Las Américas pasan de los compromisos a la acción contra las amenazas transnacionales

Las redes criminales que trafican drogas, armas y otros bienes ilícitos a través de las Américas operan sin detenerse ante las fronteras nacionales. Frente a esa amenaza, los países de la región avanzan hacia mecanismos de cooperación que buscan conectar inteligencia, capacidades y operaciones más allá de sus propios territorios.

La Declaración de Cusco y la Coalición de las Américas contra los Cárteles reflejan esa tendencia. Aunque son iniciativas distintas, ambas apuntan a fortalecer la coordinación regional frente a amenazas transnacionales. Mientras la primera establece compromisos de cooperación hemisférica, la Coalición de las Américas avanza hacia planes de campaña, responsabilidades compartidas y mecanismos para coordinar acciones contra redes criminales prioritarias.

Ministros de Defensa y representantes de 33 países participaron del 7 al 10 de julio de 2026 en la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, celebrada en Cusco, Perú. Las delegaciones analizaron, entre otros desafíos, el crimen organizado transnacional, el narcotráfico, el tráfico ilícito de armas y las amenazas cibernéticas, informó el Ministerio de Defensa de Perú.

La Declaración de Cusco, adoptada al finalizar la conferencia, estableció compromisos para fortalecer el intercambio de información, las capacidades institucionales y las operaciones coordinadas. También incluyó la cooperación en seguridad fronteriza, ciberdefensa, protección del ciberespacio e interoperabilidad, respetando la soberanía y el ordenamiento jurídico de cada Estado.

Un mes después, representantes de defensa y seguridad de 19 países se reunieron en Panamá en el marco de la Coalición de las Américas, enfocada en fortalecer la respuesta regional contra las organizaciones criminales transnacionales.

El encuentro produjo resultados concretos de planificación. Los participantes perfeccionaron planes de campaña contra redes criminales prioritarias, distribuyeron responsabilidades, designaron países líderes y establecieron grupos de trabajo con objetivos y plazos específicos. La coalición también comenzó evaluaciones de campaña y prevé completar para noviembre un plan destinado a orientar sus esfuerzos conjuntos, informó el Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM).

Para Juan Belikow, politólogo y especialista en seguridad y crimen organizado de la Universidad de Buenos Aires, fortalecer el intercambio de información resulta fundamental para enfrentar organizaciones que aprovechan las diferencias entre países y jurisdicciones.

“Cualquier nivel de cooperación siempre es bienvenido. Cualquier refuerzo del intercambio de información en esta materia es absolutamente vital y eso siempre es positivo”, dijo Belikow a Diálogo.

La coalición continuó ampliando la participación regional después de la reunión de Panamá. Colombia formalizó su incorporación en agosto y destacó la necesidad de profundizar la planeación, coordinación y ejecución de operaciones, respetando la soberanía y el ordenamiento jurídico de cada país.

En septiembre, Perú anunció su incorporación al Escudo de las Américas. La presidenta peruana, Keiko Fujimori, destacó que la participación permitirá al país acceder con mayor rapidez a información para enfrentar organizaciones criminales que operan a través de las fronteras.

Inteligencia para actuar

El intercambio de información constituye uno de los ejes de esa transición hacia una cooperación más operativa. Las organizaciones criminales mueven drogas, dinero, armas, precursores y apoyo logístico entre jurisdicciones; enfrentarlas requiere conectar información obtenida por distintos países y convertirla en decisiones operativas.

Ecuador ofrece un ejemplo de cómo ese modelo de cooperación puede funcionar en la práctica. Entre finales de agosto y septiembre, fuerzas ecuatorianas y estadounidenses coordinaron una serie de operaciones marítimas contra embarcaciones vinculadas a la logística del narcotráfico en el Pacífico. Las acciones combinaron inteligencia, capacidades marítimas y autoridades nacionales para presionar no sólo los cargamentos de droga, sino también las redes de abastecimiento que permiten operar a las organizaciones criminales.

SOUTHCOM vinculó las acciones con los objetivos de la coalición de generar presión sostenida sobre las redes criminales. Para los países participantes, ese tipo de coordinación ofrece un modelo para conectar información obtenida en distintas jurisdicciones y convertirla en acciones contra rutas, embarcaciones, estructuras logísticas y fuentes de financiamiento.

Capacidades que se complementan

La cooperación regional no requiere que todos los países dispongan de las mismas capacidades. Su valor está precisamente en poder conectar recursos y experiencias diferentes frente a una red criminal que utiliza rutas marítimas y terrestres, sistemas financieros, comunicaciones y estructuras logísticas distribuidas entre varios países.

Panamá, por ejemplo, activó en agosto la Operación Escudo de Acero, que integra capacidades del Servicio Nacional de Fronteras (SENAFRONT) y del Servicio Nacional Aeronaval (SENAN) para reforzar la vigilancia, el control territorial y la presencia estatal en la frontera con Colombia. Esas capacidades fronterizas pueden complementarse con inteligencia, vigilancia marítima, investigación financiera, unidades especializadas y otros recursos aportados por países socios.

Esa complementariedad es uno de los principios que la coalición busca convertir en campañas coordinadas. En lugar de que cada país persiga de manera aislada la parte de una organización criminal que aparece dentro de su territorio, el objetivo es conectar capacidades nacionales para presionar distintos componentes de una misma red.

“Nuestra fortaleza está en nuestras capacidades complementarias”, afirmó el General del Cuerpo de Infantería de Marina de los EE. UU. Francis L. Donovan, comandante de SOUTHCOM, durante el encuentro de agosto. Según el Gral. Donovan, las campañas coordinadas buscan generar “presión sistemática” sobre las redes criminales.

La interoperabilidad también forma parte de los compromisos establecidos en Cusco. Ejercicios conjuntos, capacitación e intercambio de información permiten que fuerzas con estructuras, equipos y autoridades diferentes puedan comunicarse, coordinarse y actuar frente a una amenaza común.

La capacitación conjunta puede ayudar a reducir esas diferencias y, al mismo tiempo, construir la confianza necesaria para compartir información sensible.

“La capacitación genera contactos personales, y los contactos personales ayudan a la confianza […]. Si usted conoce a su interlocutor del otro lado, es más fácil que esa cooperación, en términos prácticos, realmente funcione”, explicó Belikow.

De la coordinación a las campañas

La cooperación regional avanza ahora hacia una etapa más operativa: convertir los acuerdos y mecanismos de coordinación en campañas sostenidas capaces de actuar simultáneamente contra distintos componentes de una red criminal.

“Tenemos que bajar del nivel político de estas reuniones al nivel operativo, técnico, concreto. Y yo creo que en ese camino se está yendo”, afirmó Belikow.

Las diferencias entre las legislaciones nacionales continúan siendo un factor que los países deben gestionar. Fuerzas militares y policiales, fiscalías y sistemas judiciales operan bajo autoridades y marcos jurídicos distintos, aun cuando las organizaciones que persiguen se mueven entre varios países. La coordinación permite que cada Estado aporte capacidades y actúe dentro de sus propias autoridades, al tiempo que conecta sus esfuerzos con los de sus socios.

La Declaración de Cusco y la Coalición de las Américas avanzan por vías distintas, pero reflejan una misma evolución en la cooperación hemisférica: pasar de reconocer amenazas compartidas a desarrollar mecanismos para enfrentarlas de manera coordinada.

Con un plan de campaña previsto para noviembre, la coalición avanza hacia una mayor integración de esos esfuerzos. La distribución de responsabilidades, la identificación de redes prioritarias y la combinación de capacidades buscan mantener una presión coordinada sobre organizaciones criminales que operan simultáneamente en múltiples países y jurisdicciones.

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