Una red de estaciones terrestres y centros de seguimiento satelital ligados a China está expandiendo en Latinoamérica. Aunque muchos de estos proyectos se presentan bajo la bandera de la cooperación científica o comercial, su desarrollo coincide con la consolidación de las capacidades espaciales de China, lo que ha generado preocupaciones sobre su posible uso dual y sus implicaciones para la seguridad regional.
En su informe, Atrayendo a América Latina a la órbita de China, el Comité Selecto sobre China de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, concluye que esta infraestructura espacial, impulsada por el Estado chino, forma parte de una estrategia nacional que integra política exterior, fusión militar-civil y planificación de defensa. El objetivo: fortalecer la posición de China en el dominio espacial.
El documento identifica cuatro hallazgos clave: la expansión espacial de China en Latinoamérica responde directamente a prioridades estratégicas vinculadas a la seguridad nacional; la región ocupa un lugar central en los planes de Pekín; China ha logrado acceso a infraestructura de doble uso a través de acuerdos civiles y comerciales; y estas capacidades pueden emplearse para recopilar inteligencia, monitorear el espacio y desarrollar herramientas contraespaciales.
Infraestructura china en la región: alcance y naturaleza dual
De acuerdo con el informe, al menos 11 estaciones vinculadas a entidades chinas operan o han sido desarrolladas en países como Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela. Estas instalaciones forman parte de una red global de seguimiento satelital que amplía la cobertura en el hemisferio sur y se integra al sistema espacial chino.
El interés de China por dominar el espacio quedó plasmado en su “libro blanco” espacial de 2021, publicado en enero de 2022, donde se establece que la industria espacial “sirve a la estrategia nacional”. Aunque Pekín asegura que su programa tiene fines pacíficos, la estructura militar de China continúa integrando capacidades espaciales, cibernéticas y electrónicas, de formas que refuerzan la naturaleza de doble uso de estas actividades, según un reporte del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
Jorge Serrano, experto en seguridad y asesor de la Comisión de Inteligencia del Congreso de Perú, señaló a Diálogo que “esta red debe analizarse dentro de la planificación estratégica china en el ámbito espacial y tecnológico”. Según Serrano, muchos proyectos presentados como cooperación civil forman parte de una estrategia más amplia, negociada con poca transparencia pública y mecanismos limitados de supervisión nacional.
Poca transparencia y riesgos estratégicos
Para reforzar sus programas espaciales, de misiles y de inteligencia artificial, China ha desplegado una red global de estaciones terrestres de telemetría, seguimiento y control fuera de su territorio, complementada con capacidades marítimas. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), de Londres, Pekín también opera una flota de buques de seguimiento de misiles y satélites para cubrir posibles vacíos en esta infraestructura.
Muchos de estos proyectos involucran a empresas estatales del sector defensa, que han sido señaladas por problemas de seguridad. Según el CSIS, estas compañías producen satélites, cohetes de lanzamiento, antenas y otros componentes que se usan tanto en proyectos comerciales internacionales como en programas de defensa.
El modelo de expansión espacial chino sigue una lógica similar a la empleada en su red global de telecomunicaciones 5G. A través de empresas respaldadas por el Estado, Pekín ofrece paquetes integrados que incluyen satélites, servicios de lanzamiento, estaciones terrestres y capacitación técnica a países del sur global. Este enfoque puede generar dependencias tecnológicas a largo plazo, planteando preocupaciones sobre la soberanía y la seguridad.
En Latinoamérica, la base espacial china en Neuquén, Argentina, ha sido objeto de cuestionamientos. Establecida en 2017 en un terreno de 200 hectáreas, la base opera en condiciones que han suscitado preocupaciones persistentes sobre la transparencia, particularmente dado el acceso limitado de Argentina a las instalaciones y sus operaciones, así como su potencial doble uso y aplicaciones militares. La instalación es operada por la China Satellite Launch and Tracking Control General, una entidad vinculada al aparato espacial y de defensa militar de China e involucrada en actividades relacionadas con el seguimiento de satélites, la telemetría y funciones más amplias de apoyo a la defensa.
En Brasil, el Comité Selecto sobre China identifica otra estación terrestre vinculada a China cuya ubicación exacta no ha sido confirmada públicamente. En la región de Tucano, estaciones brasileñas y chinas intercambian datos satelitales. Según el informe, este acuerdo podría permitir que los sistemas chinos proporcionen redundancia si la infraestructura brasileña falla, al tiempo que crea la posibilidad de acceder a datos sensibles relacionados con las operaciones espaciales de Brasil y las de países amigos.
En Chile, la participación china en la infraestructura relacionada con el espacio también ha generado preocupación. Un proyecto de centro de datos astronómicos respaldado por China fue finalmente suspendido tras el escrutinio del Gobierno chileno, que determinó que la iniciativa no se ajustaba al marco legal y regulatorio del país. El caso puso de relieve los desafíos a los que se enfrentan los gobiernos a la hora de equilibrar la cooperación científica con las consideraciones de seguridad nacional.
Alcance tecnológico y preocupaciones estratégicas
La presencia tecnológica china en la región no se limita al ámbito espacial. Según Serrano, en Cuba operan múltiples instalaciones vinculadas a inteligencia electrónica y asociadas a entidades chinas. Los análisis realizados por el CSIS y otras organizaciones de investigación han identificado varios emplazamientos en la isla que, según las evaluaciones apoyan actividades de recopilación y monitoreo de inteligencia de señales en la región.
“La combinación de estas redes espaciales y de inteligencia amplía el alcance de la infraestructura tecnológica china desde el Caribe hasta Sudamérica”, explicó Serrano. Además, señaló que esta arquitectura permite funciones de inteligencia electrónica, como interceptación de comunicaciones y, potencialmente, su interferencia.
El impacto de esta red va más allá del ámbito tecnológico, ya que plantea interrogantes más amplios sobre la seguridad estratégica regional. Según Serrano, las infraestructuras instaladas por China pueden tener un uso civil, pero su naturaleza de doble uso significa que también puede apoyar actividades militares y de inteligencia, lo que suscita preocupaciones sobre riesgos de seguridad, supervisión y soberanía nacional.
Riesgos estratégicos para la región
Para Serrano, el discurso internacional de China ha evolucionado. “Antes se decía que China no se involucraba en conflictos, sino en cooperación económica, tecnológica y de desarrollo”, señaló. Sin embargo, advirtió que este enfoque ahora sirve cada vez más a objetivos estratégicos más amplios, incluido el desarrollo de capacidades militares y de inteligencia.
La creciente presencia de infraestructura tecnológica china en Latinoamérica plantea riesgos estratégicos, especialmente al analizarse en el contexto de los intereses a largo plazo del Estado chino y su aparato de seguridad.
Serrano subrayó que los acuerdos negociados con limitada transparencia y las dudas sobre el impacto en la soberanía de los países receptores son temas que no se pueden ignorar. “Ya no falta información para considerar esto una amenaza hemisférica”, concluyó.


