La expansión de redes criminales como el Tren de Aragua, originarias de Venezuela y posiblemente aliadas con facciones locales, puede intensificar la violencia, corroer las instituciones y amenazar la estabilidad regional, lo que exige una estrategia integrada de represión y cooperación internacional.
Introducción
El narcotráfico transnacional representa una de las mayores amenazas para el orden público y la integridad territorial en la América Latina contemporánea. En el contexto bilateral entre Brasil y Venezuela, las organizaciones criminales transnacionales (OCT) venezolanas, en particular el Tren de Aragua y el Cartel de los Sóis, emergen como vectores potenciales de esta dinámica, explotando la porosidad fronteriza para el flujo de cocaína, armas y migrantes vulnerables. Estas redes no solo perpetúan los ciclos de violencia, sino que también fomentan posibles alianzas con grupos brasileños, como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Rojo (CV), ampliando su alcance más allá de la frontera amazónica.
La tesis central de este artículo es que los impactos negativos de estas OCT, incluyendo la expansión de las pandillas a casi la mitad de los municipios de la Amazonía, la contaminación de las rutas migratorias con tráfico de personas y armas y la erosión de la autoridad estatal en los municipios fronterizos, requieren una respuesta estratégica multifacética que abarque el intercambio de inteligencia, sanciones internacionales e inversiones en desarrollo socioeconómico en las zonas afectadas. Sin este enfoque, Brasil corre el riesgo de consolidar enclaves criminales que comprometen su soberanía y la cohesión regional.
Evolución del fenómeno: de las pandillas carcelarias a las sofisticadas redes transnacionales
El narcotráfico en la frontera entre Brasil y Venezuela no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una rápida evolución impulsada por la crisis institucional venezolana. Originario de la década de 2010, el Tren de Aragua surgió como una megabanda carcelaria en la prisión de Tocorón, controlando territorios enteros bajo el liderazgo de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias Niño Guerrero. Inicialmente centrado en la extorsión y el tráfico local, el grupo se expandió a través de la migración masiva —casi 7,9 millones de venezolanos huyeron hasta mediados de 2025, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)—, convirtiéndose en una OCT polivalente con operaciones en múltiples países.
Esta transformación se volvió más compleja con la integración al narcotráfico internacional. Los informes de InSight Crime destacan que el Tren de Aragua, aunque no es el principal exportador de cocaína, actúa como facilitador logístico, controlando rutas en la frontera amazónica y posiblemente vinculado al Cartel de los Soles, que supuestamente involucra a militares venezolanos. En Brasil, la presencia de estas OCT es esporádica, con células en Roraima y Amazonas, que explotan la frontera de 2200 kilómetros para el tráfico de cocaína, en medio de un aumento global de la producción de más de 3700 toneladas en 2023, según el Informe Mundial sobre las Drogas de 2025, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
Hay ejemplos concretos que ilustran esta sofisticación. En febrero de 2025, la Fuerza Aérea Brasileña derribó un avión procedente de Venezuela que transportaba alrededor de 500 kilos de marihuana y hachís, cerca de Manaus, lo que reveló posibles alianzas para el transporte aéreo clandestino. La cooperación con facciones locales aumenta el riesgo: el Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP) registra que las pandillas operan en el 45 % de los municipios amazónicos, con grupos venezolanos que suministran armas y contribuyen a las disputas.
La crisis venezolana, con una contracción de alrededor del 75 por ciento del PIB desde 2014, según el Banco Mundial, ha catalizado esta expansión. Como observa la investigadora Ronna Rísquez, la migración forzada ha creado una mano de obra vulnerable, cooptada por redes de tráfico que combinan extorsión, narcotráfico y lavado de activos. En Brasil, esto se traduce en violencia: los homicidios por cada 100 000 habitantes en Roraima disminuyeron de 38,6 en 2022 a 34,4 en 2023, pero con picos iniciales y un 60 % posiblemente relacionados con migrantes. Esta evolución integra el narcotráfico en economías paralelas, como la minería ilegal, financiando la inestabilidad transfronteriza.
La respuesta estratégica brasileña: medidas represivas y retos de coordinación
Ante la incursión de estas OCT, Brasil ha adoptado respuestas políticas y legales que ponen de manifiesto las lagunas en la coordinación transnacional. Una iniciativa clave es la Ley n.º 15.245/2025, que modifica el Código Penal para tipificar la asociación delictiva, agravando las penas por delitos en las fronteras y permitiendo el congelamiento de activos. Esta legislación facilitó operaciones como Fronteira Segura 2025 (Frontera Segura 2025), una operación conjunta entre la Policía Federal, el Ejército y socios regionales, que reforzó la vigilancia contra el tráfico y el contrabando.
Estas medidas son necesarias porque el narcotráfico influye en el aumento de la violencia en la Amazonía, con pandillas que controlan rutas que generan miles de millones en ganancias ilícitas, según el Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP). La Suprema Corte de Justicia reforzó la cooperación extranjera, reduciendo los vuelos clandestinos. Además, las sanciones contra el Cartel de los Soles, en línea con las de Estados Unidos, que lo designó como organización terrorista en 2025, cortan los flujos financieros.
A nivel operativo, la Operación Acogida ha evolucionado para incluir la selección de migrantes, lo que ha dado lugar a la deportación de miembros del Tren de Aragua hasta 2025, según el Ministerio de Justicia. Sin embargo, la falta de diálogo con Venezuela limita la eficacia, como advierten los expertos: la porosidad exige cooperación, pero las tensiones hacen que las acciones unilaterales sean insuficientes. Estas medidas exigen una expansión hacia la inteligencia cibernética y la reinserción migratoria.
Estudio de caso: La infiltración del Tren de Aragua en Roraima y sus «efectos en cadena»
El estado de Roraima ejemplifica los impactos de las OCT venezolanas, ya que sirve de puerta de entrada para el narcotráfico en la Amazonía brasileña. Con municipios fronterizos con Venezuela, Roraima vio la llegada del Tren de Aragua alrededor de 2018, a través del flujo migratorio de cientos de miles de venezolanos por la Operación Acogida. El grupo, posiblemente aliado con el PCC, opera en el comercio minorista de drogas en Boa Vista, extorsionando a los refugios y utilizando minas para el lavado de dinero.
Entre 2022 y 2024, los homicidios en Roraima variaron, con una tasa de 38,6 por cada 100 000 habitantes en 2022 y reducciones posteriores, pero con víctimas migrantes en disputas por rutas. Un caso emblemático es el asesinato de Bryan José de Jesús Hernández, en 2022, ejecutado en Boa Vista por sospechosos vinculados al Tren de Aragua, lo que revela un modus operandi de terror para intimidar a sus rivales. Esta violencia se entrelaza con el tráfico: en 2024, las operaciones en Pacaraima incautaron drogas vinculadas a redes transnacionales, que financiaban homicidios locales.
Socialmente, el impacto es devastador. El grupo recluta en los refugios, lo que aumenta los casos de violencia entre los migrantes, según el FBSP. Económicamente, corroe el tejido local: los municipios ven caídas en el PIB per cápita debido a la contaminación por el lavado de dinero, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
Los expertos refuerzan el desafío. Los investigadores argumentan que el Tren de Aragua explota la migración, transformando a Roraima en un centro donde las facciones ganan territorios, creando ecosistemas de violencia. Este caso refleja cómo las OCT venezolanas exportan inestabilidad, con potencial para desplazados adicionales hasta 2026, según el ACNUR.
Proyecciones para el futuro e imperativos estratégicos
De cara al futuro, la falta de medidas decisivas puede agravar los impactos: el Informe Mundial sobre las Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) de 2025 prevé aumentos en el flujo de cocaína por la Amazonía, lo que elevará los homicidios y contaminará las rutas migratorias. Con la designación del Tren de Aragua como terrorista por parte de EE. UU. en 2025, las rutas podrían migrar a Brasil, fortaleciendo alianzas y generando más migrantes.
El enfoque integrado es crucial: medidas como la Ley 15.245/2025 demuestran su viabilidad, pero requieren su ampliación a los tratados amazónicos. Los expertos enfatizan: sin cooperación regional, el narcotráfico consolidará enclaves, amenazando la democracia.
Se recomienda:
(1) Crear un grupo de trabajo multinacional con financiación de la ONU;
(2) Inclusión del Tren de Aragua en las listas regionales de organizaciones terroristas;
(3) Inversión en inteligencia fronteriza;
(4) Programas de capacitación para migrantes.
La preservación de la estabilidad brasileña es un imperativo para la seguridad hemisférica.
Descargo de responsabilidad: Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor. No reflejan necesariamente la política o posición oficial de ninguna agencia del Gobierno de los Estados Unidos, de la revista Diálogo o de sus miembros. Este artículo de Academia fue traducido por máquina.



