Más de una década después de que China lanzara la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), su ambicioso proyecto de infraestructura e inversión que amplió significativamente la influencia económica y política de China en todo el mundo, y que el presidente Xi Jinping promocionó como el “proyecto del siglo”, la BRI está perdiendo fuerza. Lejos de ser una ruta hacia la prosperidad mundial, la iniciativa ha llevado a una deuda insostenible, daños ambientales y ha proporcionado a China el potencial para ejercer una influencia indebida, lo que plantea dudas sobre sus beneficios para los países participantes.
A principios de febrero, Panamá, el primer país latinoamericano en unirse a la BRI, anunció su salida del proyecto y el fin de toda cooperación con la iniciativa china. Al hacer el anuncio, el presidente de Panamá, Raúl Mulino, cuestionó las ventajas de la BRI. “Yo no sé qué animó en su momento a quien firmó eso con China”, dijo el presidente Mulino. “¿Eso qué ha traído a Panamá en todos estos años? ¿Cuáles son las grandes cosas que esa ‘Belt and Road Initiative’ ha traído al país?”.
Más de un año antes, en diciembre de 2023, Italia se retiró de la BRI, alegando que no había reportado beneficios económicos y expresando su preocupación por las implicaciones económicas y políticas del proyecto, así como sus temores sobre una transferencia de tecnología inapropiada. Al unirse a la BRI, Italia esperaba impulsar las exportaciones de productos italianos a China, pero estas siguieron siendo una parte muy pequeña de las exportaciones italianas, mientras que las importaciones procedentes de China crecieron de forma desproporcionada, según indicó el grupo de expertos Center for Strategic and International Studies en un informe.
Según el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), con la BRI, China busca “desarrollar nuevos vínculos comerciales, cultivar mercados de exportación, aumentar los ingresos chinos y exportar el exceso de capacidad productiva de China”. Latinoamérica está experimentando de primera mano el exceso de capacidad industrial de China, ya que actualmente lucha contra una avalancha de acero chino barato y prácticas comerciales desleales con graves repercusiones en las industrias locales.
La indignación por el trato a los trabajadores chinos traídos para trabajar en proyectos regionales, más recientemente en la fábrica de BYD Brasil, que las autoridades brasileñas han condenado por “degradante” y “similar a la esclavitud”, ha puesto de manifiesto las violaciones de los derechos humanos y laborales de los proyectos liderados por China. Un proyecto en Uruguay de China Machinery Engineering Corporation (CMEC) también se enfrenta a denuncias de abusos laborales.
La influencia geopolítica sobre los países de la BRI es otra motivación más para Pekín. Según el CFR, un estudio de 2021 que analiza más de 100 contratos de financiación de deuda entre China y gobiernos extranjeros, descubrió que estos tenían cláusulas que restringían la reestructuración con otras naciones acreedoras, permitían a China exigir el reembolso en cualquier momento y le daban a China “la capacidad de utilizar la financiación como herramienta para imponer cuestiones candentes para China, como Taiwán o el trato a los uigures”.
Mientras que muchos países de todo el mundo y de Latinoamérica han expresado su preocupación por las intenciones de China con la BRI, otros han optado por unirse, mientras que algunos, como Colombia, se han resistido hasta ahora.
Presencia significativa
China ha establecido una presencia significativa en Colombia no solo con sus productos, sino también con inversiones en infraestructura. Más de 110 empresas chinas operan en el país en sectores clave como la energía, la minería, las telecomunicaciones, la salud y las energías renovables, según el sitio web de periodismo de investigación Dialogue Earth. Algunos de estos proyectos plantean riesgos significativos para los derechos humanos, la economía y el medio ambiente del país.
Aunque las relaciones diplomáticas entre Colombia y China se remontan a hace 45 años, es en el presente siglo cuando Pekín se ha consolidado como el segundo mayor socio comercial de la nación sudamericana. Según Diálogo Earth, altos funcionarios colombianos han planteado recientemente la posibilidad de que el país se una a la BRI.
“Algunos tomadores de decisiones perciben que están rezagados en la dinámica de relaciones con Asia y sienten urgencia por entrar en ese tren antes de quedarse fuera”, afirmó a Diálogo Vladimir Rouvinski, director del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad ICESI, de Colombia. “Esa incertidumbre juega a favor de un mayor acercamiento con China”.
Según Rouvinski, en Colombia, al igual que en otros países de la región, se está experimentando el llamado efecto Chancay, derivado de la construcción y la apertura de este puerto en Perú. “Esta problemática influye en la manera en que los tomadores de decisiones evalúan el papel de China, sin analizar las posibles consecuencias”.
Desafío geopolítico
Las intenciones de China en la región son evidentes: ampliar su influencia geopolítica, diplomática y económica en Latinoamérica. Para 2024, 21 países de la región ya habían firmado acuerdos con la BRI, lo que ha permitido a China consolidar la dependencia económica de estos miembros y expandir sus rutas comerciales, indicó la ONG estadounidense de protección de los derechos humanos WOLA.
De acuerdo con WOLA, el Partido Comunista Chino, a través de empresas estatales y privadas que operan en el mundo, busca asegurar recursos estratégicos, productos agrícolas y mercados para su tecnología, con el fin de mantener su crecimiento económico, garantizar la estabilidad de su clase media y reforzar sus reclamos territoriales bajo el concepto del “sueño chino”.
Expansión china
En los últimos años, Colombia y China intensificaron su cooperación bilateral, como lo demuestra la visita del presidente Gustavo Petro a Pekín, en 2023. En este encuentro, se firmaron acuerdos para aumentar las exportaciones colombianas y cooperar en ciencia, tecnología y energías renovables. Además, Colombia reafirmó su compromiso con la política de “una sola China”, afirma WOLA.
Pekín ha sabido explotar las deficiencias estructurales de Colombia, particularmente en telecomunicaciones, señala The Diplomat. Empresas como Huawei y ZTE, han ofrecido servicios para la implementación de redes 5G, lo que podría representar un riesgo para la seguridad nacional, debido a la preocupación por las puertas traseras o vulnerabilidades ocultas en sus equipos que pueden ayudar en actividades de espionaje.
Aún no
“La postura de Colombia frente a China es ambigua. En el discurso público, no se
reconoce abiertamente el riesgo de una mayor dependencia económica ni los posibles efectos negativos del involucramiento chino”, comentó Rouvinsky. “Sin embargo, empresarios con vínculos con empresas chinas ejercen presión sobre el gobierno, para fortalecer y expandir estos lazos comerciales”.
China opera con una visión a largo plazo y, en este momento, prioriza la continuidad sobre la velocidad, detalló Rouvinsky. En lugar de introducir nuevas estrategias, se enfoca en consolidar aquellas que han demostrado ser efectivas en sus relaciones con Sudamérica. Según los expertos, en Latinoamérica, la salida de Panamá de la BRI podría hacer que otros países se replanteen su participación en este proyecto.
Colombia, por ahora, se mantiene cautelosa. “Aunque la posibilidad de unirse a la BRI sigue sobre la mesa, el país es cauteloso para no poner en riesgo su asociación estratégica con los Estados Unidos, un socio clave en términos económicos y de seguridad”, concluyó Rouvinski.


