El terremoto que sacudió el norte de Venezuela el 24 de junio activó una amplia movilización de capacidades hemisféricas de asistencia humanitaria y respuesta ante desastres (HADR), con equipos de búsqueda y rescate urbano, personal médico, aeronaves, unidades caninas, suministros de emergencia, telecomunicaciones y apoyo logístico desplegados desde distintos países de las Américas.
Más que una suma de ayudas bilaterales, la operación mostró cómo la preparación previa, los estándares compartidos y la coordinación civil-militar permiten integrar capacidades especializadas cuando una emergencia supera la capacidad de respuesta de un solo país.
“Un sismo de magnitud superior a cinco ya puede requerir apoyo internacional. Cuando alcanza una magnitud de 7,5, como ocurrió en Venezuela, la movilización de la cooperación internacional deja de ser una opción y se convierte en una necesidad inmediata para salvar vidas durante las primeras horas críticas”, dijo a Diálogo Luis Carlos Villegas, exministro de Defensa de Colombia y expresidente del Consejo Directivo del Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (FOREC), entidad creada para coordinar la reconstrucción de la principal región cafetera de Colombia tras el terremoto de 1999.
Búsqueda y rescate urbano
Una de las primeras capacidades movilizadas fue la búsqueda y rescate urbano (USAR), esencial cuando hay estructuras colapsadas y personas atrapadas bajo los escombros. En ese ámbito, varios países de la región desplegaron equipos especializados para reforzar las labores de los rescatistas venezolanos.
Colombia envió a Venezuela el equipo USAR COL-1, conformado por 63 especialistas, cuatro caninos entrenados y cerca de 12 toneladas de equipos técnicos. La misión, coordinada por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), integró capacidades de distintas instituciones colombianas preparadas para operar bajo estándares internacionales en escenarios urbanos complejos.
Ecuador desplegó 46 especialistas del equipo USAR ECU-01 del Cuerpo de Bomberos de Quito, dos canes de búsqueda y 6 toneladas de equipos de emergencia. Panamá activó una misión humanitaria de búsqueda y rescate para apoyar a Venezuela. República Dominicana, por su parte, envió unidades especializadas de sus Fuerzas Armadas como parte de la Operación Quisqueya Solidaria 2026.
México también aportó capacidades de rescate. Además de la movilización de personal militar especializado, equipos caninos y aeronaves, integrantes de la Brigada Internacional de Rescate Topos Azteca —con amplia experiencia en terremotos dentro y fuera de la región— se trasladaron a Venezuela para apoyar las labores en las zonas más afectadas.
La coordinación de equipos procedentes de distintos países requiere más que voluntad de ayudar. Muchos de estos grupos trabajan bajo metodologías y estándares de la Red Internacional de Equipos de Búsqueda y Rescate Urbano (INSARAG), impulsada por las Naciones Unidas, que permite organizar sectores de trabajo, procedimientos de seguridad, comunicaciones, evaluación estructural y atención médica en operaciones de colapso urbano.
“Cuando todos trabajan con los mismos protocolos, la operación es mucho más eficiente. Cada equipo sabe qué hacer, dónde operar y cómo coordinarse con los demás”, dijo a Diálogo el Capitán Luis Bernardo Moreno Llano, comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Envigado, Colombia, cuyos rescatistas integran USAR COL-1.
Esa interoperabilidad se reflejó en rescates coordinados sobre el terreno. En La Guaira, rescatistas colombianos participaron junto con autoridades venezolanas y otros equipos internacionales en la extracción con vida de Moisés, un niño de 11 años que permaneció aproximadamente 72 horas atrapado bajo los escombros. Días después, equipos de Chile, Costa Rica, El Salvador y Estados Unidos participaron en el rescate de Hernán Gil, un trabajador que fue hallado con vida tras permanecer más de una semana bajo los escombros.
Capacidades médicas y apoyo humanitario
La respuesta hemisférica también incluyó capacidades médicas, insumos básicos y apoyo para atender a comunidades que habían perdido vivienda, acceso a servicios o atención sanitaria.
El Salvador desplegó 300 rescatistas y paramédicos, junto con 50 toneladas de equipo, medicamentos e insumos de primera necesidad. La misión constituyó una de las mayores contribuciones operativas realizadas por un país centroamericano durante la respuesta inicial a la emergencia.
Brasil movilizó una misión humanitaria con bomberos militares, personal de la Defensa Civil Nacional, especialistas de la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel), perros de búsqueda y una aeronave KC-390 para apoyar el transporte. La operación también incluyó un hospital de campaña, medicamentos, purificadores de agua y otros insumos esenciales. La incorporación de especialistas en telecomunicaciones reforzó una capacidad esencial para coordinar operaciones de rescate, atención médica y distribución de ayuda en zonas donde las comunicaciones resultaron afectadas.
Desde Panamá, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja movilizó suministros desde su centro logístico regional, incluidos artículos de higiene, kits de cocina, mosquiteros y otros insumos esenciales. Esa función logística regional permitió complementar la respuesta de los equipos desplegados sobre el terreno y apoyar a comunidades desplazadas o sin acceso inmediato a servicios básicos.
Movilidad estratégica
En los grandes desastres, uno de los principales desafíos consiste en transformar la llegada de ayuda internacional en asistencia efectiva sobre el terreno. La movilización de personal, equipos y suministros depende de una compleja red logística que debe seguir funcionando aun cuando la infraestructura crítica ha resultado afectada.
“En una emergencia de gran escala, las primeras dificultades suelen ser logísticas: aeropuertos saturados, carreteras bloqueadas, puertos dañados y comunicaciones interrumpidas. Sin resolver esos cuellos de botella, incluso los equipos de rescate mejor preparados pueden quedar inmovilizados”, dijo Villegas.
En ese contexto, Estados Unidos aportó capacidades de transporte, logística, búsqueda y rescate, coordinación y apoyo operativo. Liderada por el Departamento de Estado, el Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM) movilizó personal, aeronaves, equipos de rescate y capacidades de evaluación de daños para facilitar el flujo de asistencia.
Más de 900 efectivos estadounidenses fueron desplegados dentro de Venezuela y otros 800 se posicionaron en Puerto Rico y Curazao para apoyar la operación regional. Según el General del Cuerpo de Infantería de Marina de los EE. UU. Francis Donovan, comandante de SOUTHCOM, las fuerzas estadounidenses apoyaron las operaciones de búsqueda y rescate, ayudaron a restablecer la operación del aeropuerto y continúan proporcionando capacidades logísticas y de transporte para facilitar el flujo de ayuda humanitaria hacia las zonas afectadas.
La logística también incluyó evaluación de daños e información operacional. De acuerdo con el Gral. Donovan, aeronaves no tripuladas MQ-9 y una célula de fusión en Miami apoyaron la identificación de edificios afectados y rutas transitables, información que permitió orientar el movimiento de equipos y suministros.
“Los ejércitos no sustituyen a las agencias humanitarias; aportan capacidades de movilidad estratégica, ingeniería, comunicaciones y logística que pocas organizaciones civiles pueden ofrecer durante las primeras horas de una emergencia”, señaló Villegas.
Preparación antes de la emergencia
La respuesta al terremoto en Venezuela mostró que las capacidades HADR no se improvisan. Equipos USAR certificados, unidades caninas, hospitales de campaña, aeronaves de transporte, especialistas en telecomunicaciones, ingenieros, personal médico y centros logísticos regionales son el resultado de años de preparación, entrenamiento conjunto y coordinación interinstitucional.
Para Moreno, esa preparación previa es decisiva. “Esa rapidez solo es posible cuando los países cuentan con equipos entrenados, procedimientos previamente establecidos y capacidad permanente de alistamiento”, explicó.
En el hemisferio, los desastres naturales no son solo emergencias humanitarias. También ponen a prueba la resiliencia institucional, la capacidad logística y la coordinación entre fuerzas armadas, organismos de protección civil, cuerpos de bomberos, autoridades sanitarias y organizaciones humanitarias.
“América Latina, Estados Unidos, Canadá y Europa mantienen una enorme disposición para ayudar cuando ocurre una tragedia de estas dimensiones. Hoy la capacidad para movilizar asistencia internacional es incluso mayor que hace dos décadas. La solidaridad internacional sigue estando ahí”, afirmó Villegas.
La respuesta al terremoto en Venezuela mostró que la capacidad de un país para enfrentar un desastre de gran magnitud depende no solo de sus propios recursos, sino también de la rapidez con la que puede integrarse a una red regional de capacidades especializadas. Equipos USAR certificados, movilidad estratégica, hospitales de campaña, sistemas de telecomunicaciones y mecanismos de coordinación previamente establecidos permitieron que la asistencia llegara con mayor rapidez y eficacia durante las primeras etapas de la emergencia.
La respuesta puso de relieve el valor de años de entrenamiento conjunto, interoperabilidad y relaciones institucionales desarrolladas antes de que ocurra un desastre. Cuando una emergencia supera las capacidades nacionales, esas alianzas permiten integrar recursos especializados con mayor rapidez, coordinar las operaciones con mayor eficacia y salvar vidas durante las horas más críticas.



