En esta entrevista exclusiva con Diálogo, Vladimir Rouvinski, director del Laboratorio de Política y Relaciones Internacionales (PoInt) de la Universidad Icesi de Cali, Colombia, ofrece una evaluación lúcida de la creciente influencia de China en Latinoamérica y el Caribe.
Rouvinski advierte que la presencia de Pekín, que comenzó con el comercio y las infraestructuras, se extiende profundamente a los sectores más sensibles de la región, lo que plantea implicaciones a largo plazo para la soberanía, la seguridad y la gobernanza democrática.
Diálogo: Dos décadas después de la agresiva incursión inicial de China en Latinoamérica, ¿qué ha revelado el tiempo sobre los intereses estratégicos más profundos de Pekín? ¿Ha cambiado fundamentalmente la naturaleza del compromiso de China?
Vladimir Rouvinski, director del Laboratorio de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Icesi: El interés estratégico de China en Latinoamérica se debe principalmente a su ubicación geográfica. Por supuesto, China está interesada en la región en términos de comercio e inversión, pero también busca tener una presencia e influencia a largo plazo en la región. Al principio, el compromiso de China con Latinoamérica se centraba principalmente en el comercio. Se trataba de promover esta narrativa de relaciones mutuamente beneficiosas. Pero ahora, cada vez más, vemos que China también se está centrando en la cooperación en materia de seguridad. Está creando vínculos de dependencia en áreas muy sensibles para muchos países latinoamericanos. Y también vemos cada vez más lo que yo llamaría un claro ejemplo de captura de las élites, en el que China trabaja para establecer relaciones sólidas con las élites políticas, lo que supone una amenaza potencial para la seguridad del hemisferio occidental.
Diálogo: ¿Cómo se están materializando actualmente los intereses estratégicos de China sobre el terreno, a través de la infraestructura, la vigilancia o la alineación política?
Rouvinski: China se promociona como una alternativa confiable a socios tradicionales como los Estados Unidos o Europa occidental, especialmente en áreas muy sensibles. Entiende las urgentes necesidades de infraestructura de Latinoamérica y ofrece condiciones de inversión bastante atractivas que, en otras circunstancias, no siempre son fáciles de conseguir para los gobiernos. Sin embargo, el problema de estas inversiones es la falta de transparencia. China opera en sectores muy sensibles y estos proyectos tienen consecuencias a largo plazo. China podría decir que cumple las reglas, que no tiene intención de interferir en los asuntos locales y que simplemente quiere ayudar a Latinoamérica a beneficiarse de su crecimiento económico. Pero si miramos más de cerca, la intención de China es crear una dependencia a largo plazo de la infraestructura financiada por China. Y sabemos que hay muy poca transparencia en la forma en que se llevan a cabo estas iniciativas.
Diálogo: China ha invertido en casi 40 puertos de Latinoamérica y el Caribe, controlando casi el 100 por ciento de las operaciones en lugares como Kingston Freeport en Jamaica y Chancay en Perú. ¿Qué sugieren estos patrones sobre los objetivos a largo plazo y las ambiciones geopolíticas de China más allá de los intereses comerciales? ¿Cuáles son los riesgos para la soberanía nacional y la seguridad regional?
Rouvinski: Tenemos que empezar por entender que China no es un país cualquiera. Lo que ocurre en China y lo que China hace en el extranjero está totalmente controlado por su Gobierno. No debemos olvidarlo nunca. Por eso, cuando observamos lo que hace China en materia de infraestructura, como la construcción de puertos, debemos tener en cuenta el panorama general. China no solo está construyendo infraestructura para facilitar el transporte de los productos que fabrica. Hay una capa estratégica mucho más profunda. Debido a que existe un vínculo tan fuerte entre las empresas chinas que operan en el extranjero y el Gobierno chino, existe un riesgo real de que, en cualquier momento, esta infraestructura pueda utilizarse con fines militares, ya que ninguna empresa china está en condiciones de decir: “No deben hacer esto, es solo para el comercio”. Ese es el principal riesgo cuando se trata de la inversión china en infraestructura.
Diálogo: Otra área crítica es la infraestructura espacial, ya que Sudamérica alberga ahora más activos espaciales chinos que cualquier otra región fuera de China. Muchas de estas instalaciones están vinculadas al Ejército Popular de Liberación (EPL) y cuentan con una transparencia y una supervisión limitadas. ¿Cómo sirven estas instalaciones de doble uso a las operaciones militares o de inteligencia y qué implicaciones tienen para la soberanía nacional?
Rouvinski: China ha encontrado en Latinoamérica un campo de pruebas muy conveniente para el doble uso de estas tecnologías. En la región, hay muy poco escrutinio público en lo que respecta a la exploración espacial y las instalaciones espaciales de China. Creo que China pretende aprovechar al máximo esa vulnerabilidad, sintiendo que tiene vía libre para operar como desee. Ya tiene presencia física en Latinoamérica y es probable que la amplíe con más instalaciones, lo que representa un riesgo a largo plazo para la región.
Diálogo: China también ha ampliado su presencia en el sector energético de Latinoamérica. En Perú, controla el 100 por ciento de la distribución de energía en Lima; en Brasil, entre el 10 y el 12 por ciento de toda la cadena de valor de la energía; y en Chile, alrededor de dos tercios de toda la energía. ¿Podría China aprovechar el control de esta infraestructura para ejercer presión política o restringir el acceso a la energía en medio de tensiones diplomáticas?
Rouvinski: La energía es un poderoso instrumento de influencia política, y no hay duda de que su control es importante. Es probable que China busque un dominio aún mayor sobre el suministro energético de Latinoamérica, precisamente por su forma de abordar los negocios. Ese control daría a Pekín una ventaja para ejercer presión política, y no hay duda de que la utilizaría, especialmente en situaciones en las que considere que otras herramientas han fallado.
Diálogo: China ha remodelado la dinámica comercial de la región, dando prioridad a las exportaciones de materias primas y a la financiación de infraestructuras frente a la diversificación industrial. ¿Qué riesgo hay de que esto refuerce las asimetrías económicas en lugar de fomentar el desarrollo sostenible?
Rouvinski: Es precisamente la profunda asimetría de esta relación lo que convierte a China en el actor dominante. China decide qué hacer, cuándo hacerlo y con quién. Si China pierde repentinamente el interés en un proyecto o deja de comprar una materia prima clave, los países latinoamericanos se quedan sin nada. Así es como funciona China.
Diálogo: Mientras que países como Panamá están reconsiderando su relación con China, otros, como Colombia, están buscando activamente estrechar lazos. ¿Qué motiva estos diferentes enfoques y qué espera ganar Colombia?
Rouvinski: Un punto importante es la falta de conciencia sobre la verdadera naturaleza de los intereses de China. Panamá ha tenido que abrir los ojos a las implicaciones de este tipo de compromiso. En el caso de Colombia, destacan dos factores clave. En primer lugar, China ha ampliado su poder blando, sobre todo a través del proyecto del metro de Bogotá, que ha mejorado significativamente la percepción pública. En segundo lugar, el Gobierno colombiano tiene una comprensión limitada de lo que representa China y de lo que busca en última instancia. Aunque algunas organizaciones se han esforzado por abordar estas cuestiones y proporcionar información crítica, lamentablemente el Gobierno no parece estar escuchando. Una posible consecuencia de la profundización de los lazos de Colombia con China es el debilitamiento de su alianza tradicional con los Estados Unidos. Se trata de una tendencia muy peligrosa, ya que detrás de estas relaciones supuestamente beneficiosas con China se esconde un riesgo estratégico a largo plazo para la seguridad nacional y la relación más amplia de Colombia con otros países del hemisferio occidental.
Diálogo: Esto apunta a una falta de debate público informado y de comprensión del modelo y los intereses estratégicos de China. ¿Qué falta en el discurso de la región que impide una evaluación exhaustiva de estas implicaciones?
Rouvinski: Lo que necesitamos es un amplio debate público. Latinoamérica adolece de una falta de interés por examinar críticamente el papel de China. No basta con decir simplemente “China es un gran socio” o “China tiene dinero, así que nos beneficiaremos”. Más allá de este discurso, que a menudo adoptan algunos líderes políticos que ven a China como una alternativa, hay poco o ningún debate público. No vemos audiencias en el Congreso ni investigaciones periodísticas suficientes sobre el papel de China. Como resultado, nos enfrentamos a un escenario preocupante en el que China se beneficia enormemente de la ausencia de escrutinio público en la región.
Parte II
En la segunda parte de esta entrevista, Rouvinski desentraña los mecanismos que subyacen a la creciente influencia ideológica y política de China, destacando su uso estratégico del mundo académico, los medios de comunicación y los procesos electorales, al tiempo que advierte de la profundización de las dependencias económicas que ahora dan a Pekín una influencia significativa para presionar a los gobiernos de toda la región.



