Paraguay y sus aliados regionales refuerzan la lucha contra el PCC

En los últimos años, las fuerzas de seguridad sudamericanas han intensificado una campaña coordinada contra el Primer Comando de la Capital (PCC), una de las organizaciones criminales más poderosas y con mayor alcance de Brasil. Paraguay se ha convertido en un frente clave en esta batalla, ya que las autoridades trabajan para desmantelar la extensa red de la banda y desarticular sus lucrativas operaciones de tráfico de drogas.

La expansión del PCC en Paraguay ha sido metódica y violenta. Se cree que la organización consolidó su control sobre rutas estratégicas de drogas en 2016, tras el asesinato del narcotraficante brasileño Jorge Rafaat Toumani, en la ciudad fronteriza de Pedro Juan Caballero. Según el periodista brasileño y especialista en crimen organizado André Caramante, Toumani había sido un obstáculo para las ambiciones internacionales del PCC.

“Rafaat controlaba el paso de las drogas y cobraba cuotas a las facciones brasileñas para permitir el paso de los cargamentos; un cuello de botella que el PCC necesitaba eliminar para expandir su negocio internacional”, dijo Caramante a Diálogo.

Con la muerte de Toumani, el PCC obtuvo un mayor acceso a las armas y una ruta directa para el contrabando de drogas desde Sudamérica hacia Europa y África. Según se informa, esta expansión fue encabezada por Sérgio de Arruda Quintiliano Neto, alias Minotauro. Caramante señaló que la vulnerabilidad de la frontera entre Brasil y Paraguay ha permitido al PCC fortalecer su poder en ambos países.

Este cambio estratégico ha transformado el papel de Paraguay en el tráfico de drogas. El diario paraguayo ABC informa que, en los últimos años, el país ha pasado de ser principalmente un centro de producción de marihuana a un punto de tránsito, fundamental para la cocaína destinada a los mercados de Brasil, Europa y África.

El PCC opera tanto dentro como fuera de las prisiones, aprovechando la fragilidad de los sistemas penitenciarios para reclutar miembros y coordinar sus actividades delictivas, una dinámica que lo convierte en un reto formidable para las fuerzas de seguridad. “Esta red, que opera simultáneamente en las calles y tras las rejas, garantiza un mando centralizado difícil de desmantelar”, afirmó Caramante.

Paraguay ha respondido con acciones contundentes y coordinadas. En febrero de 2019, una operación conjunta de la policía federal brasileña y paraguaya condujo a la detención de Minotauro en Santa Catarina, Brasil. Caramante describió este hecho como un “hito en la lucha contra la facción”, que demuestra el poder de la cooperación internacional.

Este esfuerzo de colaboración ha continuado a lo largo de los años. En 2024, Paraguay expulsó a 25 presos pertenecientes al PCC y a otros grupos criminales brasileños. Los presos fueron enviados a cumplir el resto de sus condenas a Brasil. La operación a gran escala, en la que participaron más de 800 miembros de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas de Paraguay, puso de relieve el compromiso paraguayo para desarticular el poder de la banda dentro de su propio sistema penitenciario.

Los recientes éxitos judiciales ilustran aún más esta determinación. El 28 de julio, un tribunal paraguayo condenó a tres miembros del PCC por tráfico de drogas y organización criminal. Alcides de Jesús Villasboa Peralta fue condenado a 12 años y Milciades Pedra a ocho años por tráfico de cocaína, mientras que Elio Balvino Ovelar recibió cuatro años y medio por organización criminal. Las condenas se derivan de una investigación de 2022 sobre el asesinato de Marcos Rojas, alias Marcos Capital, y la modelo Cristina “Vita” Aranda durante un concierto.

Según un informe de la Fiscalía General de São Paulo, Paraguay tiene el mayor número de miembros del PCC fuera de Brasil, con casi 700 miembros confirmados. El alcance global de la banda es asombroso; el mismo informe, obtenido por GloboNews y G1, indica que el PCC tiene al menos 2078 miembros en 28 países de cuatro continentes. Otros países con una presencia significativa del PCC son Venezuela (656 miembros), Bolivia (146) y Uruguay (140).

Organizaciones como el PCC no son solo un problema regional. Luis Fleischman, profesor de sociología y ciencias políticas en la Universidad Estatal de Palm Beach, señala que los vínculos de la banda se extienden hasta la milicia libanesa Hezbolá. “Organizaciones como el PCC son peligrosas no solo por sus actividades ilegales y sus acciones criminales”, afirma. “Hoy en día, estos grupos cooperan con terroristas y facilitan sus actividades”.

El modelo de negocio del PCC es sofisticado y aprovecha la extensa red portuaria de Brasil, en particular el puerto de Santos, para exportar drogas a Europa y África. Allí, la banda negocia directamente con mafias europeas, como la ‘Ndrangheta italiana. “Este modelo de ‘franquicia del crimen’ amplía el alcance de la organización y dificulta la actuación de las fuerzas de seguridad”, afirma Caramante.

En respuesta a esta creciente amenaza, Argentina anunció recientemente la creación de una fuerza de élite inspirada en el Buró Federal de Investigaciones (FBI), de los Estados Unidos. El nuevo Departamento Federal de Investigaciones (DFI) tiene la misión de combatir los delitos complejos. Su primera misión se enfocará en el PCC. El Ministerio de Seguridad de Argentina ha identificado varios casos clave que demuestran la influencia del PCC en el país, entre ellos personas involucradas en el tráfico de armas y el contrabando intercontinental de cocaína.

La seguridad colectiva de la región depende de los esfuerzos sostenidos y colaborativos de todas las naciones. Las experiencias de países como Paraguay y las nuevas iniciativas en Argentina, subrayan el entendimiento común de que para hacer frente a la amenaza transnacional que representa el PCC es necesario un frente unido que trascienda las fronteras.

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