La banda criminal conocida como El Tren de Aragua, surgida en el sistema penitenciario de Venezuela, ha rebasado los límites de lo criminal para convertirse en una organización terrorista transnacional. Según los expertos, la expansión del grupo por toda las Américas —que ahora se perfila como una de las amenazas más importantes para la seguridad regional— no habría sido posible sin el respaldo del régimen de Nicolás Maduro.
Si bien el auge del grupo se ha centrado principalmente en los países sudamericanos, también ha ampliado su presencia en las islas caribeñas cercanas. La infiltración del Tren de Aragua en los círculos criminales de Trinidad y Tobago está alimentando una “crisis de seguridad nacional más profunda”, afirmó a finales de julio el ministro de Defensa, Wayne Sturge, quien advirtió que las pandillas locales están siendo “absorbidas por una peligrosa red transnacional” y que este cambio ha dado lugar a un “nivel de violencia sin precendentes”.
En un informe publicado en abril, la ONG Transparencia Venezuela destacó que el grupo tiene presencia en decenas de países de la región, incluidas las islas del llamado Caribe Neerlandés (Aruba, Curazao y Bonaire), así como Trinidad y Tobago. Un informe reciente de InSight Crime indica que el grupo está listo para expandirse a las naciones caribeñas de Guyana y Surinam, debido a su proximidad a la ciudad de Las Claritas, en el estado venezolano de Bolívar, donde controla las actividades mineras.
En febrero, el Gobierno de los Estados Unidos designó al Tren de Aragua como organización terrorista extranjera, una clasificación que pronto adoptaron Argentina y Trinidad y Tobago. A esto le siguió una designación formal por parte del Congreso peruano y una petición de varios países a la Organización de Estados Americanos (OEA) para que declarara oficialmente al grupo como tal.
Órdenes de Miraflores
La atención en torno a las actividades del Tren de Aragua aumentó luego del secuestro y asesinato en Chile del Teniente (R) del Ejército de Venezuela Ronald Ojeda, un activista contrario al régimen de Maduro. Este crimen, perpetrado en febrero de 2024, conmocionó a la sociedad chilena.
En enero de 2025, el fiscal encargado del grupo investigativo, Héctor Barros, declaró públicamente que los autores eran miembros del grupo criminal nacido en la prisión venezolana de Tocorón, pero que “detrás del crimen de Ronald Ojeda está el régimen venezolano”. Desde entonces, la comunidad internacional ha cooperado con las autoridades chilenas en la ubicación y detención de los implicados en el caso Ojeda. En febrero, los Estados Unidos reportaron la aprehensión de Edgar Benítez Rubio, alias El Fresa, solicitado por su participación en este crimen. Ese mismo mes, en Colombia fue apresado Luis Alfredo Carrillo, alias Gocho, también implicado en el asesinato.
Según el excomisario general de la policía judicial venezolana Iván Simonovis, el caso de Ojeda demuestra que el Tren de Aragua ya no puede ser visto solamente como una agrupación de delincuentes que se movilizan para la obtención de un beneficio económico. “Esto forma parte de una estrategia geopolítica que tiene su origen en Miraflores. Ya es un grupo criminal que se está moviendo de un sitio a otro, o sea, es una organización para causar terror, para desestabilizar. En consecuencia, se le debe tratar como tal”, explicó a Diálogo.
Para Simonovis, la relación entre la dictadura venezolana y el Tren de Aragua es parecida a la que existe entre el régimen iraní y grupos terroristas como Hezbolá o Hamas. “El régimen fue tercerizando en el Tren de Aragua cosas que ellos no podían hacer, y decidían comisionarle los crímenes a ese grupo”, afirmó.
En septiembre de 2023, tropas del régimen venezolano irrumpieron en la cárcel de Tocorón, la base operativa del Tren de Aragua. Sin embargo, el máximo líder del grupo Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, como sus lugartenientes ya habían abandonado la prisión y, hasta el momento, no han sido capturados. La intervención a la prisión pudo privar a la banda venezolana de una de sus fuentes de ingresos, pero no ocasionó el cese de sus actividades, indica en un informe la revista digital Small Wars Journal. El liderazgo de la organización ha continuado intacto, lo que ha permitido una violenta expansión más allá de las fronteras, impulsada por las ganancias del tráfico de personas, entre otros delitos.
Según Simonovis, desde entonces, Niño Guerrero permanece en Venezuela, presuntamente subordinado al Coronel del Ejército Venezolano Alexander Granko Arteaga, un oficial señalado por la Misión de Verificación de Hechos de la ONU en Venezuela como comandante del grupo de torturadores dentro de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM).
El nexo entre el Tren de Aragua y el régimen venezolano fue corroborado por el analista Antonio de la Cruz, director ejecutivo del think tank Inter-American Trends (Tendencias Interamericanas). Destacó que a esta conclusión también ha llegado la Fiscalía General estadounidense.
“Con respecto a los miembros de Tren de Aragua están los vínculos con los cárteles mexicanos. Y lo otro que ellos tienen determinado, es que son un brazo de Maduro y Diosdado Cabello”, explicó De la Cruz a Diálogo.
De la Cruz indicó que esta jerarquía establece una relación con otro grupo que también opera desde Venezuela: el Cártel de los Soles, la agrupación dedicada al tráfico de drogas, en la que participarían tanto Maduro como Cabello y el titular de la Defensa, General en Jefe del Ejército de Venezuela Vladimir Padrino. En julio, el Tesoro de los EE. UU. añadió al Cártel de los Soles a la lista de grupos de terroristas globales especialmente designados, señalando su apoyo al Tren de Aragua.
Par De la Cruz, la designación del Tren de Aragua como organización terrorista podriá permitir que se tomaran “acciones especiales” contra sus integrantes —dondequiera que se encuentren.


