Fentanilo: amenaza regional con raíces en China

El fentanilo, junto con otras drogas sintéticas, representa una crisis creciente en la región, impulsada por una red transnacional de criminalidad. Facilitada por precursores químicos provenientes de China y en alianza con cárteles mexicanos, esta industria ilícita redefine no solo el panorama del narcotráfico, sino también las implicaciones para la seguridad regional. Se ha consolidado ante los ojos del mundo un modelo operativo que combina altos márgenes de ganancia, debilitamiento institucional y riesgos geopolíticos, según informes recientes.

“Estamos viendo una transformación en las dinámicas del crimen organizado”, explicó a Diálogo Yadira Gálvez, especialista en seguridad y académica de la Universidad Nacional Autónoma de México. “El acceso a precursores, conocimiento técnico y recursos para laboratorios clandestinos ha facilitado el auge de drogas sintéticas como el fentanilo y los nitazenos”.

China: epicentro de los precursores químicos

Desde 2012, China ha sido identificado como el principal proveedor de los precursores y pre-precursores químicos utilizados para la fabricación de fentanilo. Según la Fundación Andrés Bello, un centro de expertos colombiano que investiga la influencia de China en Latinoamérica, se han documentado al menos 188 empresas farmacéuticas en provincias como Hebei y Hubei que producen estos compuestos, muchas de ellas vinculadas directamente al Partido Comunista de China (PCCh).

“Si el PCCh mantiene control sobre los principales sectores económicos, tecnológicos, sociales y políticos del país, cabe preguntar por qué no actúa de forma más decidida contra el tráfico de precursores”, señaló Gálvez. “Esta inquietud ha sido planteada por diversos actores internacionales”.

Aunque China implementó en 2019 una prohibición sobre los derivados del fentanilo, los precursores esenciales para su producción siguen siendo exportados.

“En el plano estratégico hay dos lecturas: una apunta a un plan deliberado para causar daño, como ocurrió en la guerra del opio. Otra, a una omisión intencional con fines similares”, comentó Gálvez. “Lo cierto es que hay participación de entidades chinas en este flujo químico”.

Subsidios, censura y comercio digital

El rol de China va más allá de la producción de precursores. Una investigación del Comité Selecto de la Cámara de Representantes de los EE. UU. sobre Competencia Estratégica con el PCCh revela que China subsidia la producción y venta de estas sustancias mediante devoluciones fiscales, aunque estas sean ilegales o no tengan uso médico.

Además, empresas vinculadas al narcotráfico tienen conexiones con el Estado chino, llegando incluso a operar desde instalaciones penitenciarias. Mientras tanto, las plataformas digitales internacionales mantienen activa la oferta de estos compuestos, sin que las autoridades chinas tomen medidas contundentes. “Ya sea por acción directa o por omisión, el continuo flujo de precursores, su oferta en línea y la articulación con redes de lavado de dinero pueden inscribirse en una lógica de amenaza híbrida”, advirtió Gálvez.

Cárteles y transformación del narcotráfico

Según InSight Crime, una organización dedicada al estudio del crimen organizado en Latinoamérica, los precursores se venden en la web obscura mediante empresas fachada, certificados falsos y contacto directo por aplicaciones encriptadas. Los pagos se realizan con criptomonedas y los envíos son encubiertos.

Desde 2023, los EE. UU. han intensificado sus esfuerzos y sancionado a personas y entidades chinas por colaborar con cárteles mexicanos, en la producción y distribución de fentanilo y por enviar precursores a múltiples países, reporta en Aristegui Noticias, en México.

Los cárteles mexicanos, principalmente el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) han sabido aprovechar la limitada regulación de China sobre los precursores químicos. Según Infobae y The New York Times, estas organizaciones, designadas como organizaciones terroristas, no solo importan los compuestos necesarios para la producción de fentanilo, sino que también experimentan con personas y animales para mejorar sus productos. Incluso reclutan a estudiantes de química como operadores en sus laboratorios clandestinos.

México, tradicionalmente un corredor para el tráfico de drogas hacia el norte, se ha convertido en un mercado consumidor de fentanilo, particularmente en los estados del norte, lo que supone un cambio preocupante para el país. También existe una creciente conciencia de que parte de este fentanilo ilícito se trafica desde México hacia el sur, a otros países latinoamericanos, donde a menudo se mezcal con otras drogas de consumo generalizado para crear demanda.

En paralelo, países como Argentina, Brasil, Chile y Colombia han reportado un aumento en el desvío de fentanilo médico hacia el mercado ilícito, de acuerdo con un informe del centro de estdudios Brookings Institution, desde Washington. El informe de Brookings también destaca un reto crítico: muchos de los países de la región carecen de un seguimiento adecuado y de la capacidad forense para detectar la presencia de fentanilo y, en su mayoría, no lo hacen. Por lo tanto, la prevalencia de su consumo podría estar significativamente subestimada.

“Si esta red criminal entre empresas chinas, cárteles mexicanos y redes de lavado de dinero se expande, aumentará la violencia y el control territorial. A esto se suman riesgos geopolíticos que podrían desestabilizar la región”, advirtió Gálvez.

Infraestructuras estratégicas y riesgos regionales

La expansión de infraestructuras estratégicas en Latinoamérica, impulsada por empresas chinas, pone en evidencia los riesgos de la infiltración criminal. Estos proyectos a gran escala, entre los que se incluyen nuevos puertos importantes como el puerto de Chancay en Perú, operado COSCO, se han convertido en objetivos potenciales para los grupos criminales que que buscan controlar las rutas logísticas del tráfico de drogas, según un reporte de Infobae.

Más del 80 por ciento de los insumos utilizados para fabricar drogas sintéticas en Sudamérica provienen de China, lo que refuerza las preocupaciones. Sin una supervisión efectiva, estas obras gestionadas por China podrían facilitar nuevas formas de tráfico ilícito, alertó la Fundación Andrés Bello.

Un desafío transnacional

El combate al tráfico de fentanilo exige estrategias más sofisticadas y cooperación internacional. Como señaló Gálvez, los gobiernos enfrentan redes criminales cada vez más descentralizadas y adaptativas. “Asumir que el fentanilo es un problema exclusivo de los Estados Unidos impide una respuesta adecuada”, enfatizó. “La región no cuenta con capacidades suficientes para detectar su circulación, por lo que es clave fortalecer la cooperación internacional y presionar a China para que asuma su responsabilidad en el flujo de precursores”.

La amenaza del fentanilo trasciende fronteras. Desde las fábricas en China hasta los laboratorios clandestinos en México, este fenómeno pone a prueba la capacidad de los Estados para contener una crisis que no solo afecta la seguridad, sino también la salud pública y la estabilidad geopolítica de todo el hemisferio, abundó.

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