación del espacio profundo, complementando la red global de estaciones terrestres de China”, explica a Diálogo Matthew P. Funaiole, investigador principal del proyecto sobre el poder de China para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).

El observatorio Cerro Ventarrones
En el desierto chileno de Atacama ha comenzado la construcción del Parque Astronómico Ventarrones, en la región de Antofagasta. El proyecto está gestionado por la Universidad Católica del Norte junto con el Observatorio Astronómico Nacional de China (NAOC) de la Academia de Ciencias de China (CAS). La inversión inicial de Pekín es de USD 81 millones y contempla la construcción de un centenar de telescopios.
“Dada la importancia de la región para el seguimiento mundial por satélite y la recopilación de datos de inteligencia, cualquier instalación científica a gran escala dirigida por una potencia extranjera, especialmente una como China, que busca activamente fusionar su desarrollo económico, militar y científico, naturalmente pone a todos en alerta”, afirma Funaiole.
El desierto de Atacama es uno de los mejores lugares del mundo para la observación astronómica, gracias a la baja contaminación lumínica y al escaso vapor de agua en el aire. Cerro Ventarrones representa, por tanto, un observatorio privilegiado para Pekín.
“Los observatorios avanzados recogen enormes cantidades de información sobre los objetos en órbita, incluidos los satélites. La instalación podría utilizarse para rastrear satélites con fines no sólo científicos”, dice Funaiole.
El nuevo observatorio de Cerro Ventarrones se encuentra ubicado de forma estratégica. Está a solo 60 kilómetros de Cerro Armazones, donde se está construyendo actualmente el Telescopio Extremadamente Grande (ELT), cuya finalización está prevista para 2028. Será el telescopio más grande del mundo. Detrás de este proyecto está el Observatorio Europeo Austral (ESO en inglés), una organización intergubernamental de ciencia y tecnología que reúne a los principales países europeos.
La ciudad de Antofagasta, donde se construye el nuevo centro astronómico, es estratégica para la minería del cobalto, el litio o el hierro, en la que China ya está presente. Está prevista para este año la inauguración por parte de la empresa china Tsingshan Holding Group de una fábrica de baterías de litio con una inversión anunciada de USD 233 millones. Se construirá en Mejillones, a 65 kilómetros al norte de Antofagasta.
Las estaciones terrestres de China
Las estaciones terrestres de Pekín en Latinoamérica, como Cerro Ventarrones, son una pieza clave del programa espacial chino, pero plantean riesgos para sus países anfitriones.
“Las estaciones terrestres pueden actuar como repetidoras de las comunicaciones por satélite, pero también pueden utilizarse para interceptar señales o recabar información sobre operaciones espaciales extranjeras. En algunos casos, podrían aprovecharse para rastrear satélites o comunicaciones militares”, afirma Funaiole.
En Chile, Pekín ya ha construido instalaciones espaciales en la estación Santiago antes de que fuera vendida a la Corporación Espacial Sueca en 2008. En 2019, las actividades de China en la estación suscitaron dudas después de que la Agencia Sueca de Investigación de Defensa descubrió que el acceso de China a las antenas de otra estación terrestre podría ser utilizado para la recopilación y vigilancia de inteligencia militar.

En Neuquén, en Argentina, la estación Espacio Lejano entró en funcionamiento en 2016. Está a cargo del Control General de Seguimiento y Lanzamiento de Satélites de China, que depende de la Fuerza de Apoyo Estratégico del Ejército Popular de Liberación (PLASSF), la fuerza de guerra espacial, cibernética y electrónica del PLA.
En un reciente documental titulado Luna Roja: Estación china en Argentina, Pedro Isern, director ejecutivo en el Centro para el Estudio de las Sociedades Abiertas (CESCOS) con sede en Montevideo (Uruguay), refiriéndose a la estación Espacio Lejano, dice que “supuestamente tiene solo una dimensión civil y por eso no podría tener un carácter dual. Es obviamente falso. Sí, se puede estudiar el espacio lejano con determinada tecnología, pero esa misma tecnología sirve para estudiar el espacio cercano, para interceptar información”.
Según un estudio del think tank Brookings Institution, esta tecnología también puede utilizarse para guiar misiles supersónicos, lo que supondría una amenaza para todo el hemisferio, sobre todo teniendo en cuenta que el acuerdo firmado por Argentina estipula que Pekín operará la estación durante 50 años.
“Muchas de estas estaciones operan bajo acuerdos a largo plazo que otorgan a China un control significativo. Esto plantea interrogantes sobre la posibilidad de supervisión por parte de los gobiernos locales”, señala Funaiole.
Recientemente, China también ha mostrado interés en cooperar con el observatorio astronómico de Niterói (Brasil), mientras que ha firmado acuerdos de cooperación espacial con la Agencia Bolivariana para Actividades Espaciales (ABAE) de Venezuela. En julio del 2023, la ABAE suscribió una declaración conjunta con Pekín para participar en la Estación Internacional de Investigación Lunar (EIIL), prevista para el 2030.
Durante el régimen de Hugo Chávez, la empresa estatal China Great Wall Industry Corporation (CGWIC) construyó la Estación Terrena de Control Satelital de El Sombrero en el estado venezolano de Guárico, que permite la comunicación, el seguimiento y el control de los satélites venezolanos.CGWIC es una filial de China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC), un importante contratista estatal de defensa que fabrica lanzadores espaciales, sistemas de misiles y otros equipos.
“Los países que integren la tecnología espacial china en sus infraestructuras críticas podrían encontrarse en una situación de dependencia a largo plazo con Pekín”, afirma Funaiole.
Para el experto, además, “algunas de las tecnologías proporcionadas por el CGWIC tienen aplicaciones de doble uso. Aunque sirven de apoyo a proyectos científicos y comerciales, también podrían utilizarse para operaciones de vigilancia o recopilación de información”.



