China y Brasil han iniciado la construcción del Laboratorio Conjunto China-Brasil de Tecnología Radioastronómica, una iniciativa que está atrayendo cada vez más atención en toda Latinoamérica, a medida que Pekín profundiza su presencia en sectores tecnológicos sensibles. La iniciativa, liderada por China Electronics Technology Group Corporation (CETC), una empresa estatal china de electrónica de defensa, amplía la cooperación bilateral en infraestructura relacionada con el espacio, en un momento en que los gobiernos de la región están reevaluando las implicaciones estratégicas a largo plazo de las inversiones chinas.
El acuerdo se firmó en diciembre de 2025 entre la CETC y la Universidad Federal de Campiña Grande y la Universidad Federal de Paraíba. El proyecto entró en fase de construcción inmediatamente después, informan la empresa china y los socios académicos brasileños. Según la CETC, el laboratorio apoyará investigaciones de vanguardia en observación astronómica y exploración del espacio profundo. Sin embargo, los analistas advierten que la cooperación en sectores de alta tecnología como la radioastronomía, no puede considerarse de forma aislada de la estrategia más amplia de China de expandir su presencia tecnológica y estratégica en Latinoamérica.
El nuevo laboratorio coincide con los avances en el radiotelescopio Baryon Acoustic Oscillations from Integrated Neutral Gas Observations (BINGO), otra iniciativa chino-brasileña cuya finalización está prevista para 2026. El instrumento, de 40 metros, diseñado y suministrado con una participación significativa de China, se está instalando en el municipio de Aguiar, en la zona rural de Paraíba, elegido por su bajo nivel de interferencia electromagnética, un requisito fundamental para la radioastronomía.
El BINGO, anunciado como el radiotelescopio más grande de Sudamérica, está siendo diseñado para ayudar a estudiar la estructura a gran escala del universo y la naturaleza de la energía oscura. También se espera que contribuya al seguimiento de satélites, meteoritos y otros cuerpos pequeños de objetos cercanos a la Tierra.
Aunque los objetivos declarados son científicos, la infraestructura espacial de China conlleva un potencial inherente de doble uso. Los sistemas, capaces de detectar señales cósmicas débiles, también pueden contribuir a la conciencia situacional espacial, la vigilancia del tráfico orbital y el seguimiento de objetos en órbita terrestre; capacidades con relevancia militar directa, incluyendo inteligencia satelital, seguimiento de misiles y apoyo a comunicaciones seguras.
Preocupaciones similares rodean la instalación de seguimiento espacial profundo de China en Argentina, la Estación de Espacio Lejano, que, a pesar de ser descrita como civil, opera bajo acuerdos que limitan la supervisión del país anfitrión y alimenta el debate sobre posibles usos relacionados con la defensa. Para los expertos regionales, la superposición entre la investigación civil y la capacidad estratégica es fundamental para el escrutinio en torno a los nuevos proyectos espaciales respaldados por el país asiático.
China ha utilizado cada vez más la cooperación espacial como vehículo para expandir su alcance geopolítico en Asia, África y Latinoamérica. Mediante la instalación de telescopios, programas de desarrollo de satélites, financiación de infraestructuras y formación de personal, Pekín se posiciona en el centro de las arquitecturas espaciales de las naciones, configurando los estándares técnicos, el acceso a los datos y las capacidades operativas de formas que pueden traducirse en una ventaja estratégica.
Para Marcos Degaut, exsecretario adjunto especial de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República y exsecretario de Productos de Defensa del Ministerio de Defensa de Brasil, estas asociaciones en áreas estratégicas como la tecnología espacial, exigen una evaluación sobria de la dependencia a largo plazo.
“Esta dependencia es funcional y está profundamente arraigada en sectores estratégicos, lo que hace que el tema sea esencial para los debates sobre política pública, industrial y diplomática, como una evaluación realista de las relaciones económicas y geoestratégicas contemporáneas”, afirma Degaut, que también es exsecretario ejecutivo de la Cámara de Comercio Exterior de Brasil (CAMEX) y doctor en Seguridad Internacional.
“En resumen, Brasil se está volviendo estructuralmente más dependiente de China en sectores específicos, especialmente aquellos en los que hay poca capacidad industrial nacional, falta de política y capacidad tecnológica, y el capital nacional es escaso”, continúa.
El nuevo laboratorio funcionará como un centro científico que conectará las universidades brasileñas con el conglomerado estatal chino de electrónica de defensa, facilitando el intercambio continuo de personal investigador y el desarrollo tecnológico conjunto. Estos acuerdos van más allá de proyectos aislados: integran canales de investigación, normas técnicas y redes institucionales, incorporando la participación china en el ecosistema espacial en evolución de Brasil.
Además de la colaboración académica, la iniciativa consolida aún más la presencia de China en infraestructuras tecnológicas sensibles en Sudamérica. Al combinar un gran radiotelescopio con un laboratorio dedicado a la radioastronomía, Brasil y China están estableciendo un clúster de investigación que podría moldear las capacidades espaciales regionales durante décadas.
En toda Latinoamérica los expertos advierten que los proyectos de infraestructura respaldados por China –desde redes de telecomunicaciones e instalaciones energéticas hasta puertos y ahora tecnologías relacionadas con el espacio– están incorporando constantemente a Pekín en sectores críticos de las economías nacionales.
Los analistas advierten que esta creciente presencia puede influir en los patrones tecnológicos, las estructuras de gobernanza de datos y el poder de negociación estratégico a largo plazo, especialmente cuando las asociaciones se centran en áreas relevantes para la defensa, las comunicaciones o la inteligencia.
Degaut sostiene que la cuestión central no es una pérdida inmediata de soberanía, sino una dependencia estructural; una dinámica gradual que puede limitar la flexibilidad estratégica.
“El país también depende de la financiación y el capital de China en los sectores de infraestructura y tecnología, lo que amplía su participación en el proyecto de desarrollo chino”, afirma Degaut. Además, enfatiza que Brasil debe reducir su vulnerabilidad diversificando sus alianzas tecnológicas y ampliando la cooperación con múltiples centros de innovación, en lugar de concentrar sectores estratégicos en un único eje externo.
“La posibilidad de que las inversiones extranjeras influyan en las políticas públicas no es una novedad en la historia económica internacional, ya que los grandes flujos de capital siempre han generado cierto grado de diálogo con los gobiernos. En el caso brasileño, la combinación de tres factores es lo que hace que la cuestión sea más delicada: el avance constante de la presencia china en sectores estratégicos; la creciente dependencia comercial y financiera de Brasil con respecto a China y la ausencia de una estrategia nacional clara de seguridad económica”, concluye Degaut.
A medida que China se consolida en tecnologías estratégicas en toda Latinoamérica, iniciativas como el laboratorio Paraíba y el telescopio BINGO ilustran cómo la cooperación científica también puede recalibrar las dinámicas de poder. La infraestructura que se está construyendo hoy en día puede, en última instancia, definir la independencia tecnológica de la región o su vulnerabilidad estratégica a largo plazo.


