Los recientes incidentes armados a lo largo de la frontera entre Honduras y Guatemala reforzaron la necesidad de una coordinación más estrecha entre ambos países, mientras las organizaciones criminales transnacionales explotan cada vez más las fronteras para transladar drogas, armas y otros bienes ilícitos por Centroamérica. El fortalecimiento de la coordinación militar, un mayor intercambio de información, el refuerzo de la vigilancia fronteriza y la cooperación continua con los Estados Unidos buscan mejorar la capacidad de ambos países para detectar y desarticular redes criminales antes de que amplíen sus operaciones.
Mario Mérida, exviceministro de Gobernación de Guatemala y fundador del Instituto Nacional de Estudios Estratégicos en Seguridad, comentó a Diálogo que “los países que comparten una relación geoestratégica, como Guatemala y Honduras, ya no pueden abordar la seguridad de manera aislada; exige una visión conjunta”.
Redes criminales explotan las fronteras compartidas

La frontera entre Honduras y Guatemala forma parte de un corredor más amplio utilizado por las organizaciones criminales transnacionales para mover drogas y otros bienes ilícitos hacia Norteamérica. Los grupos criminales combinan cada vez más rutas marítimas y terrestres, adaptando su logística para reducir riesgos y aumentar su flexibilidad operativa.
Según un análisis del Centro Internacional Marítimo de Análisis contra el Narcotráfico (CIMCON) de la Armada de Colombia, la detección de cultivos de coca y laboratorios clandestinos en Guatemala y Honduras refleja una evolución en la dinámica regional del narcotráfico. Aunque la producción continúa muy por debajo de la de los principales productores andinos, el establecimiento de zonas de cultivo y procesamiento más cerca de las rutas de tráfico permite a las organizaciones criminales diversificar sus operaciones, reducir los costos de transporte y disminuir las vulnerabilidades de sus cadenas de suministro.
La adaptación de estas redes se observa también en el Pacífico. Según el diario español El País, las autoridades han documentado un aumento del tráfico marítimo de cocaína entre Ecuador, Guatemala y el sur de México, lo que ilustra cómo las organizaciones criminales integran rutas marítimas y terrestres a través de Centroamérica para sostener el flujo de drogas hacia los mercados internacionales.
A estos desafíos operativos se suman vulnerabilidades estructurales más amplias. En su Índice de Comercio Ilícito para Centroamérica de 2026, la Alianza Transnacional para Combatir el Comercio Ilícito (TRACIT) identifica las dificultades en los controles fronterizos, la corrupción, las brechas regulatorias y las economías ilícitas como factores que continúan facilitando la actividad criminal transnacional en toda la región.
La violencia refuerza la coordinación militar
La necesidad de una coordinación más estrecha se hizo particularmente evidente en mayo. El 21 de mayo, dos ataques separados en el norte de Honduras dejaron al menos 24 muertos. Cinco agentes de policía murieron durante un operativo contra una presunta red de narcotráfico cerca de la frontera con Guatemala, mientras que otras 19 personas fueron asesinadas en Trujillo, departamento de Colón, una zona afectada por la violencia vinculada con organizaciones criminales y disputas por territorios estratégicos.
Días después, militares guatemaltecos repelieron a individuos fuertemente armados que ingresaron al país desde Honduras por un paso no autorizado cerca de Esquipulas, lo que puso de manifiesto cómo la actividad criminal puede afectar rápidamente a ambos lados de la frontera.
Tras los incidentes, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras, el General de División Héctor Benjamín Valerio Ardón, se reunió con el jefe de Estado Mayor de la Defensa Nacional de Guatemala, el General de División José Giovani Martínez Millián, para fortalecer la coordinación bilateral. Los comandantes revisaron mecanismos para el intercambio de información y acciones coordinadas contra el narcotráfico, el tráfico de armas y el contrabando. También analizaron el refuerzo de la vigilancia en los pasos fronterizos oficiales y no autorizados, así como medidas para mejorar la interoperabilidad entre sus fuerzas.
Según Mérida, “existe un problema común entre Guatemala y Honduras. No se trata de un conflicto entre ambos Estados, sino de un tercer actor: las organizaciones criminales que afectan a los dos países. La respuesta inmediata de las fuerzas de seguridad fue importante, pero el siguiente paso es convertir esa coordinación en una agenda binacional permanente”.
El esfuerzo avanzó el 9 de julio, cuando Guatemala y Honduras acordaron, durante la Tercera Reunión Binacional, reactivar el Grupo de Alto Nivel de Seguridad y Justicia (GANSEJ), un mecanismo bilateral diseñado para fortalecer la coordinación política, técnica y operativa en materia de seguridad y justicia.
Para Mérida, la reactivación “es un paso positivo, pero solo tiene valor si se traduce en acciones concretas”. El verdadero cambio, añadió, “ocurre cuando los países dejan de limitarse al intercambio de información y comienzan a producir inteligencia de manera conjunta. Sin ese nivel de confianza, la cooperación difícilmente puede traducirse en una ventaja estratégica frente a las organizaciones criminales”.
Cooperación de EE. UU. fortalece capacidades nacionales
Los Estados Unidos continúan apoyando a ambos países mediante alianzas bilaterales separadas que fortalecen su capacidad para enfrentar al crimen organizado transnacional.
En junio, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, y el ministro de la Defensa Nacional, Henry Sáenz, se reunieron con el General del Cuerpo de Infantería de Marina de los EE. UU. Francis L. Donovan, comandante del Comando Sur de los EE. UU. (SOUTHCOM), para ampliar la cooperación contra las organizaciones criminales transnacionales y reforzar la implementación de los compromisos asumidos en el marco de la Coalición de las Américas contra los Cárteles. Las autoridades guatemaltecas destacaron que la cooperación con SOUTHCOM fortalece las capacidades nacionales y mejora la coordinación frente a amenazas que transcienden las fronteras.
En Honduras, el fiscal general Pablo Emilio Reyes Theodore se reunió en julio con el director de la Administración para el Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA), Terrance Cole, y con representantes de la División Criminal del Departamento de Justicia de los EE. UU. para fortalecer la cooperación contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.
Según las autoridades hondureñas, las conversaciones se centraron en ampliar el intercambio de información, mejorar las capacidades de investigación y profundizar una cooperación que ya ha incluido investigaciones conjuntas, asistencia técnica y capacitación especializada para fiscales e investigadores.
Mérida subrayó la importancia de estas alianzas. “La buena relación de Guatemala y Honduras con los Estados Unidos facilita un mayor intercambio de inteligencia estratégica. El objetivo debe ser desarrollar una capacidad preventiva que envíe un mensaje claro al crimen transnacional de que existe capacidad de respuesta, disuasión y contención”.
Hacia una arquitectura de seguridad permanente
Para Mérida, la creciente sofisticación de las redes criminales exige una cooperación que vaya más allá de la respuesta a incidentes aislados.
“Lo que hace falta es inteligencia estratégica permanente, complementada con ejercicios combinados que preparen a las fuerzas de seguridad para enfrentar amenazas que ya no son convencionales, sino transnacionales”, afirmó.
La reciente violencia en la frontera entre Honduras y Guatemala demostró la rapidez con la que las organizaciones criminales pueden aprovechar los límites jurisdiccionales, pero también puso de manifiesto el valor de la comunicación inmediata y de la acción coordinada entre países vecinos.
Al fortalecer la coordinación militar, reactivar el GANSEJ y profundizar la cooperación con los Estados Unidos, Guatemala y Honduras están mejor posicionados para reforzar la seguridad fronteriza, intercambiar información oportuna y desarticular las redes criminales transnacionales antes de que puedan ampliar sus operaciones. Mantener ese impulso puede contribuir a transformar respuestas aisladas en un modelo más permanente y eficaz de cooperación regional en materia de seguridad.