En toda Latinoamérica, los institutos Confucio se presentan como centros dedicados a la enseñanza del idioma chino y al intercambio cultural, ofreciendo cursos de mandarín y programas de artes tradicionales que han atraído a estudiantes y universidades de toda la región. Sin embargo, analistas sostienen que estos institutos cumplen un propósito estratégico más amplio: ayudar a Pekín a cultivar una influencia a largo plazo sobre las instituciones académicas, los futuros responsables de la toma de decisiones y los ecosistemas de investigación, cada vez más vinculados a la seguridad nacional, las tecnologías emergentes y los sectores estratégicos.
Creciente escrutinio
Honduras se convirtió en el país más reciente de Latinoamérica en albergar un Instituto Confucio en mayo de 2025, dos años después de establecer relaciones diplomáticas con China. El instituto, ubicado en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), en Tegucigalpa, fue establecido mediante un acuerdo con la Universidad de Estudios Internacionales de Zhejiang y fue el resultado de casi dos años de planificación y coordinación en los que participaron la Embajada de China en Honduras, el Instituto Confucio de la Universidad de Panamá y otras instituciones educativas.
La apertura del Instituto Confucio en Honduras contrasta con una reevaluación más amplia de estos centros a nivel internacional. Universidades de Estados Unidos, Europa, Australia, Canadá y algunas partes de Asia han cerrado o reestructurado sus alianzas con los institutos Confucio debido a preocupaciones relacionadas con la libertad académica, la transparencia, la influencia extranjera y la seguridad nacional.
Investigadores señalan que Pekín respondió a las crecientes críticas reorganizando el programa en 2020 bajo la Fundación Internacional para la Educación China (CIEF) y el Centro para la Educación y la Cooperación Lingüística (CLEC). Sin embargo, muchos expertos consideran que el cambio fue principalmente administrativo y sostienen que los institutos siguen siendo un componente importante de la estrategia más amplia de China para cultivar vínculos políticos, académicos y culturales de largo plazo en el extranjero.
El modelo de los institutos Confucio constituye solo uno de los componentes de la creciente presencia educativa de China en Latinoamérica. Los analistas consideran que estos centros forman parte de un ecosistema de influencia más amplio que incluye alianzas universitarias, cooperación en investigación, becas, intercambios de profesores, colaboración con centros de estudios y programas de capacitación profesional. En conjunto, estas iniciativas permiten a Pekín establecer relaciones institucionales duraderas, ampliar su acceso a redes académicas y científicas, moldear la percepción de las élites y normalizar la cooperación en sectores de creciente importancia estratégica.
Preocupación en la región
La expansión de los institutos Confucio ha despertado preocupación entre académicos, futuros líderes y organizaciones de derechos humanos. Sus críticos sostienen que estos centros promueven una imagen cuidadosamente construida de China, al tiempo que evitan abordar temas políticamente sensibles como la represión de la Plaza de Tiananmén en 1989, Taiwán, el Tíbet y el trato a los uigures y otras minorías musulmanas en Xinjiang.
Expertos de las Naciones Unidas han estimado que más de un millón de uigures y otras minorías predominantemente musulmanas podrían haber sido detenidos arbitrariamente en instalaciones que Pekín describe como centros de formación y capacitación profesional.
Human Rights Watch ha descrito a los institutos Confucio como extensiones de la influencia del Gobierno chino en el extranjero, argumentando que fomentan la autocensura dentro de las instituciones anfitrionas y restringen el debate sobre temas que Pekín considera políticamente sensibles.
Según la Fundación Andrés Bello, la expansión de los institutos Confucio en Latinoamérica también conlleva el riesgo de influir en las agendas académicas al aumentar la dependencia financiera de las universidades respecto al financiamiento chino. En Colombia, la fundación concluyó que estas instituciones forman parte de la estrategia diplomática más amplia del Partido Comunista Chino en la región.
Los investigadores sostienen que esta influencia no se ejerce únicamente limitando el debate sobre asuntos políticamente sensibles, sino también promoviendo narrativas que presentan de manera favorable el sistema político chino, su modelo de desarrollo y sus iniciativas internacionales.
Construyendo una influencia a largo plazo
A medida que muchas universidades de Latinoamérica enfrentan restricciones presupuestarias, el financiamiento chino se ha convertido en una fuente de apoyo cada vez más atractiva. Sin embargo, los críticos advierten que estas alianzas erosionan gradualmente la independencia académica e influyen en las prioridades de investigación.
El Plan de Acción Conjunto China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) 2022-2024 planteó la expansión de la enseñanza del idioma chino en toda la región mediante el aumento del número de institutos Confucio, la promoción del mandarín, la incorporación de la enseñanza del idioma chino en los planes de estudio nacionales y la ampliación de las becas y oportunidades de estudio en China.
La cooperación educativa ocupa un lugar destacado en la estrategia regional de Pekín. A través de becas, intercambios académicos, proyectos conjuntos de investigación y alianzas institucionales, China ha buscado profundizar sus vínculos con las universidades al tiempo que amplía su presencia en áreas como la ingeniería, las telecomunicaciones, la inteligencia artificial, las energías renovables y la manufactura avanzada. Según los analistas, estas iniciativas no solo fortalecen la cooperación científica, sino que también amplían la influencia de China a largo plazo dentro de las redes académicas y de la producción de conocimiento.
Brasil, que alberga la mayor red de institutos Confucio de Latinoamérica, se ha convertido en uno de los principales focos de esta estrategia. La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) ha destacado la expansión de la cooperación académica y científica de China en el país, señalando que varios institutos operan en regiones de creciente importancia estratégica y económica.
China también ha continuado ampliando la cooperación académica en toda Latinoamérica. Universidades de países como Brasil, Chile, Ecuador, Honduras y Perú han firmado acuerdos con instituciones chinas en disciplinas que abarcan desde la ingeniería y las energías renovables hasta las tecnologías digitales y la manufactura avanzada.
A diferencia de las campañas tradicionales de diplomacia pública dirigidas al público en general, los institutos Confucio interactúan principalmente con universidades, profesores, investigadores y estudiantes, comunidades de las que con frecuencia surgen futuros líderes, diplomáticos, periodistas, ejecutivos empresariales, oficiales militares y funcionarios gubernamentales. Los analistas sostienen que cultivar relaciones dentro de estos sectores permite a Pekín construir una influencia que va mucho más allá del aula.
Parsifal D’Sola, analista de política exterior y director ejecutivo de la Fundación Andrés Bello, sostiene que el objetivo de Pekín a largo plazo va más allá de la enseñanza del idioma.
“Mientras exista una mayor participación de profesores latinoamericanos en investigaciones financiadas por una entidad del Gobierno chino, veremos menos críticas hacia China dentro del ámbito académico, y eso beneficia la imagen internacional de China”, dijo D’Sola a Voz de América.
Según D’Sola, el objetivo va más allá de enseñar mandarín o promover la cultura china. Al cultivar relaciones duraderas con universidades y comunidades académicas, Pekín busca moldear la forma en que los futuros líderes comprenden a China y su papel en el sistema internacional.
Para los analistas, los institutos Confucio deben entenderse, por tanto, no como programas educativos aislados, sino como un elemento de una estrategia más amplia para expandir la influencia política, económica y estratégica de China en toda Latinoamérica.
Este artículo fue publicado originalmente a mediados de 2025 y ha sido actualizado para su republicación.



