Los gobiernos sudamericanos están examinando con mayor detenimiento los proyectos de infraestructura espacial y científica respaldados por China, a medida que aumentan las preocupaciones sobre sus posibles aplicaciones de doble uso, la transparencia y sus implicaciones para la soberanía nacional. Las recientes decisiones de Argentina y Chile de frenar o cancelar importantes iniciativas chinas de observatorios reflejan una tendencia más amplia: infraestructuras avanzadas que antes se analizaban principalmente desde una perspectiva científica o comercial ahora son evaluadas también por sus implicaciones estratégicas y de seguridad.
Esta reevaluación coincide con una creciente atención internacional sobre la rápida expansión de la infraestructura espacial China. Un informe reciente del Comité Selecto de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos sobre el Partido Comunista Chino (PCCh), titulado Atrayendo a América Latina hacia la órbita de China, sostiene que Pekín ha tejido en la región una extensa red de estaciones terrestres satelitales, observatorios e instalaciones de seguimiento que respaldan tanto propósitos civiles como militares. El documento identifica al menos 11 instalaciones espaciales vinculadas a China —entre estaciones terrestres, radiotelescopios y sitios de medición láser satelital— en Argentina, Brasil, Bolivia y Venezuela.
Argentina y Chile incrementan la supervisión
Los recientes acontecimientos en Argentina y Chile muestran cómo los gobiernos están aplicando un mayor nivel de escrutinio a proyectos que involucran tecnologías sensibles y ubicaciones estratégicamente relevantes.
En la provincia argentina de San Juan, las autoridades suspendieron los planes para instalar el radiotelescopio China-Argentina (CART) en la Estación Astronómica Carlos U. Cesco (CESCO), un proyecto que había sido presentado como el radiotelescopio más grande de Sudamérica. La revisión reflejó preocupaciones más amplias dentro de la admistración del presdiente Javier Milei sobre la transparencia, la supervisión institucional y las implicaciones de largo plazo de la participación china en infraestructura crítica.
Chile llegó a una conclusión similar respeto al propuesto Observatorio Astronómico Cerro Ventarrones, en la Región de Antofagasta. Tras mantener el proyecto bajo revisión desde 2025, el Ministerio de Relaciones Exteriores canceló finalmente el acuerdo al determinar que no cumplía con el marco jurídico y administrativo vigente. La iniciativa también había generado debate entre especialistas en seguridad sobre el posible carácter de doble uso de las tecnologías involucradas.
El consultor argentino en defensa y seguridad José Javier Díaz explicó a Diálogo que, aunque China presenta estos proyectos como cooperación científica destinada a la investigación pacífica, muchos son administrados por organizaciones vinculadas a la estrategia de fusión militar-civil de China y al Ejército Popular de Liberación, lo que dificulta separar con claridad las aplicaciones civiles de las militares.
La infraestructura de doble uso plantea interrogantes estratégicos
Según el informe del Congreso estadounidense, la red internacional de estaciones terrestres forma parte de una arquitectura más amplia que fortalecer el mando y control satelital, respalda misiones de exploración del espacio profundo, mejora las capacidades globales de seguimiento y puede contribuir tanto a la recopilación de inteligencia como a operaciones militares.
En el caso de Argentina, el informe destaca no solo el proyecto de radiotelescopio suspendido en San Juan, sino también la estación china de Espacio Lejano en Neuquén y la participación de China en infraestructura relacionada con satélites en Río Gallegos, provincia de Santa Cruz.
Según Pucará Defensa, Pekín presenta estas iniciativas como cooperación para la respuesta a desastres, pronósticos meteorológicos, navegación satelital y comunicaciones, ofreciendo a los países socios acceso a la tecnología china y a infraestructura de lanzamiento. Sin embargo, analistas advierten que estas asociaciones pueden incrementar la dependencia tecnológica y reducir la capacidad de los países anfitriones para supervisar de manera independiente el funcionamiento de infraestructuras estratégicamente sensibles a largo plazo.
Díaz advirtió que el creciente desarrollo chino en sistemas espaciales, telecomunicaciones e inteligencia artificial posiciona a China para ampliar no solo su influencia tecnológica, sino también su capacidad de proyección geopolítica mediante infraestructura crítica.
Infraestructura estratégica bajo un mayor escrutinio
Las ambiciones espaciales de China van mucho más allá de proyectos individuales de observatorios. Entidades respaldadas por el Gobierno chino y empresas comerciales han propuesto constelaciones satelitales que podrían sumar alrededor de 200 000 satélites, según documentos citados por la revista DEF. De concretarse, estas redes ampliarían significativamente las capacidades chinas de comunicaciones, navegación, observación terrestre y servicios espaciales, al tiempo que incrementarían la necesidad de contar con instalaciones internacionales de seguimiento, telemetría y control.
Mantener una arquitectura espacial de esa magnitud requiere no solo capacidad de lanzamiento y fabricación de satélites, sino también una extensa red mundial de estaciones terrestres capaces de comunicarse con los satélites en órbita, procesar datos y respaldar operaciones en tiempo real.
El creciente escrutinio sobre los proyectos espaciales chinos refleja una reevaluación más amplia de la expansión de Pekín en sectores estratégicos de América Latina. A medida que China continúa invirtiendo en infraestructura con potenciales aplicaciones de doble uso, los gobiernos de la región evalúan cada vez más cómo estos proyectos pueden afectar la seguridad nacional, la soberanía tecnológica y la capacidad de tomar decisiones estratégicas a largo plazo.