Durante años, la imagen pública del problema del fraude en Jamaica ha estado dominada por una sola frase: estafas de lotería. Pero según el director general de la Agencia de Lucha contra el Crimen Organizado y la Corrupción (MOCA) de Jamaica, el Coronel (R) Desmond Edwards, esa caracterización ya no refleja la magnitud, la sofisticación ni las realidades operativas de la amenaza que enfrentan Jamaica y el Caribe en general.
“Lo que enfrentamos ahora”, dice el Cnel. Edwards, “es algo mucho más complejo, ya que las redes criminales que operan a través de la cibernética ahora mueven dinero a través de las fronteras; explotan los sistemas digitales, roban identidades y lavan las ganancias de formas que, literalmente, hacen que los organismos de aplicación de la ley se vean obligados a ir a la zaga en un juego interminable del gato y el ratón”.
Lo que antes parecían ser esquemas de fraude aislados se ha convertido en un ecosistema más amplio del crimen organizado transnacional, respaldado por herramientas digitales y capacidades cibernéticas. Estas redes explotan las plataformas digitales, los datos personales comprometidos, las identidades fraudulentas y los sistemas financieros internacionales, para facilitar la actividad delictiva en múltiples jurisdicciones. Para las agencias de seguridad y de aplicación de la ley de Latinoamérica y el Caribe, el desafío ya no es simplemente el fraude financiero, sino la creciente convergencia entre la ciberdelincuencia, las estructuras del crimen organizado y las redes ilícitas transfronterizas.
Como principal organismo de aplicación de la ley de Jamaica para los delitos cibernéticos, la MOCA se encuentra cada vez más en el centro de esa lucha. La agencia trabaja en estrecha colaboración con el Grupo de Trabajo contra las Estafas de Lotería, de la Fuerza Policial de Jamaica (JCF), para perseguir a las organizaciones criminales involucradas en fraudes cibernéticos, lavado de dinero, robo de identidad y delitos financieros. Las investigaciones han llevado a la detención de figuras clave y a la incautación de activos ilícitos, incluyendo vehículos de lujo y propiedades de alto valor vinculadas a ganancias ilícitas.
Según las autoridades jamaicanas, la amenaza ha evolucionado mucho más allá de estafas aisladas para convertirse en empresas criminales estructuradas respaldadas por facilitadores, operadores financieros, especialistas digitales y conexiones transnacionales. La rápida expansión de las capacidades digitales no ha hecho más que acelerar esa transformación.
En 2025, la MOCA anunció un avance significativo en una investigación de delitos cibernéticos relacionada con el robo de más de USD 350 000 del banco comercial más grande de Jamaica. Las autoridades arrestaron a más de 17 presuntos miembros de una organización criminal por su participación en una estafa de phishing y smishing —mensajes de texto fraudulentos— altamente sofisticada que desviaba electrónicamente fondos de clientes desprevenidos hacia cuentas controladas por beneficiarios vinculados a la red.
“Ese caso es importante porque demuestra cómo ha evolucionado el cibercrimen en Jamaica”, señaló Jervis Moore, jefe del Departamento de Investigaciones de la MOCA. “Ese delito fue en parte intrusión cibernética, en parte fraude financiero y en parte robo de identidad. Es precisamente por eso que organismos como la MOCA ahora tratan estos delitos como crimen organizado y no como fraudes aislados. Estas nuevas tácticas siguen utilizando el engaño, pero añaden datos comprometidos, acceso a cuentas digitales y transferencias en capas a través de una red criminal más amplia. Es mucho más insidioso y aún más difícil de controlar”.
Casos como estos demuestran cómo las redes criminales operan cada vez más a través de sistemas descentralizados que abarcan múltiples jurisdicciones. En lugar de operar dentro de un solo territorio, los actores delictivos ahora se valen de operadores digitales, documentación fraudulenta, facilitadores financieros y movimientos de dinero simultáneamente a través de múltiples países. Las investigaciones requieren cada vez más el intercambio de inteligencia, capacidades de rastreo financiero y estrecha coordinación entre socios nacionales e internacionales.
Entre enero y abril de 2026, la MOCA y sus socios de la División de Investigaciones Financieras (FID) anunciaron cargos contra cuatro sospechosos en una investigación separada de fraude hipotecario multimillonario que afectó a varias instituciones financieras. Las autoridades afirman que el esquema implicaba el uso de documentos auténticos obtenidos de manera fraudulenta para eludir los sistemas de seguridad electrónicos, al tiempo que se suplantaba la identidad de múltiples personas en varias entidades.
La creciente dimensión internacional de estas operaciones ha reforzado aún más la necesidad de la cooperación multinacional. En 2024, delincuentes nigerianos intentaron defraudar a la Comisión Nacional del Agua de Jamaica (NWC) por más de USD 1 millón a través de un elaborado ciberataque dirigido a los sistemas de infraestructura crítica del país.
Las autoridades jamaicanas finalmente frustraron la operación mediante un esfuerzo coordinado en el que participaron organismos de seguridad de Jamaica y los Estados Unidos, junto con sus contrapartes nigerianas.
Para los funcionarios jamaicanos, el incidente puso de relieve cómo el crimen organizado cibernético apunta cada vez más no solo a individuos e instituciones financieras, sino también a la infraestructura nacional crítica y a los servicios públicos esenciales.
“El fraude cibernético ha evolucionado claramente hasta convertirse en una empresa criminal en red”, afirma el Cnel. Edwards. “Lo que estamos viendo ahora es organizado, adaptable y, a menudo, internacional. La respuesta de la MOCA ha tenido que evolucionar con la misma rapidez. Esa es la verdadera historia. El delito cibernético en Jamaica ya no es un tema secundario. Ahora forma parte de la lucha más amplia contra el crimen organizado transnacional y la MOCA está cada vez más al frente de esa batalla”.



