La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) vinculada a las flotas de aguas lejanas chinas, colapsó los recursos marinos de África Occidental, especialmente de Senegal, generando pérdida de sustento, inseguridad alimentaria y desplazamientos masivos. El alarmante patrón advierte sobre un escenario similar en Sudamérica, que podría poner en riesgo la estabilidad económica y la seguridad regional.
En Senegal, donde la pesca es vital para la alimentación y la economía local, flotas industriales extranjeras, principalmente chinas, explotan gran parte de los recursos marinos mediante acuerdos opacos con empresas locales. Esta práctica restringe gravemente el acceso de las comunidades pesqueras tradicionales. Actualmente, el 57 por ciento de las poblaciones de peces de Senegal se encuentran colapsadas, según un informe de la ONG Environmental Justice Foundation (EJF) de Reino Unidos.
Ante la falta de alternativas de subsistencia miles de personas migran. En 2024, más de 63 000 senegaleses arribaron a España por rutas irregulares, principalmente a las Islas Canarias, donde la afluencia aumentó un 200 por ciento respecto a 2022, detalla EJF.
Esta crisis forma parte de un problema mundial más amplio: según InSight Crime, la pesca INDNR genera ingresos globales anuales de hasta USD 36 000 millones. Esta actividad también amenaza áreas marinas protegidas en la región, como Yuruparí-Malpelo en Colombia y la Reserva Marina Galápagos en Ecuador, que continúan reportando incursiones ilegales de flotas de China.
Amenazas en Sudamérica
El caso senegalés presagia dinámicas similares en Sudamérica. La flota pesquera de aguas lejanas de China, que cuenta con unos 17 000 barcos, es la más grande del mundo y está ampliamente identificada como la mayor infractora mundial de la pesca INDNR. En aguas sudamericanas, esta enorme flota se enfoca en la captura del calamar gigante, especie clave para los ecosistemas marinos y la economía pesquera local. Los medios locales han documentado la captura de especies protegidas como el tiburón martillo; así como decomisos de productos ilegales incluidas aletas de tiburón y caballitos de mar.
Además de prácticas INDNR, con frecuencia son denunciados delitos como trabajo forzado, esclavitud, trata de personas y tráfico ilegal a bordo. Su presencia constante en aguas sudamericanas ejerce presión sobre los ecosistemas costeros y desafía la capacidad de fiscalización de los Estados ribereños.
“China ha consolidado su presencia en la región mediante acuerdos con autoridades locales, como sucede en Senegal, aprovechando la debilidad institucional y la falta de control en zonas costeras”, dijo a Diálogo Milko Schvartzman, experto argentino en conservación marina y pesca INDNR. “Al no poder cumplir con las normativas nacionales, las empresas de China recurren a instituciones pequeñas, incapaces de fiscalizar los convenios firmados”.
Argentina y los retos regionales
“Lo que sucede en África ya ocurre en Sudamérica”, señaló Schvartzman. En Argentina, empresas de China abren filiales y adquieren compañías locales. Desde hace algunos años, comenzaron a inscribir embarcaciones construidas en China para operar bajo bandera argentina, muchas incluso en aguas internacionales.
Se estima que entre el 15 y 20 por ciento de la flota pesquera argentina pertenece a capitales de China. “En el caso del calamar, una de las principales especies, más de las 80 embarcaciones registradas están bajo su control, incluyendo al menos una empresa estatal: la Corporación Nacional de Pesca de China (CNFC), propiedad del Partido Comunista de China”, abundó Schvartzman.
Asimismo, alertó que “muchas de estas empresas replican prácticas INDNR y tienen interés por expandir este modelo a países como Ecuador”.
Respuesta regional
En junio, poco después de que Pekín se adhiriera al Acuerdo sobre Medidas del Estado Rector del Puerto (AMERP), de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para combatir la INDNR, Argentina detectó numerosos barcos de China operando en el límite de su Zona Económica Exclusiva (ZEE), lo que motivó un aumento de patrullajes navales, indicó el sitio uruguayo Visión Marítima.
Schvartzman advirtió que “Sudamérica podría repetir el escenario africano si no se actúa con firmeza”. Además, señaló que “en la región existe resistencia al ingreso de empresas pesqueras y portuarias de China, debido a antecedentes de pesca ilegal y violaciones de las normas internacionales”.
El especialista destacó el historial de prácticas INDNR, tráfico de especies protegidas y abusos laborales, que justifican una cautelosa evaluación de cualquier propuesta de cooperación. “China viola acuerdos internacionales de pesca, navegación y derechos humanos”, subrayó.
En Ecuador, un operativo en Manta, en abril, llevó a la detención de dos personas y al decomiso de al menos 15 toneladas de aletas de tiburón y caballitos de mar, con destino a mercados de China, evidenciando la magnitud del tráfico pesquero ilegal en la región, reportó el diario El Mercurio Manta.
Perú respondió a la amenaza de la pesca ilegal con un decreto emitido en septiembre de 2024 para proteger el calamar gigante, que restringe el ingreso de embarcaciones extranjeras sin sistemas satelitales autorizados. Tras su implementación, la presencia de buques de China disminuyó considerablemente, aunque muchos se desplazaron a puertos chilenos.
Desafíos en Chile
En abril de 2025, autoridades chilenas identificaron al menos cinco embarcaciones de China esperando ingresar a un astillero en Talcahuano, entre ellas el Fu Yuan Yu 7872, sancionado por los Estados Unidos en 2017 por transbordo ilegal de tiburones y denuncias de trabajo forzado.
Días después, el Hua Ying 819, sancionado en 2019 por Perú y Chile por INDNR y desinformación, cambió rumbo desde Ecuador y se posicionó frente a la ciudad portuaria Iquique, aguardando autorización para ingresar.
Schvartzman advirtió que “los pescadores chilenos y sudamericanos compiten en desventaja frente a la flota de China, que opera con subsidios y sin cumplir regulaciones. Mientras las embarcaciones locales enfrentan normas estrictas, la flota extranjera no siempre declara sus capturas ni respeta las reglas”.
El aumento de buques de China cerca de la ZEE chilena dificulta su control. “Es más sencillo vigilar el ingreso que prevenir la pesca INDNR dentro de las aguas jurisdiccionales”, señaló Schvartzman, quien no descartó la existencia de pesca INDNR dentro de la ZEE.
Además, varias embarcaciones bajo banderas de conveniencia –como Vanuatu y Camerún– operan en el Atlántico Sur y el Pacífico, evadiendo los controles al apagar sus sistemas AIS y dedicándose a actividades irregulares.
Vigilancia regional y cooperación estratégica
Reconociendo la creciente amenaza, los Estados Unidos han intensificado considerablemente su apoyo a Latinoamérica en la lucha contra la pesca INDNR. Además de colaborar con Colombia, Ecuador y Perú, ha extendido su asistencia a Panamá y Argentina mediante evaluaciones de capacidades de monitoreo, control y vigilancia (MCS), así como a través de operaciones conjuntas como la Operación Cruz del Sur.
En Panamá, el apoyo de los EE. UU. ha reforzado los mecanismos portuarios y aduaneros, fomentando el intercambio de inteligencia con el Servicio Nacional Aeronaval (SENAN) y la Autoridad Marítima, dentro de la estrategia del Grupo de Trabajo Interinstitucional de los EE. UU. contra la pesca INDNR, una iniciativa de colaboración para reforzar la seguridad marítima a nivel mundial. Panamá, Ecuador y Senegal, fueron identificados como países prioritarios dentro de su plan quinquenal, para hacer frente a la pesca INDNR y los abusos laborales asociados.
Colombia, Ecuador y Panamá también habilitaron el sistema SeaVision, para mejorar el seguimiento satelital de buques sospechosos. El Comando Sur de los EE. UU. (SOUTHCOM), en alianza con la Universidad Internacional de Florida y la ONG Global Fishing Watch, promueven activamente la sensibilización, detección y prevención de la pesca INDNR en el Pacífico oriental.
Chile y Argentina participan en esta estrategia regional con la implementación del AMERP y ejercicios navales bilaterales, para reforzar sus capacidades frente a la presencia de flotas extranjeras en sus ZEE.
Prevención de colapso
A diferencia de África, donde ya se evidencia un colapso de especies marinas, en Sudamérica aún es posible evitar este escenario. Schvartzman enfatizó la urgencia de proteger ecosistemas, ratificar acuerdos internacionales y avanzar en mecanismos regionales de monitoreo en aguas internacionales del Atlántico Sur, donde la falta de regulación favorece el descontrol pesquero y amenaza la sostenibilidad.
“Aunque aún no se observa una crisis migratoria similar a la africana, el impacto económico en las zonas costeras, especialmente en Ecuador, Perú y Chile, podría ser grave si se debilita la gobernanza y no se refuerzan los controles frente al avance de la flota china,” concluyó el especialista. “El riesgo se agudiza ante el posible colapso de especies clave”.