El Gobierno del partido comunista chino (PCCh) lanzó una serie de iniciativas globales, para aparentar respuesta a los desafíos del mundo actual. Sin embargo, en su avance por Latinoamérica, estas estrategias privilegian los intereses geopolíticos de Pekín, por encima de principios como transparencia, derechos humanos y democracia.
“El PCCh presenta un discurso que suena atractivo: muestra a un país que alcanzó éxito sin depender de las estructuras tradicionales y de ordenar la economía mundial”, dijo a Diálogo Vladimir Rouvinski, director del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad ICESI en Colombia.
Hasta 2021, la política exterior de China giraba en torno a la iniciativa de la franja y la ruta (BRI). A partir de ese año, Pekín lanzó nuevas propuestas: la iniciativa de desarrollo global (IDG), en 2021; la iniciativa de seguridad global (ISG), en 2022; y la iniciativa de civilización global (ICG), en 2023, para contribuir a una “mejor gobernanza mundial”.
El reporte China como un emprendedor de normas en ascenso, publicado por el Instituto Yusof Ishak (ISEAS), del Departamento de Educación de Singapur, sostiene que estas iniciativas buscan crear un entorno internacional, que respalden la estabilidad del régimen chino y favorezca sus intereses en desarrollo y seguridad. En ese marco, Pekín promueve una redefinición de normas globales alejadas de los estándares democráticas predominantes.
¿Qué proponen estas iniciativas?
Las tres iniciativas forman parte de un esfuerzo del PCCh por reforzar su legitimidad interna e influencia externa. La IDG promueve una agenda basada en el desarrollo humano, la innovación y la sostenibilidad. A diferencia de la BRI, enfocada en grandes infraestructuras, la IDG propone proyectos “pequeños y útiles”, orientados a mejorar la vida cotidiana, detalla ISEAS.
Por su parte la ISG promueve una visión de seguridad compartida, sin confrontación entre bloques, aunque carecen de mecanismos operativos claros. Y la ICG propone el respeto a la diversidad cultural, el diálogo entre civilizaciones y la defensa de valores comunes, aunque sin estructura ni metas verificables. Su orientación apunta a ampliar la aceptación del sistema comunista chino dentro del orden internacional, precisa ISEAS.
Fachada útil
Aunque China presenta estas propuestas como un plan articulado de cooperación global, en la práctica responden a oportunidades que sus empresas, grandes y pequeñas, saben aprovechar, señaló Rouvinski. La narrativa oficial funciona como respaldo para justificar inversiones o contratos en Latinoamérica.
“China es muy hábil para usar ese discurso. Lo emplea cuando necesita dar legitimidad a sus acciones o reforzar su presencia. Pero no estamos ante un plan Marshall ni ante una alianza para el progreso”, abundó Rouvinski. “No hay una estrategia claramente definida, ni existe transparencia sobre las verdaderas intenciones detrás de estas propuestas”.
Añadió que, aunque posiblemente exista algún plan de acción interno del PCCh, éste no es público. “Lo que sí se percibe es que estas iniciativas funcionan como una fachada, que le otorga a China un amplio margen de maniobra para consolidar su influencia geopolítica y económica en Latinoamérica”.
A pesar del discurso de cooperación, estas iniciativas generan tensiones. Proyectos con capital chino en sectores estratégicos como minería, energía o infraestructura, son señalados por organizaciones internacionales, como el Servicio Internacional para los Derechos Humanos; quien documenta casos de violaciones a los derechos humanos y ausencia de consulta previa en comunidades indígenas en países como Brasil, Colombia, Ecuador y Perú.
Según la plataforma latinoamericana Diálogo Político, el modelo de cooperación del PCCh se basa en acuerdos bilaterales, poder blando, escasa supervisión pública y procesos opacos. La inversión china suele estar condicionada al respaldo de sus principios políticos, como el reconocimiento de “una sola China”, lo que según el diario mexicano Excélsior, limita la autonomía de los países receptores y genera tensiones de gobernanza.
Latinoamérica en la encrucijada
Rouvinski señaló que “el PCCh invierte estratégicamente en universidades y centros de pensamiento en Latinoamérica, para mejorar su imagen en la región. A través del financiamiento académico, promueve espacios que, aunque poco visibles para la opinión pública, adoctrinan a expertos que asesoran a gobiernos, elaboran documentos de políticas públicas y realizan consultorías. Esta táctica le permite influir de forma indirecta en decisiones clave sin exposición directa”.
Un caso concreto se observa en Colombia, señaló, donde la construcción del metro de Bogotá, a cargo de empresas chinas, se presenta como solución a décadas de atraso en transporte urbano. “Ahora llegaron los chinos y van a resolver nuestros problemas, comentan algunas personas”, dijo Rouvinski, aludiendo a cómo en ocasiones se asocia la presencia china con resultados visibles.
Otros ejemplos son el Puerto de Chancay en Perú, que busca transformar el comercio marítimo regional; y las redes eléctricas en Brasil, donde se prioriza garantizar el suministro estable. Ambos generan discusiones y expectativas dudosas entre la población.
Riesgos serios
“Las iniciativas IDG, ISG, ICG, implican riesgos serios para Latinoamérica, ya que muchos países están generando dependencia creciente de un actor opaco como China. A diferencia de otras instituciones internacionales, por más criticadas que sean, que mantienen reglas claras y procesos transparentes”, advirtió Rouvinski. “Con China, en cambio, rara vez se conocen las condiciones de los acuerdos”.
La plataforma de periodismo de investigación Expediente Público, indica que los préstamos y proyectos impulsados por Pekín operan con escasa transparencia, sin salvaguardas ambientales ni normas de gobernanza. Muchos se desarrollan bajo esquemas “llave en mano”, con personal y materiales chinos, que luego compiten con empresas locales.
En este contexto, Rouvinski advirtió que esa falta de transparencia implica riesgos como sobreendeudamiento y pérdida de control sobre activos estratégicos. “Esto está ocurriendo frente a nuestros ojos, pero ni los tomadores de decisiones ni la opinión pública parecen percatarse del alcance”, precisó.
Visión imaginada
“Lo que estamos viendo con estas iniciativas es la construcción de una realidad imaginada. Una narrativa que, aunque sobre el papel suena atractiva y se presenta como alternativa, no refleja lo que ocurre en la práctica”, dijo Rouvinski. “El riesgo está en tomar esa imagen como verdadera y tomar decisiones basadas en ella; lo que derivará en problemas mayores”.
Aunque muchos países del hemisferio norte se muestran más cautelosos ante la expansión de China en la región, “aún no hay una estrategia común en Latinoamérica”, precisó. “Muchos países siguen atrapados en esa visión idealizada de lo que Pekín representa. Desafortunadamente, a corto y mediano plazo todo indica que su influencia y sus iniciativas seguirán creciendo”, concluyó Rouvinski.


