La adhesión de Colombia a la Coalición de las Américas Contra los Cárteles (ACCC) amplía su participación en la cooperación hemisférica frente al crimen organizado transnacional. El país se incorpora a este mecanismo con décadas de experiencia operacional y conocimientos desarrollados para enfrentar amenazas que atraviesan fronteras.
Inteligencia, interdicción marítima y fluvial, operaciones especiales, investigación financiera, tecnología y entrenamiento forman parte de ese aporte. Son capacidades desarrolladas durante años de operaciones contra el narcotráfico, los grupos armados y las estructuras criminales, que ahora pueden proyectarse hacia una respuesta regional más coordinada.
Colombia formalizó su ingreso a la ACCC el 12 de agosto de 2026, durante una reunión de la Coalición celebrada en la Ciudad de Panamá. “Colombia ha ofrecido poner sus capacidades y experiencia al servicio de la seguridad hemisférica, liderando esfuerzos estratégicos en el océano Pacífico y el mar Caribe junto con las naciones integrantes de la Coalición”, señaló el Ministerio de Defensa.
Colombia ya comparte parte de esta experiencia con países de la región mediante programas de cooperación, entrenamiento e intercambio de información. La ACCC ofrece ahora un marco para articular esos esfuerzos frente a organizaciones criminales que no se detienen en las fronteras nacionales.
“Vamos a pasar de operaciones espejo, en las que cada país actúa de su lado de la frontera, a operaciones de acción conjunta respaldada por una misma ideología, propósito y, sobre todo, decisión política de derrotar al crimen organizado transnacional. Y esto va a marcar la diferencia”, dijo a Diálogo Diego Molano, exministro de Defensa de Colombia y director de Seguridad Ciudadana del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).
Ese cambio requiere procedimientos comunes, comunicaciones interoperables e intercambio oportuno de inteligencia. “Colombia aporta su experiencia en este tipo de operaciones, un sistema interconectado, comunicaciones entre las Fuerzas Armadas preparadas para ello y un conocimiento profundo del fenómeno criminal, factores que fortalecen la futura cooperación regional”, agregó Molano.

La inteligencia como multiplicador de fuerza
La inteligencia estratégica, táctica y operacional constituye uno de los pilares del sistema de seguridad colombiano. Frente a amenazas múltiples y cambiantes, el país ha perfeccionado métodos para identificar estructuras y mandos, rastrear comunicaciones, reconstruir redes y convertir información en objetivos operacionales.
“Las organizaciones que operan actualmente son organizaciones multicrimen que combinan narcotráfico con minería ilegal, extorsión, lavado de activos y otras actividades, mientras aprovechan tecnologías y logísticas que atraviesan fronteras”, dijo Molano.
Para responder a esa evolución, Colombia ha desarrollado mecanismos para integrar información de distintas fuentes y establecer conexiones entre personas, rutas, fuentes de financiación y nodos logísticos.
La Operación Titán, desarrollada en septiembre de 2026, ofrece un ejemplo reciente. La Policía Nacional, a través del GAULA Élite, la Dirección de Inteligencia Policial y el Comando de Operaciones Especiales y Antiterrorismo (COPES), con apoyo de la Fiscalía y la Administración para el Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA), capturó en Manizales, Caldas, a dos integrantes de alto nivel del Tren de Aragua.
La dimensión multinacional se refleja también en la Campaña Naval Orión, una iniciativa multinacional liderada por Colombia para coordinar esfuerzos contra el narcotráfico marítimo mediante intercambio de información y operaciones combinadas. El Centro de Fusión de Inteligencia de la Armada (CFI) y el Centro de Coordinación Operacional Internacional (CCOPI) permiten integrar información y coordinar esfuerzos con instituciones extranjeras.
“El valor de la capacidad de inteligencia de Colombia no está solo en intercambiar información, sino en su capacidad de convertirla en operaciones coordinadas junto a sus socios regionales”, señaló Molano.
Interdicción marítima y fluvial
La geografía colombiana ha obligado a desarrollar métodos de operación en el Caribe, el Pacífico y una extensa red de corredores fluviales. La Armada emplea Guardacostas, unidades de superficie, aviación naval, Infantería de Marina y sistemas de vigilancia para detectar e interdecir las rutas utilizadas por organizaciones criminales.
Uno de los principales desafíos para la región es la adaptación constante de esas redes. Un ejemplo son los semisumergibles, que permiten transportar grandes cargamentos de cocaína con menor exposición a la detección.
“El semisumergible se ha convertido en una plataforma logística clave para el narcotráfico por su capacidad de carga y dificultad de detección. Su evolución exige nuevas respuestas, y Colombia cuenta con experiencia que puede contribuir a fortalecer las capacidades de las unidades que operarán bajo esta coalición”, señaló el Coronel (R) de Infantería de Marina Nicolás Antonio López Pulgarín, investigador asociado del Centro de Estudios Estratégicos en Seguridad y Defensa (CSEDN) de la Escuela Superior de Guerra de Colombia.
En febrero de 2026, una operación conjunta entre Colombia y los Estados Unidos permitió interceptar en aguas internacionales un semisumergible con cerca de 10 toneladas de cocaína y detener a sus cuatro tripulantes. El cargamento fue valorado en unos USD 441 millones.
La interdicción también genera conocimiento sobre las rutas y métodos empleados por las organizaciones criminales. “El valor de explotar esa información y convertirla en inteligencia operacional permite identificar patrones, orientar nuevas operaciones y avanzar sobre las estructuras que sostienen estas actividades”, explicó el Cnel. López Pulgarín.
El Centro Internacional de Investigación y Análisis contra el Narcotráfico Marítimo (CIMCON) refleja esa capacidad. El centro analiza modalidades de narcotráfico marítimo, plataformas, rutas y cadenas logísticas para generar información que apoye la toma de decisiones y el intercambio entre países.
Operaciones e interoperabilidad
Más de cuatro décadas de actividad en selvas, montañas, ríos y zonas costeras llevaron a las Fuerzas Militares a desarrollar procedimientos para operar en lugares de difícil acceso y con limitada infraestructura.
“Esa experiencia se ha traducido en personal especializado, doctrina, entrenamiento, procedimientos y manuales operativos, así como en una forma de trabajo construida y perfeccionada durante décadas”, dijo Molano.
Esa experiencia también se ha puesto a prueba con fuerzas extranjeras. Durante Fused Response 2024, un ejercicio conjunto de operaciones especiales de Colombia y los Estados Unidos, las unidades realizaron ejercicios de inserción aérea y marítima, evacuación y planeamiento conjunto. En la Amazonía, BRACOLPER 2026 reunió a las armadas de Colombia, Brasil y Perú en entrenamientos fluviales combinados, incluidos ejercicios de interdicción y comunicaciones tácticas, con el objetivo de fortalecer la interoperabilidad frente a las amenazas transnacionales.
La experiencia de Colombia incluye además el planeamiento jurídico de las operaciones. “Colombia es el único país que conozco en América Latina que, cuando desarrolla operaciones militares, cuenta con un equipo jurídico que analiza qué marco jurídico e instrumento debe utilizarse, ya sea el derecho internacional humanitario o el régimen de derechos humanos, teniendo en cuenta todo lo que ha sucedido en el país”, señaló Molano.
Ese conocimiento añade una dimensión doctrinal a la cooperación regional: no se trata únicamente de entrenar unidades, sino de compartir procedimientos desarrollados para operar en escenarios complejos.

Seguir el dinero
La lucha contra el crimen organizado también se libra fuera del terreno operacional. “Solamente con acciones tácticas no vamos a desarticular una organización o un cártel. Se requiere una acción económica entre países para afectar sus finanzas y el blanqueo de capitales”, señaló el Cnel. López Pulgarín.
Colombia cuenta con una institucionalidad especializada para rastrear esos recursos. La Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) analiza información financiera, tributaria y aduanera para identificar operaciones sospechosas, establecer patrones y detectar vínculos entre actividades ilícitas y estructuras económicas.
La dimensión internacional resulta esencial porque los recursos pueden atravesar varias jurisdicciones. “Necesitamos de una cooperación global para hacer la trazabilidad de la información. Hay que saber a dónde va el dinero, dónde están los bancos y qué otras organizaciones intervienen, y así es como hemos obtenido resultados concretos”, afirmó el Cnel. López Pulgarín.
La Operación Imperium, desarrollada en septiembre de 2026 por la Policía, la Fiscalía y la DEA, muestra esos resultados. La investigación desarticuló una estructura vinculada al Clan del Golfo y dedicada al tráfico de cocaína y al lavado de activos. Las autoridades capturaron a 10 personas y aplicaron extinción de dominio sobre 39 bienes valorados en unos USD 12 millones.
Las redes también han incorporado nuevos mecanismos financieros. “Estamos hablando de grupos que se han sofisticado. Ya no basta con seguir los flujos de dinero en los bancos tradicionales o los mecanismos convencionales de lavado. Hay que entender cuáles son los flujos ilegales y cómo se transan recursos incluso en la dark web”, agregó Molano.
Experiencia para la cooperación regional
La capacidad colombiana también se extiende al desarrollo y adaptación de tecnología para responder a necesidades operacionales específicas, desde embarcaciones para operaciones marítimas y fluviales hasta sistemas no tripulados, sensores y plataformas como los helicópteros Arpía.
“Esas capacidades Colombia las puede poner al servicio del trabajo con otros países, particularmente Ecuador y Perú, y en algunos casos, inicialmente, con países de Centroamérica, con quienes comparte situaciones operacionales complejas”, agregó Molano.
Esta evolución se apoya en décadas de cooperación internacional. El Plan Colombia, lanzado por Colombia en 1999 y respaldado posteriormente por los Estados Unidos, fortaleció capacidades en áreas como la lucha contra el narcotráfico, el entrenamiento, el equipamiento y el fortalecimiento institucional.
Con el tiempo, Colombia desarrolló doctrina, experiencia operacional y mecanismos de cooperación que comenzó a compartir con fuerzas de otros países. En 2014, el entonces secretario de Defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel, describió al país como un “exportador de seguridad”, en referencia a su contribución al entrenamiento de fuerzas extranjeras.
La incorporación a la ACCC se inserta en esa evolución. Colombia llega a este mecanismo después de años de cooperación bilateral y multinacional, con experiencia acumulada en áreas que van desde la inteligencia y la interdicción hasta las operaciones especiales y la investigación financiera.
“No será solo coordinar fuerzas, sino lograr que puedan operar juntas. Eso exige procedimientos comunes, comunicaciones interoperables y confianza entre los participantes”, señaló Molano.
Para el Col. López Pulgarín, esa posibilidad se sustenta en una relación construida durante años. “No llegamos de la noche a la mañana. Existe un conocimiento compartido y procedimientos que hemos construido y aprendido juntos. Eso ha generado una confianza que hoy nos permite operar juntos”, concluyó.