Colombia formalizó su adhesión a la iniciativa de la franja y la ruta (BRI), el ambicioso plan estratégico liderado por China para ampliar su influencia global a través de inversiones masivas en infraestructura, transporte y tecnología. Este anuncio marca un giro significativo en la política exterior colombiana.
China, el segundo socio comercial de Colombia, ha intensificado su presencia en la región mediante proyectos de desarrollo estratégico. Sin embargo, las experiencias de otros países latinoamericanos que forman parte de la BRI han generado dudas sobre los riesgos que implica esta alianza, incluyendo problemas de transparencia, endeudamiento y pérdida de autonomía en sectores clave.
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Según la Cancillería colombiana, la incorporación a la BRI no supone compromisos legales ni la firma de un tratado formal. Cada proyecto será evaluado de manera individual, aseguró el gobierno. Pero expertos internacionales han expresado su preocupación por los efectos a largo plazo de estas alianzas. Un informe del laboratorio estadounidense de ideas Council on Foreign Relations advierte que China utiliza la BRI como una herramienta para fortalecer su presencia geopolítica, especialmente en países con alta vulnerabilidad financiera.
“Colombia intenta ‘jugar al fútbol’ con China, es decir, acercarse lo suficiente para obtener posibles beneficios, sobre todo en infraestructura”, explicó Vladimir Rouvinski, director del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad ICESI, en declaraciones a Diálogo. “Pero el riesgo está en la opacidad. Muchos de los acuerdos bajo la BRI carecen de información clara sobre su contenido, tiempos y objetivos”.
Cláusulas de confidencialidad y modelo de China bajo escrutinio
Un informe de 2021 del instituto estadounidense AidData reveló que los contratos de deuda de China con gobiernos extranjeros contienen cláusulas de confidencialidad que, en muchos casos, ocultan incluso la existencia de la deuda. Estas condiciones han sido vinculadas a un control más rígido sobre los recursos y políticas de los países deudores.
Según el informe, las cláusulas de cancelación, aceleración y estabilización en estos contratos otorgan a China una influencia significativa sobre las decisiones internas y externas de sus socios, limitando sus opciones de renegociación.
“Las empresas chinas tienen vínculos directos con el Estado y podrían ser utilizadas con fines estratégicos o de defensa”, señaló Rouvinski.
Deudas condicionantes: lecciones de la región
Los préstamos emitidos por China a países de Latinoamérica han generado niveles insostenibles de deuda en algunos casos, dejando a países como Venezuela y Ecuador en posiciones de dependencia económica. Según la Fundación Andrés Bello, Venezuela, que ha recibido USD 60 000 millones en 16 préstamos, y Ecuador, con USD 3200 millones en 24 operaciones, ilustran los peligros de estas relaciones financieras.
En Ecuador, acuerdos con Pekín han estado condicionados a la contratación de empresas chinas y la entrega de recursos como petróleo, según un reporte de la plataforma Expediente Abierto. Este modelo, que excluye a actores locales, ha generado críticas por su impacto en sectores estratégicos como la minería y la infraestructura.
Un caso emblemático es el de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, donde el Gobierno ecuatoriano mantiene un arbitraje internacional contra Sinohydro, la empresa constructora china, por fallas estructurales. La erosión regresiva del río Coca agrava aún más la situación y amenaza con dejar la planta inoperativa, reportó el diario La Hora.
Dependencia económica y soberanía en juego
En Perú, por ejemplo, más de un tercio de las exportaciones del país tienen como destino China, lo que ha consolidado una relación comercial asimétrica. La construcción del megapuerto de Chancay, financiado por capital chino, refuerza esta dependencia y limita el margen de maniobra económica del país. “A mayor integración, menor margen de maniobra económica”, indicó la Fundación Andrés Bello.
En el caso de Colombia, la compañía China Harbour Engineering Company, empresa responsable de la construcción de la primera línea del metro de Bogotá, ha sido señalada por corrupción, retrasos y daños ambientales. Estas preocupaciones no son aisladas, ya que la empresa se ha enfrentado a denuncias similares en otros proyectors en todo el mundo, según un informe de Infobae. Estos antecedentes han generado inquietudes sobre la capacidad de Colombia para supervisar y gestionar eficazmente estas inversiones.
Un camino incierto: retiros y reflexiones
Algunos países han tomado distancia de la BRI en los últimos años, como Italia, que abandonó la iniciativa en 2023, y Panamá, que lo hizo en febrero de este año. En Sudamérica, países como Argentina, Uruguay y Chile, están replanteando su relación con China debido a preocupaciones sobre la opacidad de los acuerdos y la pérdida de control estratégico.
Además, la BRI ha sido criticada por sus impactos ambientales, como la deforestación y el desplazamiento de comunidades. Según la ONG Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), el Partido Comunista Chino utiliza empresas estatales y privadas para garantizar su acceso a recursos clave y mercados tecnológicos en el marco de su estrategia global.
“China ajusta su estrategia en Latinoamérica. Ya no solo apuesta por grandes proyectos nacionales, sino que expande su presencia a nivel subnacional con empresas medianas en distintas regiones”, advirtió Rouvinski. Esta expansión más discreta, agregó, genera nuevas dependencias y altera las dinámicas regionales.
¿Está Colombia preparada?
La decisión de Colombia de unirse a la BRI plantea una pregunta inevitable: ¿puede el país enfrentar los desafíos que implica esta relación tan desigual? Según Rouvinski, la respuesta es negativa. “Colombia no está preparada para unirse a la BRI. Falta conocimiento sobre China y sobre las dinámicas que implica esa relación. Hay una deuda pendiente en formación y experiencia técnica para manejar este tipo de vínculos estratégicos”, concluyó.
Entre promesas de desarrollo y riesgos de dependencia, la apuesta de Colombia por la franja y la ruta de China se perfila como un capítulo crucial en el debate sobre el futuro de su política exterior. Por ahora, las lecciones de otros países en la región son un recordatorio de los costos potenciales de una alianza injusta.


