La presencia creciente del Comando Vermelho (CV), grupo criminal brasileño, fuera de sus fronteras está transformando el panorama de la delincuencia en Sudamérica. En Chile, la llegada del CV—mediante alianzas con bandas locales y apoyos desde Bolivia y Paraguay—configura un corredor ilícito que une el Amazonas con el Pacífico. Esta dinámica introduce desafíos inéditos para la cooperación regional en materia de seguridad.
Nuevas rutas y presiones en la región
El endurecimiento de los controles en el Caribe, el Pacífico y Centroamérica obligó a las redes de narcotráfico a buscar rutas menos vigiladas. Según Juan Belikow, politólogo y especialista en crimen organizado de la Universidad de Buenos Aires, “los mejores negocios son transnacionales, porque fragmentar la operación en varios países dificulta la persecución penal. La lentitud en los mecanismos de extradición y cooperación jurídica facilita esa expansión”.
De acuerdo con Belikow, el aumento de la presión en Brasil —especialmente durante el Gobierno de Jair Bolsonaro—incentivó el desplazamiento de grupos criminales hacia países donde pudieran operar con menos riesgos operativos. “Chile, con un crecimiento [económico] sostenido y rutas en expansión, se convirtió en un punto de interés para estos criminales”, subrayó.
Mercados ilícitos y redes transnacionales en Chile
El Informe Crimen Organizado 2025 de la Fiscalía Nacional de Chile destaca que el tráfico de drogas es el principal mercado ilícito del país, favorecido por la proximidad con Bolivia, Perú y Colombia, su frontera permeable, la creciente demanda interna y las altas ganancias. El informe documenta la presencia del CV y su rival, el Primer Comando de la Capital (PCC), además de conexiones con el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación de México, responsables de envíos de droga hacia Europa y Oceanía.
Las organizaciones criminales chilenas han evolucionado rápidamente, adoptando estructuras y capacidades propias del crimen transnacional, superando ampliamente el microtráfico local tradicional. El informe detalla que la marihuana que circula en Chile proviene principalmente de Paraguay y Bolivia, mientras que la cocaína ingresa desde Bolivia, con rutas adicionales desde Perú y, en menor medida, Colombia. El ingreso de la droga se realiza tanto por pasos habilitados como no habilitados en regiones como Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, lo que facilita su distribución interna.
Al mismo tiempo, se ha registrado un aumento sostenido de secuestros vinculados al financiamiento de actividades criminales. Las mismas redes transnacionales están implicadas en la trata de personas, el tráfico de migrantes y el contrabando, integrando el secuestro y la extorsión como mecanismo de expansión y financiamiento.
Historia y consolidación del CV
El CV nació en los años 1970 en una prisión de Río de Janeiro como una organización de autoprotección. Según InSight Crime, el grupo pasó del delito común al tráfico de cocaína en los años 80, articulándose con cárteles colombianos y expandiéndose en áreas urbanas marginadas. Hoy, el CV es una organización con alcance nacional y regional: mantiene su base en Río de Janeiro, presencia en cárceles brasileñas y posiciones estratégicas en Amazonas y Mato Grosso.
Belikow explica que “los comandos brasileños operan como federaciones criminales antes que como estructuras verticales. Células locales pueden cambiar de afiliación según las condiciones del territorio, lo que genera un escenario volátil en el Cono Sur”.
Entre 2022 y 2023, el CV amplió agresivamente su control en la Región Metropolitana de Río de Janeiro, recuperando territorio frente a las milicias y alcanzando el 51,9 por ciento de las zonas controladas por grupos armados, según la plataforma británica BBC.
En la Amazonía, el CV consolidó su dominio sobre la Ruta del Solimões, un importante corredor fluvial que conecta Brasil con Colombia y Perú. El medio LatinAmerican Post señala que estas vías se han transformado en rutas de tráfico, con embarcaciones rápidas que transportan drogas y armas ocultas en cargamentos legales.
De Bolivia a Chile: el corredor andino
Douglas Farah, especialista en crimen organizado y presidente de IBI Consultants, explicó al medio chileno Ex-Ante que “durante dos décadas el CV y el PCC se expandieron en Santa Cruz, Bolivia, controlando zonas rurales y pueblos fronterizos. Esa expansión alcanzó a Perú y abrió rutas hacia Chile mediante grupos bolivianos que conocen el terreno y la estructura de mercados ilícitos”. Farah advierte que estas organizaciones no se limitan a la intermediación, sino que, una vez adquirida cierta capacidad operativa, buscan controlar directamente los mercados locales.
La competencia por el control de territorios en Chile implica riesgos importantes. Farah alerta sobre posibles enfrentamientos entre el CV, el Tren de Aragua (TdA) —la organización criminal transnacional altamente violenta, originaria de Venezuela y designada como organización terrorista por varios países— y otras redes presentes en el país.
Belikow, por su parte, señala que “el narcotráfico se sostiene en cuatro factores interrelacionados: producción de bajo costo y sin alternativas económicas; demanda global en expansión; intermediación que multiplica ganancias e incluye armas; y lavado de dinero, que mueve y oculta esos recursos. Mientras estos elementos no se aborden de manera conjunta, el problema no se detendrá”.
Desafíos operativos y éxitos
Para hacer frente a esta expansión, Chile se enfrenta a algunos desafíos institucionales y operativos. Belikow identifica área clave que requieren fortalecimiento, incluida la necesidad de modernizar los recursos policiales, judiciales y tecnológicos para contener eficazmente la infiltración de grandes organizaciones criminales transnacionales (OCT) como el CV.
El experto además señala que las organizaciones criminales han creado una asimetría operativa al adoptar tecnologías avanzadas, que actualmente desafían la capacidad de repuesta del Estado. Mientras que las OCT integran rápidamente herramientas como drones y vehículos semisumergibles de nueva generación, los procesos legislativos para actualizar las leyes y las capacidades tecnológicas suelen ir a la zaga de las sofisticadas adaptaciones de las redes de tráfico de drogas.
Sin embargo, el poder judicial independiente y las unidades fiscales especializadas de Chile han logrado éxitos notables contra las OCT, en particular contra el TdA. En marzo de 2025, los fiscales de Arica lograron condenas severas para 24 miembros del TdA en una de las ramificaciones de la banda en el norte de Chile, lo que supuso un hito importante en el desmantelamiento de las raíces de la banda. Además, en septiembre de 2025, el país consiguó la extradicción de tres presuntos miembros del TdA desde los Estados Unidos para que fueran juzgados por asesinato y secuestro en Chile, lo que demostró la sólida cooperación internacional.
Seguridad hemisférica
Frente a la expansión del crimen organizado, la cooperación internacional adquiere una importancia crucial. Belikow advierte que “la mayoría de los grupos criminales emplean tácticas terroristas para intimidar a autoridades y población”.
Subraya la necesidad de que los socios regionales utilicen mecanismos internacionales de cooperación técnica similares a los aplicados durante la pandemia. Sugiere que la adopción de un enfoque no ideológico centrado en la colaboración técnica permitiría respuestas más rápidas y unificadas, y señala que la pandemia obligó a los gobiernos a dar prioridad a medias rápidas y prácticas para hacer frente a una amenaza existencial.
Finalmente, Belikow concluye que la expansión del CV “se trata de un desafío hemisférico con implicaciones para socios como los Estados Unidos y la Unión Europea”, subrayando que “la seguridad es indivisible: el crimen organizado tiende a expandirse con rapidez y generar efectos de derrame que impactan a toda la región”.


