Los fabricantes de automóviles de compañías de China, liderados por Build Your Dreams (BYD) y Great Wall Motor (GWM), están expandiendo agresivamente su producción y ventas en Brasil, lo que genera preocupación entre los fabricantes tradicionales por la competencia desleal y alarma a los expertos, sobre los posibles riesgos para la seguridad de los datos y la vigilancia por parte de Pekín.
BYD construye una fábrica en Bahía para producir hasta 300 000 automóviles al año, mientras que GWM, que compró una fábrica de Mercedes-Benz en Iracemápolis, São Paulo, espera comenzar la producción este año. La fuerte entrada de GWM en el mercado es evidente: un buque carguero con 900 vehículos de GWM atracó en el puerto de Vitória a mediados de abril, y su modelo Haval H6 superó, en el primer trimestre del año, las ventas de sus competidores establecidos.
Este aumento ha dado lugar a acusaciones de dumping por parte de la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores (Anfavea), que representa a la mayoría de los fabricantes de automóviles más vendidos en el país. Anfavea alega que las importaciones de China se benefician de impuestos significativamente más bajos, lo que crea una “distorsión peligrosa” en el mercado. En 2024, Brasil importó 466 505 automóviles, lo que supone un aumento del 33 por ciento con respecto a 2023, y la mayoría de los vehículos eléctricos procedían del extranjero. La industria automovilística nacional está pidiendo al Gobierno que restablezca inmediatamente un impuesto a la importación del 35 por ciento para los vehículos híbridos y eléctricos, actualmente previsto para mediados de 2026.

“Anfavea contrató a una firma especializada para evaluar la viabilidad de presentar una demanda antidumping contra uno o más importadores de China”, dijo Anfavea en un comunicado a Diálogo.
El presidente de Anfavea, Igor Calvet, observó una caída del 5,9 por ciento en la producción nacional en comparación con abril, lo que indica una pérdida de participación en las ventas frente a las importaciones. Los vehículos de China representaron 58 118 unidades de enero a mayo, un aumento del 35,9 por ciento en comparación con el mismo período de 2024, lo que impulsó el 54 por ciento del crecimiento general de las ventas.
“En el caso de los modelos procedentes de China, hemos observado una entrada atípica, beneficiada por una fiscalidad muy inferior a la que vemos en otros países productores, lo que genera una peligrosa distorsión en nuestro mercado”, advirtió Calvet.
Además del impacto económico, los expertos en seguridad de la información advierten de una nueva era de riesgos para la privacidad, especialmente con los vehículos eléctricos conectados. Esta capacidad de recopilación de datos plantea serias preocupaciones para la seguridad nacional, dada la conocida capacidad y disposición del Partido Comunista de China (PCCh) para aprovechar la información de empresas privadas con fines de inteligencia y vigilancia. Thiago Guedes, director general de Deserv, una empresa de seguridad de la información y privacidad de datos, destacó el potencial para una amplia recopilación de datos.
“Los vehículos eléctricos y conectados funcionan como auténticos dispositivos de recopilación de datos sobre los hábitos de los conductores: geolocalización en tiempo real, rutas recorridas, voz, imagen, perfiles de conducción, datos biométricos e incluso integración con teléfonos inteligentes”, declaró Guedes a Diálogo. “El peligro aumenta cuando estos datos son procesados por sistemas en la nube alojados fuera del país, o controlados por empresas extranjeras con poca transparencia sobre sus prácticas de seguridad”.
La Ley General de Protección de Datos (LGPD) de Brasil establece normas estrictas para el procesamiento y la transferencia internacional de datos. Guedes señaló que el procesamiento de datos confidenciales sin justificación legal puede violar la LGPD. Sin embargo, enfatizó que la eficacia de la ley depende de la aplicación activa y la cooperación entre los organismos técnicos y reguladores.
Guedes afirma que “Brasil puede adoptar criterios técnicos rigurosos de homologación, exigiendo auditorías de ciberseguridad, transparencia en los flujos de datos, localización de servidores y contratos con cláusulas sólidas de protección de datos”. Cree que “un enfoque basado en el cumplimiento tecnológico y la privacidad por diseño permite hacer posible la innovación con seguridad, sin depender de medidas proteccionistas”.
Aunque la Estructura del Marco Civil de Internet de Brasil, una ley integral que establece los derechos y responsabilidades de los usuarios de Internet, ofrece cierta cobertura subsidiaria, “falta un marco regulatorio sectorial claro que defina los estándares mínimos de ciberseguridad automotriz, los requisitos de interoperabilidad y las certificaciones obligatorias para los fabricantes internacionales”, concluye Guedes.
La rápida expansión de los fabricantes de automóviles de China en Brasil plantea un doble reto: proteger la industria nacional de la supuesta competencia desleal y, al mismo tiempo, desarrollar urgentemente una normativa sólida para proteger los datos confidenciales de los consumidores frente a una posible vigilancia extranjera. Las autoridades brasileñas se enfrentan a la compleja tarea de equilibrar el crecimiento económico con la seguridad nacional, ante el creciente mercado de los vehículos eléctricos.


