Tecnología, datos y soberanía digital: la creciente presencia china en Latinoamérica

En Latinoamérica y el Caribe, la tecnología china está cada vez más integrada en los sistemas que sustentan la vida cotidiana y las operaciones gubernamentales. Desde redes de telecomunicaciones y sistemas de videovigilancia hasta servicios en la nube y aplicaciones emergentes de inteligencia artificial (IA), la creciente presencia de Pekín en el ámbito digital está alimentando un debate regional sobre soberanía digital, ciberseguridad y dependencia tecnológica.

A medida que los gobiernos modernizan infraestructura crítica y amplían los servicios digitales, las preguntas van más allá de la tecnología en sí para centrarse en quién controla las redes, las plataformas y los datos que respaldan funciones esenciales. Pekín ha buscado ampliar su participación en sectores vinculados a la conectividad, la gestión de datos y la infraestructura digital como parte de estrategias nacionales más amplias enfocadas en la innovación tecnológica y la competitividad global.

Esta expansión no ocurre de forma aislada. Refleja prioridades más amplias del gobierno chino plasmadas en el XV Plan Quinquenal y en la estrategia de las “Nuevas Fuerzas Productivas de Calidad”, que buscan situar a China a la vanguardia de las tecnologías llamadas a moldear la economía global y el entorno digital. Según la Brookings Institution, Pekín está invirtiendo fuertemente en sectores como los semiconductores, la inteligencia artificial, la computación cuántica, la robótica, la biotecnología y la biofabricación, como parte de su transición hacia industrias de mayor valor agregado.

A medida que gobiernos y empresas de Latinoamérica adoptan tecnologías digitales, la región depende cada vez más de plataformas, infraestructura y cadenas de suministro desarrolladas y gestionadas por empresas chinas.

Análisis estratégico y técnico

La apuesta china no se limita a vender equipos de telecomunicaciones. El Consejo de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos (CFR) sostiene que la Ruta de la Seda Digital busca posicionar a China en sectores estratégicos mediante redes 5G, centros de datos, servicios en la nube, IA y plataformas conectadas a infraestructura crítica. El debate ha evolucionado más allá de la pregunta sobre quién construye las redes de telecomunicaciones. Cada vez más, responsables de políticas públicas y especialistas se preguntan quién controla los datos, el software y las plataformas digitales que respaldan funciones gubernamentales sensibles, infraestructura crítica y servicios públicos.

Víctor Ruiz, fundador del centro de ciberseguridad SILIKN en México, resume la lógica del avance: “China ha mantenido una estrategia tecnológica de largo plazo orientada a ampliar su presencia internacional mediante infraestructura digital y acuerdos tecnológicos”.

Y añade por qué resulta tan difícil de rechazar: “estas ofertas suelen resultar atractivas por sus menores costos, aumentando la dependencia de plataformas y servicios controlados por proveedores chinos”.

El CFR advierte que la expansión de la Ruta de la Seda Digital ha generado preocupaciones relacionadas con la vigilancia digital, la gobernanza de los datos y el control estatal de los sistemas de información, y señala que empresas chinas han colaborado en capacidades de monitoreo en terceros países, donde autoridades de Pekín han ofrecido capacitación sobre vigilancia y censura de Internet en tiempo real. Otro elemento importante es el marco jurídico que regula a las empresas chinas. Las leyes chinas en materia de seguridad nacional, inteligencia y gestión de datos han generado preocupación entre gobiernos y analistas sobre el alcance de la cooperación que las empresas podrían verse obligadas a prestar a las autoridades estatales.

Las vulnerabilidades ya no se reducen al hardware. Un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) señala que la exposición abarca la nube, el software, la IA y la interoperabilidad administrada por proveedores externos, dependencias difíciles de sustituir durante una crisis o una tensión geopolítica. “Esta situación amplía riesgos relacionados con control tecnológico y acceso a información estratégica”, apunta Ruiz. En la misma línea, la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad de los Estados Unidos (CISA) alerta sobre los riesgos de las cadenas globales de suministro, el acceso remoto y los servicios digitales centralizados ligados a infraestructura crítica, donde la resiliencia digital se ha vuelto clave para proteger operaciones esenciales y datos sensibles.

Las preocupaciones van más allá de la ciberseguridad. Las redes de comunicaciones, las plataformas de videovigilancia, los servicios en la nube y los sistemas de gestión de datos respaldan cada vez más las labores de las fuerzas del orden, la seguridad fronteriza, la respuesta a emergencias y la protección de infraestructura crítica. A medida que estos sistemas se vuelven más interconectados, las cuestiones de resiliencia y control adquieren una importancia creciente para la planificación de la seguridad nacional.

Dimensión industrial y programática

Varias empresas chinas desempeñan un papel central en esta expansión. Un reporte del laboratorio de ideas Atlantic Council señala que compañías como Huawei, ZTE y SenseTime han ampliado su participación en proyectos de telecomunicaciones, fibra óptica, videovigilancia y aplicaciones de IA vinculadas a la digitalización gubernamental.

En varios países latinoamericanos firmas chinas han crecido en telecomunicaciones, videovigilancia y proyectos de ciudades inteligentes, integrándose en la infraestructura digital que sostiene servicios de uso diario. El CFR observa, además, que Pekín ha impulsado con fuerza la cooperación tecnológica mientras las discusiones sobre gobernanza digital y protección de datos han recibido mucha menos atención.

Cooperación y proyección regional

Las implicaciones ya se traducen en decisiones concretas. En Costa Rica, el Ejecutivo excluyó a Huawei del desarrollo de las redes 5G mediante regulaciones de ciberseguridad que restringen la participación de proveedores proveniente de países que no forman parte del Convenio de Budapest sobre Ciberdelincuencia. Las autoridades sostuvieron que las medidas buscaban reducir los riesgos asociados al acceso estatal a datos sensibles y a infraestructura crítica de comunicaciones. Panamá, por su parte, avanzó en el reemplazo de equipos Huawei instalados en varios sitios estratégicos de telecomunicaciones, en medio de preocupaciones por la seguridad de redes y la dependencia tecnológica.

Ambos casos reflejan una tendencia regional: un creciente escrutinio del papel de los proveedores tecnológicos chinos en infraestructuras consideradas estratégicas para las comunicaciones, la seguridad nacional y la gestión de datos.

Para Latinoamérica y el Caribe, el debate ya no gira únicamente en torno a equipos de telecomunicaciones o inversión extranjera. Cada vez más, se trata de resiliencia, gobernanza y control sobre los sistemas digitales que sustentan los servicios públicos, la infraestructura crítica y la seguridad nacional.

Las redes, centros de datos, plataformas en la nube y sistemas de videovigilancia que se adoptan hoy ayudarán a definir cómo los gobiernos gestionan la información, responden a las crisis y protegen datos sensibles en el futuro. A medida que los países continúan modernizando su infraestructura digital, las decisiones sobre diversificación de proveedores, estándares de ciberseguridad y gobernanza de datos desempeñarán un papel cada vez más importante para preservar la flexibilidad operativa y reducir vulnerabilidades estratégicas.

Como señala Ruiz, “Fortalecer capacidades nacionales y diversificar proveedores tecnológicos será clave para reducir vulnerabilidades y preservar mayores márgenes de autonomía digital”. Para los gobiernos de la región, el desafío no es si adoptar tecnología extranjera, sino cómo hacerlo preservando la resiliencia, manteniendo la flexibilidad operativa y evitando dependencias que puedan limitar sus opciones futuras. A medida que las empresas chinas amplían su presencia en sectores como las telecomunicaciones, los servicios en la nube, la inteligencia artificial y la infraestructura digital, las decisiones que adopten hoy los gobiernos de la región tendrán un impacto cada vez mayor en la forma en que se configurará su futuro digital.

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