Las rutas de la droga en Guatemala: la nueva geografía del crimen organizado

Aunque Guatemala sigue siendo uno de los principales países de tránsito de cocaína en Centroamérica, está adquiriendo un papel cada vez más estratégico en las cadenas regionales de suministro de drogas sintéticas, reflejo de la transformación del narcotráfico global. Su ubicación en las principales rutas comerciales regionales e internacionales lo convierte en un punto de conexión entre los productores asiáticos de precursores químicos, los laboratorios clandestinos mexicanos y el mercado norteamericano.

Según la Subdirección General de Análisis e Información Antinarcótica (SGAIA), de la Policía Nacional Civil de Guatemala, en 2025 las incautaciones de drogas sintéticas aumentaron con respecto al año anterior. La metanfetamina decomisada pasó de 3,4 a 6,13 kilogramos y las autoridades reportaron además el decomiso de 500 dosis de fentanilo, mientras continuaban las operaciones contra redes dedicadas al tráfico de precursores químicos.

“Guatemala es utilizado como país de tránsito para el contrabando de sustancias químicas y precursores destinados a México, donde son empleados para producir fentanilo”, explica a Diálogo la periodista guatemalteca Julie López, especialista en narcotráfico. López también destaca la presencia de laboratorios clandestinos dedicados a la producción de drogas sintéticas. “En zonas remotas de la frontera con México y a lo largo de la costa sur se han descubierto laboratorios que producen principalmente metanfetaminas”.

En mayo de 2025, las autoridades desmantelaron en San José Pinula, en las afueras de Ciudad de Guatemala, el mayor laboratorio clandestino de drogas sintéticas descubierto hasta la fecha en el país. En su interior fueron incautados 132 recipientes con sustancias químicas, entre ellas ketamina, además de materiales destinados a la elaboración de drogas sintéticas como metanfetamina y tusi, la llamada “droga rosa”.

Al no dependen de cultivos agrícolas, las drogas sintéticas ofrecen a las organizaciones criminales una mayor flexibilidad logística. Algunos productos terminados concentran un alto valor en cargamentos relativamente pequeños, aunque su fabricación depende de complejas redes internacionales de abastecimiento de precursores químicos. Esta transformación coincide con un acelerado declive del cultivo de amapola, del que Guatemala fue durante décadas unos de los principales productores de Latinoamérica, y ha favorecido la llegada de nuevos actores criminales transnacionales, además de los cárteles mexicanos.

El Global Organized Crime Index 2025 señala la presencia de organizaciones criminales turcas involucradas tanto en el tráfico de cocaína hacia Europa como en el comercio de fentanilo junto al Cártel de Sinaloa, reflejando la creciente importancia de Guatemala dentro de las cadenas logísticas del crimen organizado transnacional.

De las rutas del contrabando a los precursores del fentanilo

La expansión de las drogas sintéticas en Guatemala aprovecha redes de contrabando ya existentes. Los corredores logísticos utilizados durante años para importar medicamentos falsificados y productos químicos procedentes de China hoy sirven también para introducir los precursores destinados a la producción de fentanilo y metanfetaminas.

En este proceso, la presencia de los carteles mexicanos ha sido determinante. El Cártel de Sinaloa, establecido desde hace años en el país opera mediante una estructura relativamente descentralizada apoyada en grupos locales. Más reciente es la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). “El CJNG, que llegó a Guatemala alrededor de 2021, siguió la ruta y la zona de influencia que anteriormente pertenecían a Los Zetas”, afirma López. “Se asociaron con un grupo local de Huehuetenango conocido como Los Huistas, tradicionales aliados del Cártel de Sinaloa”. Una de las principales rutas del CJNG parte de Honduras, atraviesa la Franja Transversal del Norte hasta Huehuetenango, en la frontera con México, y continúa hacia Chiapas, demostrando que los mismos corredores utilizados durante años para transportar cocaína hoy sirven también para movilizar precursores químicos.

Los grupos guatemaltecos desempeñan además un papel cada vez más importante como intermediarios entre productores asiáticos, carteles mexicanos y operadores logísticos regionales. En mayo, las autoridades desmantelaron una red local que coordinaba la importación de precursores procedentes de la India con destino a laboratorios mexicanos, utilizando empresas de mensajería internacional, compañías de transporte, firmas de importación y exportación e incluso el sistema de remesas para ocultar los flujos financieros. Asimismo, en abril el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó al empresario guatemalteco Jaime Augusto Barrientos Camaz, señalado como facilitador del abastecimiento de precursores químicos para el Cártel de Sinaloa.

Las redes criminales chinas también aparecen cada vez con mayor frecuencia en esta cadena logística. El caso de Wenshen Xu, detenido en Guatemala en 2025 y posteriormente extraditado a Estados Unidos, demuestra cómo el país forma parte del espacio operativo utilizado por organizaciones criminales asiáticas y carteles mexicanos para coordinar redes logísticas y financieras vinculadas al narcotráfico. Wenshen admitió haber organizado operaciones logísticas para el CJNG, transportando cocaína desde Colombia y lavando millones de dólares procedentes del tráfico de cocaína y fentanilo.

El corredor del Pacífico

La creciente presión de las autoridades sobre las pistas clandestinas utilizadas para el tráfico aéreo de cocaína ha incrementado la importancia del corredor del Pacífico para los cárteles, que trasladan cada vez más sus operaciones hacia el Pacífico. Según El País, desde principios de 2026 el corredor Ecuador-Guatemala-México se ha consolidado como una de las principales rutas marítimas para el envío de cocaína hacia Norteamérica.

El Cártel de Sinaloa y el CJNG utilizan una compleja red logística basada en buques de carga, embarcaciones pesqueras, lanchas rápidas y transbordos en alta mar, reduciendo así el riesgo de perder cargamentos completos en caso de una interdicción.

“La principal ventaja del tráfico marítimo es que la droga puede ocultarse en cualquier tipo de mercancía o contenedor. Cada día circulan miles de contenedores y es imposible inspeccionarlos todos, lo que facilita enormemente el transporte de droga por vía marítima”, explica López.

Las operaciones antidrogas confirman esta tendencia. En enero de 2026, las autoridades guatemaltecas incautaron en Puerto Quetzal casi cinco toneladas de cocaína ocultas en siete contenedores cargados con harina procedentes de Sudamérica y con destino a México, el mayor decomiso registrado en el país en los últimos 12 años. En los meses siguientes, las armadas de Guatemala y México interceptaron varias embarcaciones entre Puerto San José y Puerto Chiapas, todas vinculadas al mismo corredor marítimo que conecta el litoral ecuatoriano con México.

Un desafío para la seguridad regional

La convergencia entre el tráfico de cocaína, los precursores químicos, las drogas sintéticas y la logística marítima ha convertido a Guatemala en un nodo estratégico de la cadena de suministro criminal transnacional, haciendo que las redes del narcotráfico sean cada vez más flexibles y resilientes.

La próxima transformación podría ser aún más significativa. “La gran evolución del narcotráfico en Guatemala tiene que ver con el cultivo de hoja de coca. En los últimos años se han identificado cultivos principalmente en la zona centro-norte del país y en el departamento de Petén”, advierte López.

Aunque estos cultivos todavía no representan una producción comparable con la de los países andinos, su aparición podría indicar el interés de las organizaciones criminales por incorporar nuevas etapas de la cadena productiva dentro de Centroamérica.

En este contexto, el control del territorio adquiere un valor estratégico cada vez mayor. La disputa entre el Cártel de Sinaloa, el CJNG y otros grupos criminales a lo largo de la frontera entre Guatemala y México, que ya ha provocado el desplazamiento de civiles en algunas zonas fronterizas, pone de relieve la importancia de controlar corredores estratégicos para garantizar el flujo de drogas, precursores químicos, armas y recursos financieros. Al mismo tiempo, el desplazamiento de las rutas hacia el Pacífico amplía el alcance operativo de estas organizaciones y hace aún más complejo su combate.

Las operaciones realizadas durante 2026 muestran que la cooperación entre Guatemala, Estados Unidos y otros socios regionales ya ha fortalecido la capacidad para interceptar grandes cargamentos de cocaína. Frente a organizaciones criminales cada vez más adaptables, el desafío será integrar el intercambio de inteligencia con la vigilancia marítima, el análisis de riesgo sobre cargas y precursores químicos, el seguimiento de las finanzas ilícitas y una mayor coordinación entre fuerzas de seguridad, autoridades aduaneras y socios regionales para identificar y desmantelar las redes logísticas que sostienen el narcotráfico.

¿Le gustó este artículo?

Artículos guardados

Los artículos guardados se almacenan solo en este navegador. Si borras los datos de navegación, se eliminarán.