El reciente realineamiento diplomático de Venezuela con Estados Unidos ha obligado a Rusia e Irán —junto con su histórico aliado regional Cuba— a reposicionar sus operaciones de influencia tras perder uno de sus principales bastiones en Latinoamérica. Sin embargo, hoy estas campañas se han vuelto mucho más sofisticadas y difíciles de contrarrestar que en el pasado: ya no buscan solamente influir en la opinión pública, sino también manipular directamente los algoritmos que regulan motores de búsqueda, redes sociales e incluso las respuestas generadas por chatbots basados en inteligencia artificial, amplificando enormemente su alcance e impacto.
Un ejemplo de ello es la llamada red Pravda, un ecosistema de propaganda automatizada vinculado al Kremlin. Tras la detención de Nicolás Maduro, la red inundó Internet con cientos de artículos y publicaciones difundidos a través de Telegram y medios estatales rusos. Los contenidos impulsaban narrativas coordinadas que describían la situación como un “golpe de Estado” y advertían sobre una supuesta desestabilización global.
La red Pravda utiliza técnicas agresivas de SEO, es decir, manipulación extrema de contenidos para posicionarlos entre los primeros resultados de los motores de búsqueda, combinadas con traducciones automáticas y republicación masiva de artículos. A través de cientos de sitios casi idénticos, la red repite constantemente las mismas palabras clave, títulos y enlaces, creando la impresión de que determinadas narrativas son ampliamente aceptadas y creíbles en línea.
Un ecosistema interconectado
La infraestructura tecnológica desarrollada por Rusia también podría ser aprovechada por Irán y Cuba, que desde hace años comparten con Moscú, incluso en Venezuela, un ecosistema informativo orientado principalmente a desacreditar a Occidente. “Es un ecosistema único y coherente, que refleja una visión ideológica subyacente de alineamiento estratégico entre los regímenes que financian estas operaciones mediáticas”, explica a Diálogo Emanuele Ottolenghi, investigador sénior en el Centro de Investigación sobre la Financiación del Terrorismo (CENTEF), con base en Estados Unidos.
Un actor central en esta estrategia es el canal televisivo iraní HispanTV, que mantiene un corresponsal permanente en Venezuela y presenta constantemente a Cuba, Irán y Rusia como defensores de los derechos humanos y del equilibrio regional. HispanTV intercambia frecuentemente periodistas y contenidos con los medios estatales rusos RT en Español y Sputnik Mundo, ampliamente consumidos en Venezuela, compartiendo a menudo a los mismos analistas y comentaristas.
La convergencia mediática también incluye a Cuba. Para el diario oficial del régimen comunista cubano, Granma, RT e HispanTV, cuyas transmisiones también llegan a la isla, forman parte de una “trinidad de sellos informativos alternativos”. Al mismo tiempo, Cubadebate y otros medios estatales cubanos reproducen y amplifican regularmente artículos, videos y narrativas provenientes de medios rusos e iraníes.
En este contexto, también la actividad diplomática también adquiere una fuerte dimensión propagandística. En marzo, según reportes de la organización venezolana de verificación Cazadores de Fake News y otros medios regionales, el embajador iraní en Venezuela, Alí Chegeni, participó en un programa radial local en el que se difundió retórica que alentaba el asesinato del presidente estadounidense Donald Trump. El episodio evidenció cómo estas redes de influencia van más allá de la difusión de narrativas en línea y pueden contribuir a la radicalización de audiencias locales.
La propaganda rusa
Venezuela representa uno de los ejemplos más claros de la estrategia rusa de manipulación informativa en Latinoamérica. Un informe de la organización de investigación Digital News Association, publicado en abril, detalló una campaña de influencia rusa que operaba en ocho países de la región, entre ellos Venezuela. Según el informe, más de 1000 influencers, periodistas y creadores de contenido —alrededor de 20 de ellos venezolanos— fueron formados a través del programa «RTCompaRTE» de RT en Español. Bajo el pretexto de ofrecer formación en comunicación digital y gestión de redes sociales, la iniciativa promovía narrativas prorrusas.
“El Kremlin no transmite propaganda hacia Latinoamérica. La fábrica allí”, declaró Jeffrey Scott Shapiro, uno de los autores del informe.
Lo que hace particularmente efectiva esta estrategia es que las narrativas rusas no se difunden únicamente a través de medios oficialmente vinculados al Kremlin, sino también mediante voces latinoamericanas aparentemente independientes. Esto permite que los mensajes parezcan orgánicos y producidos localmente, aumentando su credibilidad ante las audiencias regionales.
La red también habría operado al menos 16 sitios diseñados para imitar medios periodísticos reconocidos para reforzar la credibilidad de los contenidos difundidos. Las narrativas se centraban frecuentemente en temas sensibles como el anticolonialismo, las crisis migratorias y los conflictos internacionales. Según los investigadores, el objetivo no es solamente convencer al público de una versión específica de los hechos, sino también generar confusión, profundizar la polarización y erosionar la confianza en las instituciones tradicionales mediante teorías conspirativas, falsas equivalencias y selección parcial de información.
Las redes iraníes
Junto a la propaganda rusa, Irán también ha expandido de manera sostenida su propia red de influencia en Latinoamérica, combinando actividades culturales, presencia diplomática y vínculos con estructuras locales. Respaldado por una diáspora chiita compuesta por cerca de 300 000 descendientes libaneses, Teherán ha construido en Venezuela y en el resto de la región una red de embajadas y centros culturales conectados entre sí a través de la Universidad Al-Mustafa, fundada en Qom, Irán, en 1979.
Con sedes en Caracas y Bogotá, Colombia, la universidad va más allá de las actividades académicas y ofrecer cursos en toda Latinoamérica, incluida Cuba. “Al-Mustafa continúa propagando la ideología iraní y cooperando con universidades, organizando eventos, reclutando nuevos miembros y promoviendo estudios islámicos, que luego se convierten en un instrumento de adoctrinamiento”, afirma Ottolenghi.
Una de las instituciones asociadas a la universidad, el Instituto Cultural Islam Oriente, está dirigida por Mohsen Rabbani, a quien las autoridades argentinas consideran el cerebro de los atentados contra la embajada israelí en Buenos Aires en 1992 y contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994, en los que murieron 114 personas y cientos resultaron heridas.
La universidad Al-Mustafa fue sancionada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en 2020 y posteriormente por Canadá. Según el Tesoro estadounidense, la institución “actúa como red de reclutamiento internacional para la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán”, responsable de las operaciones terroristas iraníes en el exterior.
“Al-Mustafa también sirve como apoyo logístico para eventuales operaciones de inteligencia y terrorismo impulsadas por el régimen iraní, como se vio en el caso del fallido atentado contra la embajadora israelí Einat Kranz Neiger en Ciudad de México”, afirma Ottolenghi.
Según funcionarios estadounidenses e israelíes, el complot de 2025, fue coordinado desde la embajada de Irán en Caracas e involucró a Hassan Izadi, exdiplomático iraní en Venezuela y alto operativo de la Unidad 11000, una rama encubierta de la Guardia Revolucionaria Islámica bajo control directo de la Fuerza Quds. La inteligencia israelí identificó a esta unidad y a su líder, Sardar Ammar, como parte de una red global vinculada a operaciones terroristas. Según Infobae, las operaciones de la red en Venezuela están dirigidas por Ahmad Asadzadeh Goljahi.
La presencia de esta red representa una amenaza que transciende a Venezuela. “Desde hace algunos años vemos cómo Irán depende cada vez más del crimen organizado local para organizar atentados. Ha ocurrido en Europa, en América del Norte, en Asia y también en Latinoamérica”, afirma Ottolenghi. Aunque muchos de estos planes se frustraron, demostrando, según el experto, un debilitamiento de la capacidad operativa iraní, la motivación de vengar la muerte de altos líderes iraníes sigue generando incentivos para atacar objetivos estadounidenses o aliados en la región.
En cuanto al principal proxy de Irán, Hezbolá, Ottolenghi recuerda que “los regímenes de Chávez y Maduro vendieron durante años pasaportes a ciudadanos de Medio Oriente, algunos de ellos vinculados a las actividades ilícitas de Hezbolá”. Según el experto, quienes poseen documentación venezolana podrían seguir desplazándose con relativa facilidad por el hemisferio incluso después de abandonar el país.
Contrarrestar estas amenazas requiere una cooperación internacional más estrecha y un enfoque de seguridad multidimensional que integre intercambio de inteligencia, ciberseguridad, esfuerzos contra la desinformación, rastreo financiero y acciones coordinadas contra las redes criminales transnacionales. También exige fortalecer las capacidades para identificar operaciones de influencia extranjera, monitorear ecosistemas de propaganda digital, detectar fraudes documentales y facilitar la interrupción de los vínculos operativos entre actores estatales hostiles, organizaciones extremistas y el crimen organizado.



