Mientras los corredores bioceánicos avanzan como ejes de integración regional y dinamismo comercial en Sudamérica, un memorando de entendimiento firmado el 21 de julio entre Brasil y China para un posible ferrocarril de 3000 kilómetros que unirá el Atlántico y el Pacífico plantea interrogantes sobre la soberanía y la autonomía estratégica de la región, reporta la plataforma uruguaya Diálogo Político.
El ferrocarril propuesto, que forma parte de la iniciativa Rutas de Integración Sudamericana, conectaría Bahía, en Brasil, con el puerto de Chancay, en la costa peruana del Pacífico. Pekín es el principal socio comercial de Brasil, absorbiendo una parte significativa de sus exportaciones, incluidas soya, minerales, petróleo y carne. La nueva ruta ferroviaria podría reducir hasta en 10 días el tiempo de envío hacia Asia.
En Perú, el Gobierno aclaró que no se ha comprometido formalmente con el proyecto y que no participa en el acuerdo inicial. Un alto funcionario señaló la necesidad de incluir al país en las discusiones, según Diálogo Político. Esta situación se produce en paralelo con el megapuerto de Chancay, un proyecto conjunto con China, cuyo éxito depende de la conectividad terrestre, actualmente deficiente. Una principal preocupación es el alto costo de la infraestructura, estimado en más de USD 10 000 millones, reportó el medio argentino Infobae.
El acuerdo para realizar estudios técnicos y de viabilidad de la conexión ferroviaria fue suscrito entre la empresa pública brasileña Infra y el Instituto de Planificación Económica China Railway, vinculado a la empresa estatal China State Railway Group. La intención es definir el trazado del corredor, señala el diario El Imparcial.
“Más que un corredor, representa la proyección de los intereses geopolíticos y geoeconómicos en una región donde Pekín ha avanzado”, explicó a Diálogo Jorge Serrano, asesor de seguridad e inteligencia del Congreso de Perú. “El bioceánico abre nuevas puertas a China, que no se detendrá ahí; tiene la mirada puesta en el puerto de Corío, en Perú, con una capacidad tres veces mayor que la de Chancay”.
Modelo de infraestructura de China en la región
Los proyectos de infraestructura de China en Sudamérica, como el Corredor Bioceánico, siguen un modelo verticalizado que prioriza las demandas externas, generando desarrollo geográfico desigual y consolidando macrosistemas de transporte y logística orientados a los flujos comerciales hacia China, afirma un reporte de la revista chilena Izquierdas.
Estos corredores se subordinan a la demanda de materias primas de China. Bajo el llamado Consenso de Pekín, Sudamérica profundiza sus lazos con China, aunque en la práctica se reproduce una relación de dependencia tipo centro-periferia. China busca moldear el orden global a sus intereses potenciando el tráfico hacia el Pacífico, y se ha convertido en un actor que influye en las aspiraciones de desarrollo de los países de la región, detalla Izquierdas.
“No olvidemos que China es proveedor de insumos químicos utilizados en la producción de fentanilo, lo que facilita a los grupos mexicanos del terrorismo internacional el acceso a estos materiales”, dijo Serrano. “Existe el riesgo de que el puerto de Chancay abra una nueva ruta de ingreso de estos insumos para producir fentanilo, y que puedan usar esta ruta bioceánica como medio de transporte”.
Obstáculos en el camino
El proyecto bioceánico brasileño-chino enfrenta importantes desafíos ambientales y sociales, desde la resistencia de comunidades indígenas en la Amazonía y los Andes hasta la coordinación entre Brasil, Bolivia y Perú. A diferencia de Brasil, que ya cuenta con una red ferroviaria, Perú debería construir sus tramos desde cero y resolver diferencias técnicas como los distintos anchos de vía, señala el semanario jurídico Comercio y Justicia de Argentina.
Serrano señaló que los gobiernos priorizan las inversiones que ofrece China sobre las advertencias de sus propios servicios de inteligencia. “Aunque los informes alertan sobre el juego dual de Pekín –su presencia en la Patagonia y su apoyo a regímenes como Venezuela, Cuba o Nicaragua–, esos riesgos quedan relegados frente a los beneficios de inversión y desarrollo que la región busca”, explicó.
Alternativa regional
Un informe del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile indica que en 2015 Argentina, Brasil, Chile y Paraguay constituyeron un primer Grupo de Trabajo para estudiar la posibilidad de concretar el Corredor Bioceánico Vial o Corredor Capricornio. Este proyecto en curso tiene como objetivo conectar los océanos Atlántico y Pacífico, facilitar el comercio y fortalecer la cooperación entre los países participantes.
El Corredor no es un proyecto único con una única fecha de inicio, ya que es un proyecto multinacional compuesto por diferentes tramos, algunos ya existentes. Las obras viales y preparaciones comenzaron en la década de 2010, y las obras principales iniciaron alrededor de 2017, especialmente en Paraguay. El desarrollo continúa en los cuatro países, quienes están implementando proyectos de infraestructura específicos para conectar el Atlántico con el Pacífico.
La infraestructura propuesta conectaría los puertos brasileños con los de Chile, atravesando el estado brasileño de Mato Grosso do Sul, el Chaco paraguayo y las provincias argentinas de Salta y Jujuy, hasta los puertos chilenos de Antofagasta, Mejillones e Iquique, con una longitud de 2400 kilómetros. Su finalización está proyectada para el primer semestre de 2027, según el portal local Bichos de Campo.
La gobernanza del Corredor Capricornio recae en un Grupo de Trabajo conformado por expertos de los países participantes. Durante una reunión de noviembre de 2024 en Asunción, se impulsó un Plan Maestro Regional para optimizar la logística y el flujo de mercancías, abordando obras públicas, transporte, comercio y seguridad fronteriza, para un acceso directo a los mercados de Asia-Pacífico, destaca el portal.
A diferencia del proyecto chino-brasileño, esta iniciativa prioriza la soberanía y el desarrollo regional, aprovechando las propias capacidades de los países y el financiamiento de las naciones participantes, publicó Diálogo Político. Su objetivo es agilizar el comercio, aumentar la competitividad logística y fortalecer los lazos comerciales y culturales.
“El Corredor Capricornio podría quedar limitado al comercio regional ante la entrada del tren bioceánico y el puerto de Chancay, que cuentan con el alto financiamiento chino”, remarcó Serrano. “En estos momentos, la seguridad está quedando de lado”.


