A medida que Chile entra en los meses de otoño, la nación sigue reflexionando sobre un comienzo de año marcado por uno de los incendios forestales más graves de la historia reciente. Los incendios, que devastaron zonas de las regiones del Biobío, Ñuble y La Araucanía, provocaron una respuesta masiva y coordinada en la que las Fuerzas Armadas y de seguridad chilenas colaboraron con la comunidad internacional. Países como Colombia, España, Estados Unidos, México y Uruguay brindaron una ayuda fundamental, demostrando la importancia de la cooperación internacional y la hermandad en situaciones de desastre.
Coordinación nacional
La crisis comenzó a mediados de enero de 2026, impulsada por condiciones climáticas extremas: una combinación de calor intenso y sequía prolongada en el centro-sur de Chile. Ante la magnitud de la emergencia, el presidente Gabriel Boric decretó el estado de catástrofe, activando medidas extraordinarias para enfrentar la crisis.
El liderazgo de las regiones más afectadas se puso en manos de altos mandos de las Fuerzas Armadas: en Biobío, el Almirante de la Armada de Chile Edgardo Acevedo, y en Ñuble, el General de Brigada del Ejército Carlos Urrutia. Según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), cuando la crisis alcanzó su punto álgido a finales de enero, los incendios ya habían devastado más de 61 000 hectáreas. La CONAF dirigió la estrategia de respuesta con brigadas especializadas y recursos aéreos, mientras las Fuerzas Armadas proporcionaron la fuerza logística necesaria para contener la propagación.
“La declaración de estado de catástrofe permitió que personal del Ejército de Chile saliera a patrullar, fiscalizar y poner sus recursos al servicio de la emergencia”, explicó a Diálogo Esteban Krause, director regional de CONAF para la Región del Biobío. “El apoyo de las fuerzas armadas y de orden, incluidos Carabineros y la Policía de Investigaciones, ha sido fundamental para optimizar la respuesta operativa”.
Solidaridad internacional: un factor decisivo
Desde el inicio de la emergencia, la comunidad internacional respondió rápidamente. Estados Unidos fue uno de los primeros países en anunciar su apoyo. El embajador de los EE. UU. en Chile, Brandon Judd, subrayó el compromiso de los Estados Unidos con la región.
“El presidente Trump me ha autorizado a apoyar a Chile con una donación de asistencia para enfrentar los incendios forestales”, señaló el embajador Judd, a través de su cuenta de X. “En los momentos más difíciles, los EE. UU. acompañan a Chile con acciones concretas para proteger las comunidades, vidas y recursos naturales”.
Otros países siguieron rápidamente su ejemplo. México envió 145 expertos en manejo de fuego, equipos y medios aéreos. Argentina, Colombia, Paraguay y Uruguay también se unieron a las labores de combate al fuego, creando un frente regional contra el desastre.
Ricardo Toro, exdirector de la Oficina Nacional de Emergencia de Chile, subrayó la importancia de esta sinergia. “Lo esencial no es solo la cantidad de recursos que puedan enviarse, sino la capacidad para coordinar eficazmente esos elementos”, dijo a Diálogo. Toro destacó que Chile debe seguir fortaleciendo su coordinación regional, especialmente con países vecinos como Argentina y Perú, así como con socios estratégicos como Canadá y los Estados Unidos.
“La interoperabilidad histórica entre los EE. UU. y Chile debe entrenarse de forma permanente, no solo en medio de la catástrofe”, dijo Toro, haciendo un llamado a incorporar herramientas tecnológicas como análisis satelital, modelación predictiva y ejercicios conjuntos previos a las temporadas críticas de incendios.
Más allá de las llamas
La perfecta coordinación observada en enero fue el resultado de una amistad multidominio que abarca la tierra, el mar, el aire, el espacio y la frontera digital. Este frente regional se preparó mediante una colaboración de alta intensidad, como el ejercicio Estrella Austral. Celebrado por última vez en Chile en junio de 2025, este ejercicio reunió a más de 2500 efectivos de los Estados Unidos y socios regionales para entrenarse en escenarios hostiles y humanitarios del mundo real.
Además, la reciente integración de Chile en el ejercicio Global Sentinel, organizado por el Comando Espacial de los EE. UU. a principios de 2025, contribuyó a ampliar los conocimientos sobre el dominio espacial, lo que permite un monitoreo satelital preciso durante la temporada de incendios.
Esta alianza también se extiende a las fronteras digitales de Chile. Ahora que la Agencia Nacional de Ciberseguridad (ANCI) entra en su segundo año de pleno funcionamiento, la colaboración entre expertos chilenos y estadounidenses garantiza que las infraestructuras críticas, esenciales para las comunicaciones de emergencia, sigan siendo resistentes frente a las amenazas cibernéticas en constante evolución.
El rol del programa SPP en la gestión de desastres
La respuesta de los Estados Unidos en esta emergencia es fruto de una sólida cooperación bilateral en defensa y seguridad, enmarcada en acuerdos como el Programa de Asociación Estatal (SPP), que ha fortalecido las capacidades de Chile durante más de 17 años. Este programa ha sido clave para la preparación ante desastres naturales y emergencias humanitarias, permitiendo intercambios de conocimiento y tecnología, entre la Guardia Nacional de Texas y las Fuerzas Armadas de Chile.
En septiembre de 2025, la Brigada de Aviación del Ejército de Chile participó en un entrenamiento con aviadores de Texas, centrado en una capacidad crítica: combatir incendios en oscuridad total, empleando visores de visión nocturna.
“La incorporación de esta capacidad representa un avance estratégico (…); incrementa la polivalencia de sus medios aéreos y permitiría enfrentar incendios de gran magnitud sin importar la hora del día”, destacó a la prensa el Mayor del Ejército de Chile Álvaro Pineda, comandante del batallón de helicópteros Germania.
Guillermo Holzmann, analista internacional, resaltó que el SPP también potencia la interoperabilidad en áreas como mando, control, comunicaciones y gestión de datos. “Este programa permite enfrentar mejor los desastres naturales gracias a su énfasis en la cooperación técnica y logística”, dijo a Diálogo.
Una alianza estratégica en defensa y seguridad
La cooperación observada durante los incendios refleja una relación estratégica mucho más amplia. El embajador Judd reiteró la solidez del vínculo. “Los Estados Unidos y Chile somos socios estratégicos en defensa. El alcance y la profundidad de nuestra cooperación militar bilateral son significativos y mutuamente beneficiosos”, afirmó.
Si bien los incendios de 2026 han dejado una profunda huella en el paisaje y las comunidades del sur, también han servido para poner de relieve la importancia vital de la preparación y la cooperación internacional. A medida que Chile avanza hacia la fase de recuperación, la sinergia humanitaria entre Chile, Estados Unidos y los países amigos es un testimonio del poder de las alianzas construidas sobre la base de la seguridad compartida y el respeto mutuo.


