La minería ilegal de oro en la región amazónica ha encontrado un aliado formidable en la creciente demanda global, cada vez más impulsada por intereses chinos a través de un medio difícil de detectar: las arenas auríferas. Según la alianza de medios de comunicación de investigación Amazon Underworld, los sindicatos comerciales chinos han tejido una compleja red que permite blanquear en la economía formal el oro extraído clandestinamente en Sudamérica. Este proceso “legaliza” efectivamente este metal precioso, lo que elimina su trazabilidad y oculta su origen ilícito.
Un reportaje del medio brasileño InfoAmazonía detalla un riguroso mecanismo: el oro es adquirido a través de intermediarios transnacionales, mezclado con materiales legales y canalizado hacia mercados internacionales, con un destino final frecuentemente vinculado a China.
En este panorama geopolítico, la Guayana Francesa se ha convertido en la primera línea de una nueva forma industrializada de depredación de recursos. La región, que antes era un territorio plagado de buscadores de oro ilegales a pequeña escala, ha sido anexionada por una jerarquía criminal profesionalizada. Los actuales garimpeiros —operadores clandestinos que desprecian las fronteras nacionales— son los soldados de a pie de las organizaciones criminales más violentas de Brasil. Estas facciones han transformado la minería en una amenaza a nivel estatal, proporcionando la fuerza armada y las rutas logísticas que permiten a los sindicatos respaldados por China extraer y exportar la riqueza de la Amazonía con impunidad.

Los informes de investigación de la Fundación Francesa para la Investigación Estratégica (FRS) confirman que estos actores chinos han pasado de ser proveedores indirectos a operadores directos, financiando las excavadoras pesadas y las trituradoras industriales en lo profundo del territorio francés. Al empujar estas arenas auríferas a través de las fronteras del Escudo Guayanés, intentan “lavar” el material a través de las cadenas de suministro reguladas europeas, utilizando el estatus de la Guayana Francesa como enclave europeo para eludir el escrutinio internacional.
En esa región de las Guayanas, “hay operadores de China que funcionan en territorios donde existe una fuerte presencia de minería ilegal”, explicó a Diálogo Bram Ebus, fundador de Amazon Underworld. “Son los chinos quienes compran las arenas ya trabajadas con mercurio, que capturan entre el 25 por ciento y el 30 por ciento del oro, y luego las procesan en su país en plantas de cianuración, donde se recupera el oro restante, en porcentajes mucho más altos”.
El auge de la minería ilegal también está indisolublemente relacionado con la estrategia china de asegurar recursos estratégicos en toda la región. Según el centro de estudios brasileño Instituto Igarapé, países como Guyana, la Guayana Francesa y Surinam se han convertido en nodos fundamentales de este plan, con empresas chinas vinculadas al Estado operando en las zonas de extracción. Esta expansión refleja algo más que la codicia privada; es una señal del respaldo tácito del Estado chino, que considera la adquisición de oro como un pilar de la seguridad nacional.
La explotación de las lagunas normativas en estos países permite que grandes cantidades de concentrados de oro sean exportadas, muchas veces bajo aranceles que no reflejan el verdadero contenido del material. “Este negocio de las arenas, que está creciendo incontrolable, indica que los países de Latinoamérica no saben con claridad qué se está extrayendo ni qué se está exportando”, añadió Ebus.
La volatilidad del mercado y el incentivo ilícito
El precio del oro se encuentra inmerso en un ciclo alcista sin precedentes. El 29 de enero de 2026, el precio alcanzó un récord histórico, aunque volátil, de USD 5500 la onza, según Bloomberg Línea. Este fenómeno, un efecto persistente de la inestabilidad pospandémica, ha intensificado la presión extractiva sobre la Amazonía, beneficiando a organizaciones criminales y ampliando la brecha en las cifras oficiales de comercio.
A diferencia de los lingotes tradicionales, las arenas auríferas se movilizan en sacos industriales de una tonelada en los buques de carga. Aun así, puede pasar desapercibidas por asemejarse a arena sucia.
“Una de sus principales características [de este comercio] es que puede sobrevaluarse, subvaluarse o, incluso, registrarse como un producto distinto” dice el medio peruano de investigación OjoPúblico. “Un cargamento completo de concentrado de oro en esas arenas puede declararse como concentrado de cobre, lo que permite mover grandes sumas de dinero [sin declararlo]”. Esa facilidad para manipular el valor declarado es la que lo hace atractivo para las redes criminales.
China no solo concentra una parte significativa de las capacidades globales de consumo y procesamiento de minerales estratégicos, sino que también habría acumulado reservas de oro cercanas a las 5000 toneladas, mucho más de lo que declara oficialmente, como reportó el diario español El País. Este apetito, combinado con la creciente demanda global y la transición energética, aumenta considerablemente el riesgo de infiltración criminal en las cadenas de suministro legítimas.
En muchas jurisdicciones, la minería ilegal de oro ha eclipsado al narcotráfico como una alternativa más lucrativa y menos arriesgada para grupos criminales. CNN en Español destacó que, en 2025, el entonces canciller peruano, Elmer Schialer, afirmó que la economía del oro ilegal en Perú era siete veces mayor que el comercio de cocaína.
Este lucrativo cambio ha precipitado la ocupación violenta de territorios indígenas en toda la Amazonía. Las pistas de aterrizaje clandestinas y los campamentos ilegales siguen destruyendo los bosques primarios y envenenando los sistemas fluviales con mercurio, violando los derechos fundamentales de las comunidades ancestrales. Investigaciones del sitio web de noticias medioambientales Mongabay lo corroboran aún más, revelando la existencia de al menos 128 pistas de aterrizaje clandestinas, utilizadas para operaciones ilícitas a lo largo de seis regiones peruanas.

La depredación china y la logística de las OCT
Mientras que las organizaciones criminales transnacionales (OCT) regionales proporcionan la violencia y el control territorial, China proporciona el destino esencial y la maquinaria financiera. En toda la región amazónica, varios actores armados han recurrido a la minería ilegal como principal fuente de ingresos. Entre ellas se encuentran el Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando de la Capital (PCC) de Brasil, así como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de Colombia.
Sin embargo, estos grupos no operan en el vacío, sino que se han convertido en facilitadores operativos de la depredación de recursos por parte de China. Al proporcionar un mercado para las arenas tratadas con mercurio y los concentrados no regulados, los comerciantes chinos ofrecen a las OCT un nivel de estabilidad financiera que el tráfico de drogas —sujeto a una mayor interdicción internacional— no siempre puede garantizar. Esta sinergia crea un peligroso círculo vicioso: la demanda china financia la expansión territorial de las OCT, que a su vez aseguran más tierras indígenas para la extracción con el fin de satisfacer esa misma demanda.
Los gobiernos de la región han intensificado recientemente sus esfuerzos para combatir este flagelo. En enero de 2026, la Fuerza Aeroespacial Colombiana y la Policía Nacional llevaron a cabo una operación conjunta para desmantelar infraestructura de minería ilegal vinculada a grupos transnacionales. Simultáneamente, una operación transfronteriza en la que participaron Brasil, Guyana, Guayana Francesa y Surinam resultó en el arresto de 200 personas, con el respaldo de Interpol y la Unión Europea.
Sin embargo, los expertos advierten que estas acciones, aunque necesarias, no atacan las raíces financieras del problema. “Con frecuencia observamos estrategias que consisten en ingresar a las zonas, destruir maquinaria minera y retirarse. Esto implica la destrucción de equipos o el arresto de personas en flagrancia, pero no logra afectar los flujos financieros ilícitos detrás del oro ni a las personas que se encuentran en los niveles más altos de estas organizaciones criminales”, señaló Ebus. Estas estructuras, agregó, suelen reemplazar rápidamente los equipos destruidos o contratar nuevos mineros.
Transparencia: desmantelar el marco depredador
La lucha contra la minería ilegal de oro no solo depende de operativos militares o policiales, sino también de una mayor transparencia y regulación en los mercados internacionales. La lucha no es solo contra los grupos criminales que explotan minas en la selva, sino contra la cadena de suministro global que hace la vista gorda ante el papel de China en el lavado de estos activos. Según Infobae, el rastreo del dinero y la implementación de controles estrictos sobre los beneficiarios reales de las empresas son esenciales para desmantelar el marco depredador que Pekín ha establecido en Sudamérica.
El acuerdo bilateral firmado entre Perú y Ecuador en diciembre de 2025 para combatir la minería ilegal y el tráfico de armas representa un avance importante. Sin embargo, la magnitud sigue siendo desalentadora: Perú sigue concentrando el 44 por ciento del comercio ilícito de oro en la región, frente al 25 por ciento de Colombia y el 12 por ciento de Bolivia.
La convergencia de precios récord y el apetito estratégico de China por el oro ha creado una tormenta perfecta. Se trata de un escenario que no solo amenaza el ecosistema amazónico, sino que permite a una potencia extranjera subvencionar el crimen organizado, lo que en última instancia supone un desafío a la soberanía de los Estados latinoamericanos.
“Combatir esta problemática requiere un enfoque integral que combine acciones locales con cooperación internacional y un mayor control sobre las cadenas de suministro globales”, finalizó Ebus.



