Con más de 18 millones de habitantes, la economía más grande de Centroamérica y una ubicación estratégica entre el Atlántico y el Pacífico, Guatemala ocupa una posición singular dentro del panorama regional. Al mismo tiempo que el país busca modernizar su infraestructura portuaria, digital y tecnológica, empresas y tecnología chinas han ampliado su presencia en distintos sectores. Esto ha impulsado un debate más amplio sobre cómo proteger la infraestructura crítica, fortalecer la resiliencia digital y evitar dependencias tecnológicas que puedan afectar la seguridad nacional y la capacidad de decisión del Estado.
Guatemala también posee un valor estratégico para Pekín por ser el principal aliado diplomático de Taiwán en Centroamérica y uno de los pocos países del mundo que aún reconocen oficialmente a Taipéi. “Si China lograra modificar la posición diplomática guatemalteca, no solo obtendría un reconocimiento adicional bajo el principio de ‘Una Sola China’, sino que consolidaría su presencia política en una región históricamente vinculada a Estados Unidos”, explica a Diálogo Juan Manuel Aguilar, profesor investigador de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Según los expertos, Guatemala es solo la punta del iceberg de una estrategia regional más amplia mediante la cual China está fortaleciendo su presencia en Centroamérica y el Caribe a través de inversiones en telecomunicaciones, puertos, infraestructura digital y programas de capacitación tecnológica. El objetivo no se limita a la expansión comercial, sino que también podría facilitar el acceso a datos, infraestructuras críticas, cadenas de suministro y procesos de toma de decisiones, ampliando así la influencia geopolítica de Pekín en la región.
En este contexto, una de las principales preocupaciones de los analistas se centra en las denominadas infraestructuras de doble uso. Aunque estos proyectos suelen desarrollarse con fines comerciales o civiles, determinadas infraestructuras —como puertos, telecomunicaciones, plataformas digitales o sistemas de almacenamiento de datos— también pueden desempeñar funciones críticas para el funcionamiento del Estado. “El principal riesgo es que puedan ser utilizadas para funciones estratégicas, logísticas o de inteligencia”, advierte Aguilar.
El caso Huawei
Huawei se ha consolidado como uno de los principales proveedores tecnológicos chinos en Latinoamérica con presencia en telecomunicaciones, computación en la nube, inteligencia artificial, almacenamiento de datos y programas de capacitación. En Honduras, Huawei afirmó en 2019 proveer alrededor del 70 por ciento del equipamiento de telecomunicaciones del país, según un informe del centro de pensamiento Centroamericano Expediente Abierto. El informe sostiene que esa amplia presencia en las redes 3G y 4G facilitó posteriormente la transición hacia tecnologías 5G dentro del mismo ecosistema tecnológico. En Panamá la empresa ha participado en proyectos de ciudades inteligentes y videovigilancia; mientras que en Costa Rica, El Salvador y República Dominicana ha ampliado su presencia mediante redes móviles, servicios en la nube y programas de capacitación.
En Guatemala, donde no existen relaciones diplomáticas con Pekín, el papel de Huawei adquiere una relevancia aún mayor. “A diferencia de otros países de la región donde la influencia china se apoya en relaciones diplomáticas formales, en Guatemala Huawei ha actuado como una especie de puente tecnológico e institucional”, afirma Aguilar.
Huawei también ha ampliado su presencia tanto en el sector privado como en instituciones públicas. La empresa mantiene una alianza con el Instituto Técnico de Capacitación y Productividad (INTECAP) de Guatemala mediante la Huawei ICT Academy para capacitar profesionales en 5G, computación en la nube, ciberseguridad, inteligencia artificial y big data. Asimismo, en 2025 el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) anuló un proceso para adquirir un sistema de respaldo y recuperación de datos ofrecido por un distribuidor de tecnología Huawei, una decisión que reavivó el debate sobre el uso de tecnologías extranjeras en sistemas que administran información sensible del Estado.
“Cuando una empresa comienza a influir en los procesos de formación, certificación profesional y adopción tecnológica, también influye indirectamente en la forma en que un país desarrolla sus capacidades digitales futuras”, observa Aguilar.
Puertos, logística y datos
Paralelamente, empresas chinas han incrementado su participación en proyectos portuarios y logísticos en Latinoamérica mediante el suministro de equipos especializados e infraestructura asociada al comercio marítimo.
En Panamá, empresas chinas han consolidado su presencia alrededor de las infraestructuras vinculadas al Canal; en El Salvador han mostrado interés en el puerto de La Unión y en zonas económicas especiales sobre el Pacífico; mientras que en el Caribe Beijing ha financiado o contribuido a la modernización de infraestructuras portuarias en Jamaica, Bahamas y Trinidad y Tobago.
En Guatemala, en 2024, la empresa china ZPMC suministró cuatro equipos portuarios móviles (straddle carriers) para manejo de contenedores para el puerto de Santo Tomás de Castilla, equipados con sistemas de diagnóstico remoto y monitoreo digital. Operadores privados utilizan además grúas y escáneres producidos por la misma compañía, mientras que Hikvision mantiene presencia a en el mercado guatemalteco de sistemas comerciales de videovigilancia.
Para los analistas, el principal desafío no radica únicamente en quién fabrica o suministra la infraestructura, sino en la información estratégica que estos sistemas generan y administran. Puertos, redes logísticas, plataformas digitales y telecomunicaciones producen grandes volúmenes de datos operacionales cuyo acceso, protección y gobernanza adquieren un creciente valor estratégico. “Cuando una potencia extranjera participa en infraestructura portuaria, logística, telecomunicaciones o sistemas digitales asociados, obtiene también acceso potencial a información sobre flujos comerciales, movimientos de mercancías, patrones logísticos y funcionamiento de cadenas de suministro”, explica Aguilar.
La dimensión cibernética
Si los puertos, las telecomunicaciones y la logística representan la dimensión física de la creciente presencia tecnológica china, el ciberespacio constituye su frente más invisible. En abril de 2025, durante una revisión conjunta realizada por autoridades guatemaltecas y el Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM), fue identificada actividad atribuida al grupo chino de ciberespionaje APT15 —también conocido como Nickel, Ke3Chang, Vixen Panda o Nylon Typhoon—en los sistemas del Ministerio de Relaciones Exteriores. Las autoridades guatemaltecas informaron que la intrusión se habría producido en 2022.
Según Aguilar, el significado del incidente va mucho más allá de la intrusión en sí: “Tradicionalmente, el espionaje se enfocaba en obtener documentos clasificados o secretos específicos. Hoy observamos una transición hacia un modelo centrado en datos. El objetivo ya no es únicamente robar información sensible, sino construir una representación digital completa del funcionamiento de un Estado”.
En este modelo de espionaje, cada base de datos, red o sistema comprometido contribuye a construir un mapa detallado de las instituciones y de las infraestructuras críticas. “La pregunta fundamental para Guatemala no es solamente quién logró entrar en una red gubernamental, sino qué conocimiento acumulado pudo haberse obtenido sobre el funcionamiento integral del Estado guatemalteco”, señala Aguilar.
El caso de Guatemala refleja cómo la creciente presencia de empresas y tecnologías chinas en sectores estratégicos de Latinoamérica ha ampliado el debate sobre la seguridad de las infraestructuras críticas, la soberanía digital y el control de los datos. Para los especialistas, el desafío consiste en garantizar que la modernización tecnológica no genere dependencias que puedan comprometer la capacidad de los Estados para proteger sus intereses estratégicos.