Fortalecimiento de la seguridad fluvial en Paraguay amplía la capacidad de vigilancia e interdicción en la hidrovía

Paraguay y Estados Unidos reforzaron en abril su cooperación en materia de seguridad fluvial con la incorporación de ocho nuevas lanchas interceptoras a la Armada Paraguaya como parte de un programa más amplio destinado a fortalecer la vigilancia, la interdicción y el control de la Hidrovía Paraguay–Paraná. En paralelo, Paraguay inauguró un Centro de Mando y Control para mejorar la coordinación operativa en unos de los corredores logísticos más importantes de Sudamérica y una ruta cada vez más explotada por organizaciones criminales transnacionales (OCT).

La iniciativa response a la creciente utilización de la hidrovía por OCT para el tráfico de drogas, el contrabando, el transporte de armas y otras actividades ilícitas, lo que ha incrementado la necesidad de fortalecer la vigilancia y la capacidad de respuesta del Estado. El programa incluye además entrenamiento especializado, asistencia técnica y apoyo logístico, con el objetivo de garantizar la sostenibilidad operativa de las nuevas capacidades.

Durante el acto de entrega, el encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Paraguay, Robert Alter, destacó que el programa busca desarrollar capacidades permanentes para enfrentar amenazas cada vez más complejas en los espacios fluviales.

El ministro del Interior, Enrique Riera Escudero, subrayó la dimensión estratégica de esta cooperación. “Paraguay y Estados Unidos comparten una visión sobre la seguridad regional y la lucha contra el crimen organizado, algo tan simple como entender que la seguridad es la prioridad de cualquier Estado. Fortalecer las capacidades para proteger infraestructuras estratégicas como la hidrovía es una responsabilidad compartida que contribuye a la seguridad del hemisferio”, señaló a Diálogo.

Una ruta estratégica bajo presión

Paraguay posee la tercera flota fluvial comercial más grande del mundo, detrás de Estados Unidos y China. Esta posición convierte a sus ríos en una infraestructura crítica para la economía nacional y la integración regional.

Aproximadamente el 80 por ciento del comercio exterior paraguayo se transporta a través de la Hidrovía Paraguay-Paraná, una red de más de 3400 kilómetros que conecta a Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay y constituye una de las principales arterias logísticas de Sudamérica.

“Las rutas fluviales paraguayas son la entrada y salida del país al mundo. No hablamos solo de una infraestructura estratégica, sino de un sistema crítico para el desarrollo, la competitividad y la integración regional”, dijo a Diálogo Lea Giménez, ex jefa de Gabinete de la Presidencia de Paraguay y asesora en seguridad y gobernanza del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).

Sin embargo, el crecimiento del comercio también ha aumentado la presión sobre estos corredores. Autoridades han identificado el uso de rutas fluviales para el tráfico de drogas, el contrabando de mercancías, el transporte ilegal de combustible y armas, y otras actividades vinculadas al crimen organizado transnacional.

En 2024, Paraguay registró incautaciones récord de cocaína, incluida la mayor de su historia: 4013 kg ocultos en un cargamento de azúcar con destino a Bélgica, en la llamada Operación Dulzura. El caso evidenció el uso de rutas fluviales vinculadas a la hidrovía dentro de las cadenas logísticas del narcotráfico hacia Europa.

“El principal desafío es consolidar la presencia del Estado y fortalecer las capacidades institucionales sin afectar el flujo del comercio legítimo”, señaló Giménez.

Más capacidades para patrullar e interceptar

Las nuevas lanchas interceptoras permitirán ampliar la cobertura de vigilancia en sectores estratégicos de la hidrovía y mejorar la capacidad de respuesta ante actividades ilícitas en áreas de difícil acceso.

La inversión inicial supera los USD 4 millones e incluye embarcaciones, armamento y equipamiento especializado. El programa completo, que contempla nuevas capacidades y soporte logístico, supera los USD 12 millones.

Junto con las embarcaciones, Paraguay puso en funcionamiento un Centro de Mando y Control que concentrará información procedente de patrullas fluviales, sistemas de vigilancia, drones y unidades terrestres desplegadas a lo largo de los principales corredores navegables.

El objetivo es reducir los tiempos de respuesta, mejorar la coordinación entre unidades y fortalecer la capacidad de interdicción frente a organizaciones criminales que operan a escala transnacional.

“La Prefectura Naval no contaba con las capacidades necesarias para ejercer un control efectivo del espacio fluvial. La incorporación de estas embarcaciones, a la espera de otras más, la capacitación del personal y el intercambio de información en tiempo real fortalece significativamente las operaciones de vigilancia y control”, señaló Riera.

Un impacto en seguridad que se amplía a un mayor desarrollo de la economía nacional. “Con más control, el contrabando se dificulta y eso empuja a la formalización. En un entorno de baja carga tributaria y alta competitividad, es más conveniente operar por vías legales, y eso se ha traducido en un aumento de la recaudación del comercio formal”, afirmó Riera.

Vigilancia aérea y monitoreo en tiempo real 

Uno de los componentes más relevantes del programa es la incorporación de sistemas de drones para vigilancia aérea.

“El control del espacio fluvial se realizaba prácticamente sin capacidades de vigilancia aérea. La incorporación de drones nos permite monitorear zonas remotas y de difícil acceso que antes quedaban fuera del alcance de los sistemas de control”, señaló Riera.

Integrados con las lanchas interceptoras y los sistemas terrestres, los drones proporcionan una visión más completa del entorno operativo y ayudan a reducir los espacios utilizados por organizaciones criminales para mover cargamentos ilícitos.

La combinación de vigilancia aérea, patrullaje fluvial e intercambio de información en tiempo real fortalece la capacidad del Estado para detectar movimientos sospechosos y coordinar respuestas más rápidas.

Cooperación para fortalecer capacidades

El programa de cooperación no se limita a la entrega de equipamiento. Incluye también capacitación, mantenimiento, provisión de repuestos y ejercicios conjuntos entre fuerzas paraguayas y estadounidenses.

Estos componentes buscan garantizar la sostenibilidad de las capacidades incorporadas, considerando que las operaciones fluviales requieren soporte logístico continuo y entrenamiento permanente.

Los ejercicios conjuntos se centran en escenarios de interdicción, patrullaje coordinado y procedimientos de mando bajo condiciones operativas simuladas, además de la integración de nuevas tecnologías en los protocolos existentes.

Este enfoque apunta a institucionalizar buenas prácticas y fortalecer la interoperabilidad entre fuerzas, con el objetivo de consolidar un sistema de seguridad fluvial más eficiente y profesionalizado.

“La cooperación con Estados Unidos es clave para consolidar capacidades sostenibles en el tiempo y fortalecer la interoperabilidad operativa entre ambas fuerzas”, señaló Riera.

Un desafío regional compartido

La expansión de las capacidades fluviales de Paraguay se inscribe en una transformación más amplia en Latinoamérica y el Caribe, donde los corredores logísticos y las vías navegables adquieren creciente relevancia estratégica y mayor exposición al crimen organizado transnacional.

“La región está cambiando su mapa logístico, y eso exige nuevas arquitecturas de seguridad para proteger infraestructuras cada vez más estratégicas, pero también más vulnerables”, señaló Giménez.

El desafío supera la capacidad de los Estados actuando de forma aislada. Expertos advierten que, mientras las redes criminales operan a escala transnacional, las respuestas en seguridad, inteligencia y control fronterizo de los Estados continúan fragmentadas dentro de marcos nacionales.

“Las redes criminales operan sin fronteras, pero nuestras instituciones aún piensan y actúan dentro de ellas. Tenemos que actualizar ese enfoque y entender la infraestructura logística como un sistema interconectado”, afirmó Giménez.

Paraguay refleja hoy una tendencia regional en la que la seguridad ya no depende solo de capacidades individuales, sino de cooperación, intercambio de información y acción coordinada.

“La región necesita mecanismos de cooperación más ágiles, con estándares comunes y capacidades integradas, sin debilitar la soberanía, sino fortaleciendo la acción conjunta”, agregó Giménez.

A medida que las cadenas logísticas se vuelven más complejas e interdependientes, la coordinación entre Estados se perfila como un factor decisivo para la seguridad regional.

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