Cuando ABC News relató el rescate de una perra y sus cachorros entre los escombros del terremoto que devastó Venezuela, la historia parecía una de las muchas anécdotas conmovedoras surgidas de la tragedia. Pero el animal no se limitó a guiar a los rescatistas hasta sus crías. Sus insistentes ladridos llevaron a los equipos a inspeccionar una sección específica de los escombros, donde localizaron y rescataron a una mujer que había quedado atrapada.
El episodio ilustró una realidad bien conocida por los especialistas en búsqueda y rescate: cuando se trata de localizar personas sepultadas bajo montañas de concreto y acero, pocas tecnologías han logrado reemplazar plenamente las capacidades de un perro entrenado. Dotados de un olfato extraordinario y una gran agilidad, estos animales pueden desplazarse entre estructuras inestables y montones de escombros donde el acceso suele ser imposible para las personas o la maquinaria, enfrentando además riesgos constantes entre láminas metálicas, vidrios y barras de acero expuestas.
Desde el terremoto del 24 de junio, más de 2000 rescatistas y 137 perros de búsqueda y rescate procedentes de distintos países participaron en las operaciones de emergencia. Entre ellos se encontraban Tsunami, Blade, Kayra, Dastan, Bart y Atenea, nombres que para miles de familias venezolanas se convirtieron en sinónimo de esperanza. Junto con sus guías, bomberos, militares y especialistas en protección civil, integraron una de las mayores movilizaciones multinacionales de búsqueda y rescate registradas en la región.
Un olfato que ninguna máquina ha lograo reemplazar

Cuando un terremoto reduce barrios enteros a montañas de escombros, el tiempo se convierte en el principal enemigo. Durante las primeras 72 horas, conocidas como la ventana de oro del rescate, cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
“Hasta hoy el ser humano no ha logrado crear una herramienta igual o más eficiente que el olfato y los sentidos de un perro”, explicó a Univisión Jorge Beens, fundador y director del Centro de Formación de Equipos Caninos de Intervención de Desastres (K-SAR ECID) de Venezuela y guía de Tsunami. “El perro construye una especie de catálogo de olores, pero la principal referencia que utiliza es el dióxido de carbono producido por la respiración”.
Por esta razón, las unidades caninas, también conocidas como K9, constituyen un componente esencial de los equipos de búsqueda y rescate urbano (USAR). “Una vez que los perros localizan este rastro, los equipos de rescate pueden intervenir utilizando cámaras y otros equipos para determinar el mejor punto de acceso a la víctima e iniciar las operaciones de extracción”, explicó a Diálogo Denise Sanders, directora sénior de comunicaciones y operaciones de equipos de búsqueda de la Search Dog Foundation (SDF), organización sin fines de lucro con sede en California que selecciona y entrena perros de búsqueda para los rescatistas estadounidenses, seis de los cuales fueron desplegados en Venezuela.
Los perros no trabajan de forma aislada. Su función consiste en reducir el área de búsqueda para que ingenieros estructurales, especialistas en rescate, personal médico y otros integrantes del equipo USAR puedan concentrar sus esfuerzos donde existen mayores probabilidades de encontrar sobrevivientes.
No todos los perros cumplen la misma función. Algunos están entrenados para localizar personas vivas y otros para detectar restos humanos. En el contingente argentino, por ejemplo, Gino y Brooklyn fueron utilizados para la localización de personas fallecidas, mientras que Bart y Frida participaron en la búsqueda de sobrevivientes. Más de 96 horas después del sismo, Bart, un pastor belga malinois, identificó el punto exacto donde excavar para llegar hasta dos menores atrapados bajo los escombros.
“Bart marcó el objetivo y, sobre todo, indicó la dirección en la que debíamos trabajar. Esto es muy importante porque el tiempo es oro”, declaró el Coronel Miguel Ángel Wissinger, comandante del contingente argentino.
Años de entrenamiento
Detrás de cada intervención exitosa hay años de selección, entrenamiento y trabajo conjunto entre el perro y su guía.
“El vínculo entre el guía y el perro es lo que mantiene unidas todas las capacidades de un equipo operativo”, explica Sanders. “Las habilidades que enseñamos a los perros —búsqueda entre escombros, agilidad y respuesta a comandos direccionales— son fundamentales, pero la relación entre el perro y su guía continúa desarrollándose a lo largo de toda su carrera conjunta y permite al equipo afrontar cualquier desafío, tanto durante el entrenamiento como en una misión real”.
Los perros seleccionados pasan meses entrenándose en estructuras colapsadas simuladas, túneles y superficies inestables. Posteriormente, son asignados a sus futuros guías, formando el llamado binomio, y continúan entrenándose durante toda su vida operativa.
No existe una única raza ideal para este trabajo, pero algunas características son esenciales: valentía, resistencia física, agilidad, energía y capacidad de concentración. Los labradores, pastores alemanes, golden retriever, border collies y especialmente los pastores belgas malinois suelen reunir estas cualidades. Estos últimos destacan por su velocidad, fuerza y facilidad para desplazarse entre espacios reducidos, como demostró Dastan del Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá, quien ya había participado en operaciones de rescate tras el terremoto de Haití en 2021.
Un recurso estratégico para las Américas

El terremoto de Venezuela puso de manifiesto no solo la eficacia de las unidades caninas, sino también la importancia de contar con suficientes equipos entrenados antes de que ocurra una emergencia. En Estados Unidos se estima que serían necesarios alrededor de 450 equipos certificados para responder adecuadamente a desastres de gran magnitud, pero actualmente existe aproximadamente la mitad. En Latinoamérica, el número de binomios certificados también sigue siendo limitado frente a la frecuencia de terremotos, huracanes, inundaciones, deslizamientos de tierra, erupciones volcánicas e incendios forestales.
Al mismo tiempo, la región ha desarrollado una importante experiencia operativa. Muchos de los perros desplegados en Venezuela ya habían participado en misiones internacionales en Haití, México, Chile, Ecuador y Turquía, demostrando el valor de años de entrenamiento, certificación y cooperación entre países.
Tsunami es un ejemplo de ello. Rescatado años atrás de una situación de abandono y maltrato, este border collie venezolano ya había trabajado en Turquía tras el terremoto de 2023. Durante la emergencia en su país, ayudó a localizar a más de 20 sobrevivientes.
“Venezuela necesita más perros especializados en búsqueda y rescate. Es necesario que el sector privado y el Estado nos ayuden a crear este primer centro de formación para equipos caninos, para que no existan únicamente Jorge Beens y Tsunami, sino muchos más binomios preparados para intervenir cuando sea necesario”, afirmó Beens.
Muchos de los perros que hoy trabajan entre los escombros también fueron rescatados de situaciones de abandono.
“Ver a un perro que tuvo un comienzo complicado, que quizá no confiaba en los seres humanos, ganar seguridad a través del juego de búsqueda y terminar salvando vidas después de un desastre es algo extraordinario”, concluye Sanders.
El 3 de julio, cuando las operaciones internacionales de búsqueda y rescate llegaban a su fin, las autoridades venezolanas otorgaron la medalla “Héroes Caninos de Venezuela” a 36 perros de 12 países, en reconocimiento a su labor en la localización de sobrevivientes durante la respuesta multinacional.
En la Venezuela golpeada por el terremoto, los perros de rescate no solo ayudaron a localizar sobrevivientes. Integrados en equipos de búsqueda y rescate procedentes de todo el continente, demostraron cómo años de entrenamiento, junto con la cooperación internacional, pueden marcar la diferencia cuando cada minuto cuenta. Entre los escombros, estos rescatistas de cuatro patas se convirtieron en uno de los símbolos más visibles del compromiso compartido de salvar vidas.



