El alistamiento de menores por parte de bandas armadas en Haití se ha convertido en un mecanismo clave para mantener el control territorial y la capacidad operativa. Un informe de febrero de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) indica que esta práctica no solo refuerza la presencia de las pandillas en zonas disputadas, sino que también complica las operaciones de seguridad y debilita la ya frágil autoridad del Estado.
El académico Javier Oliva Posadas, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, dijo que la tendencia refleja una crisis estructural más amplia.
“Esta dinámica está vinculada a una crisis de seguridad, humanitaria y de gobernanza; un Estado fallido donde la captación de menores responde a la reducción de adultos disponibles o dispuestos a unirse a estas estructuras”, dijo Oliva a Diálogo.
Según Oliva, mientras que el reclutamiento de adultos ha disminuido en algunas zonas, el uso de menores se ha expandido, particularmente entre las poblaciones que enfrentan dificultades económicas y desplazamiento. Este cambio refleja un modelo de adaptación en el que las pandillas dependen de la población más joven para mantener sus estructuras operativas en condiciones de inestabilidad prolongada.
Funciones operativas y lógica de las pandillas
A los niños y adolescentes a menudo se les asignan inicialmente funciones de baja visibilidad, como vigilancia, mensajería o apoyo logístico. Con el tiempo, muchos se ven arrastrados a actividades delictivas más directas, como la extorsión, los secuestros y los actos de violencia.
Este modelo, según Oliva, también cumple un propósito práctico para las organizaciones criminales. “La incorporación de menores resulta mucho más ventajosa desde el punto de vista económico y en cuanto a las pérdidas humanas, lo que permite sostener las actividades delictivas con menores costos y menor exposición de los integrantes adultos”.
Esta progresión refleja una cadena de reclutamiento estructurada que permite a las pandillas generar mano de obra, mantener una presencia persistente en zonas disputadas y reforzar el control sobre las poblaciones locales. Los grupos armados en Haití mantienen influencia sobre gran parte de Puerto Príncipe y las principales rutas de acceso, lo que limita la movilidad del Estado y restringe el movimiento de la población civil. En estos entornos, el uso de menores mejora la flexibilidad operativa y respalda el control descentralizado en el terreno urbano.
Alta rotación, operaciones sostenidas
El uso de menores también refleja el papel prescindible que las pandillas les asignan dentro de sus estructuras operativas. “La participación de menores implica una alta rotación”, afirmó Oliva. “La vida útil de estos niños y niñas es muy corta, ya que son asignados a tareas de alto riesgo, lo que los expone directamente a enfrentamientos violentos con grupos rivales”.
De esta manera, las pandillas utilizan a los menores no solo para satisfacer necesidades operativas, sino también para absorber el riesgo que, de otro modo, recaería sobre los miembros adultos. Esto ayuda a las organizaciones criminales a mantener sus actividades, incluso en zonas marcadas por la confrontación constante y la inestabilidad interna.
Economías criminales y reclutamiento sostenido
La actividad de las pandillas en Haití está estrechamente vinculada a las economías ilícitas, incluyendo la extorsión, el secuestro, el robo de combustible y el control de los corredores de transporte. Estas actividades dependen de un suministro continuo de personal para hacer cumplir las normas, cobrar los pagos y vigilar los movimientos.
La Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC) ha documentado cómo los grupos criminales explotan rutas e infraestructuras estratégicas para generar ingresos. En este marco, el reclutamiento, incluido el de menores, está integrado en el modelo operativo y no es un efecto secundario de la violencia.
Al mismo tiempo, condiciones estructurales como el desplazamiento, el acceso limitado a la educación y la inestabilidad económica siguen ampliando el grupo de reclutas vulnerables, lo que refuerza la capacidad de las pandillas para mantener sus operaciones a lo largo del tiempo.
Paralelismos regionales y patrones de reclutamiento
El uso de menores por parte de grupos criminales y armados no es exclusivo de Haití. En toda Latinoamérica han surgido patrones similares en contextos marcados por desafíos de seguridad y economías ilícitas.
En México, organizaciones de la sociedad civil como Tejiendo Redes Infancia estiman que los grupos criminales pueden reclutar entre 35 000 y 45 000 niños y adolescentes al año, aunque no hay cifras oficiales que documenten la magnitud total del fenómeno. Otras estimaciones indican que entre 145 000 y 250 000 menores corren el riesgo de ser reclutados.
En Colombia, los informes de organizaciones internacionales apuntan a un aumento significativo en el reclutamiento y uso de menores por parte de grupos armados —un 300 por ciento en los últimos cinco años—, lo que refleja desafíos persistentes.
En Haití, estos patrones son similares. Según Oliva, el uso de menores para tareas como sicariato y vigilancia presenta paralelismos claros con México y Colombia. No obstante, el especialista subrayó que las tácticas varían según el contexto local.
“Hay similitudes, pero también matices. En términos de capacidad operativa, las organizaciones criminales en México tienen mayor poder de fuego, lo que marca diferencias significativas en la escala de sus actividades”, dice Oliva.
En todos estos casos, el reclutamiento no es incidental, sino que forma parte de sistemas operativos más amplios que dependen del control territorial, la gestión de la población y el acceso sostenido a comunidades vulnerables.
Implicaciones para las operaciones de seguridad
El papel creciente de los menores en las estructuras de las pandillas presenta desafíos complejos para las fuerzas de seguridad que operan en entornos urbanos. La integración de niños en las redes criminales difumina la distinción entre combatientes y civiles, lo que complica la planificación operativa y las reglas de enfrentamiento.
Al mismo tiempo, esta práctica contribuye a la resiliencia de las pandillas al ampliar la base de reclutamiento, reducir los costos operativos y permitir una mayor adaptabilidad en las zonas en disputa.
Si bien las operaciones de seguridad siguen siendo fundamentales para contrarrestar la actividad de las pandillas, abordar las dinámicas de reclutamiento será clave para mantener el progreso a largo plazo. Los esfuerzos de las naciones aliadas y las fuerzas internacionales, incluido el apoyo a las instituciones de seguridad de Haití, deben continuar para desarticular las operaciones de las pandillas y, al mismo tiempo, limitar su capacidad de regenerarse a través de las poblaciones vulnerables.


