La lucha contra las estructuras delictivas en Centroamérica ha alcanzado una nueva fase: desarticular su creciente sofisticación operativa. Tanto en Honduras como en Guatemala, las fuerzas de seguridad no solo enfrentan redes criminales, sino también su avanzada infraestructura física y tecnológica, lo que refleja un esfuerzo regional más amplio para combatir las organizaciones criminales transnacionales. Este cambio pone de relieve la creciente importancia de las operaciones basadas en la inteligencia que dan prioridad a la identificación y desarticulación de las capacidades criminales, y no solo a la detención de personas.
En Honduras, las Fuerzas Armadas y la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) lograron desmantelar un búnker subterráneo de la Mara Salvatrucha (MS13). En este escondite, ubicado en la remota zona de Vida Nueva, en el municipio de Omoa, se encontraron drogas, armas y municiones, según reportó el periódico local La Tribuna. Este hallazgo pone de relieve el nivel de preparación y organización de estas bandas y subraya la creciente capacidad de las autoridades para detectar y neutralizar tales estructuras.
“Las pandillas han invertido no solo en logística, sino también en el entrenamiento de algunos de sus miembros. Ahora cuentan con profesionales como abogados, médicos e ingenieros”, explicó Leonardo Pineda, experto en seguridad ciudadana y políticas públicas en Honduras, en entrevista con Diálogo. “Estamos viendo un nivel de sofisticación mayor: ya no se trata solo de una pandilla, sino de un grupo criminal organizado”.
Operativos en marcha: armas, drogas y uniformes
La operación fue liderada por el Centro Antipandillas Transnacional de la ATIC. Durante el operativo, varios integrantes de la pandilla escaparon tras un enfrentamiento con las fuerzas del orden, quienes actuaban bajo la coordinación de la Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado y la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico (DLCN). Además de detener a algunos pandilleros, las autoridades confiscaron armas, drogas y uniformes policiales, reportó el Ministerio Público hondureño. La coordinación entre las unidades especializadas pone de relieve la importancia de los enfoques interinstitucionales capaces de integrar la inteligencia, las competencias jurídicas y las capacidades operativas en entornos de seguridad complejos.

Para Pineda, la creciente sofisticación de estas organizaciones no es solo un proceso natural, sino también el resultado de la convergencia con otros grupos criminales. “Por eso vemos que han crecido en capacidades logísticas”, afirmó.
En San Pedro Sula, la operación incluyó el allanamiento de 17 negocios utilizados como fachadas para ocultar armas y cargar drogas. Según el medio digital Noticias 24/7, los cargamentos eran trasladados de forma gradual hacia Tegucigalpa en vehículos con compartimientos ocultos. Atacar estos nodos logísticos y financieros es cada vez más crucial para desarticular las redes más amplias que sustentan las operaciones criminales transnacionales.
Jaime Quintanilla, subdirector de la DLCN, declaró a la cadena hondureña Televicentro: “Esta operación solo desnuda una realidad: la Mara Salvatrucha está desplazando a otras organizaciones. Al observar estas caletas, vehículos adaptados, la cantidad de estupefacientes y uniformes incautados, queda claro que controlan las zonas donde entran aeronaves y lanchas cargadas de droga para luego hacer transbordos hacia Guatemala y México”.
En otro golpe al crimen organizado, el Ministerio Público informó en febrero que detuvo a 10 miembros de estas estructuras. Además, decomisaron 81 armas de fuego, incluidos fusiles AK-47; 23 granadas; cuatro lanzacohetes; 17 vehículos con compartimientos ocultos; y uniformes policiales y militares de instituciones tanto nacionales como internacionales. También confiscaron 281 100 dosis de marihuana y 160 500 dosis de crack. Estas incautaciones no solo eliminan las amenazas inmediatas, sino que también merman la capacidad operativa y el alcance de estas organizaciones.
“El remanente que queda de la droga que llega a nuestro país, aquellos kilos que se dañan o se quiebran, lo están procesando para venderlo en el mercado local hondureño”, explicó Quintanilla. “La zona donde realizamos esta operación funcionaba como un centro de acopio”.
Vigilancia clandestina en Guatemala
La sofisticación de las pandillas no es exclusiva de Honduras. En Guatemala, las autoridades enfrentan otro desafío: el uso de cámaras clandestinas para vigilar el territorio y alertar sobre operativos policiales. La Policía Nacional Civil desmontó 14 sistemas de videovigilancia instalados en las colonias Bethania, Sakerty y Amparo, ubicadas en la zona 7 de Ciudad de Guatemala, en operaciones a principios de 2026, informaron varias fuentes de noticias. El desmantelamiento de estos sistemas pone de manifiesto la necesidad de que las fuerzas de seguridad se adapten a unas amenazas cada vez más basadas en la tecnología y desarrollen capacidades que contrarresten el uso delictivo de la vigilancia.
En la colonia San Rafael II, zona 18 de Ciudad de Guatemala, se desmanteló otra red de cámaras clandestinas utilizadas por pandillas para anticipar la llegada de policías y militares durante operaciones realizadas a finales de enero. Estos dispositivos también les permitían identificar a posibles víctimas, aumentando el riesgo para los civiles y las fuerzas de seguridad, señaló la Agencia Guatemalteca de Noticias.

Un fenómeno en evolución
Para Pineda, los hallazgos en Guatemala y Honduras son evidencia de que las pandillas han pasado de utilizar métodos rudimentarios, como los “banderitas” o “postes” (personas que vigilan los accesos), a sistemas mucho más avanzados de extorsión, vigilancia y control territorial. “Esto viene ocurriendo desde hace varios años en Honduras y en otros lugares donde hay presencia de estos grupos criminales”, concluyó el experto.
La creciente sofisticación criminal de las pandillas en Centroamérica plantea un desafío mayúsculo para las autoridades, que no solo luchan contra la violencia y el tráfico de drogas, sino también contra redes criminales que han sabido adaptarse y evolucionar continuamente, utilizando tecnología y recursos de manera estratégica para consolidar su poder. Estas tendencias refuerzan la necesidad de una inversión constante en inteligencia, tecnología y coordinación interinstitucional para hacer frente de manera eficaz a las amenazas delictivas en constante evolución.


