No es ningún secreto que la naturaleza cada vez más transfronteriza del crimen organizado transnacional ha obligado a los organismos encargados de hacer cumplir la ley de todo el mundo a esforzarse por seguir el ritmo de las organizaciones criminales. Los atacantes, las rutas de dinero, los canales de comunicación y los beneficiarios suelen estar repartidos por múltiples jurisdicciones, lo que refuerza la realidad operativa de que las investigaciones sobre delitos cibernéticos abarcan varios países simultáneamente. En Jamaica se está produciendo un cambio importante, ya que la isla es ahora tanto un objetivo como una plataforma desde la que los estafadores utilizan tecnologías y métodos cada vez más sofisticados para atacar a sus víctimas.
Jervis Moore, director de Investigaciones de la Agencia de Lucha contra el Crimen Organizado y la Corrupción (MOCA) de Jamaica, el organismo principal del país para combatir el crimen organizado, el cibercrimen y la corrupción, afirma que pronostican que la tendencia continuará.
“A los ciberdelincuentes les encantan las fronteras porque a los investigadores no”, dijo Moore. “Un correo electrónico que se origine en Jamaica cruza un servidor de correo electrónico en Europa, antes de terminar en una bandeja de entrada en Arizona. Luego mueve los fondos robados a través de cuentas bancarias estadounidenses y entidades intermediarias, antes de llegar a un beneficiario en algún lugar de África. Así de complejos se han vuelto estos delitos, y así de difícil es ahora para las fuerzas del orden desentrañarlos”, afirma Moore.
A medida que las redes criminales que operan en el ciberespacio se enfocan cada vez más en los sistemas financieros, las instituciones públicas y la infraestructura crítica, la cooperación se ha convertido no solo en una necesidad operativa para las fuerzas del orden, sino también en un requisito más amplio de seguridad nacional.
En respuesta a esta realidad, los organismos de aplicación de la ley como la MOCA han tenido que volverse más integrados, coordinados y adaptables.
“En estos casos, las pruebas no se encuentran ordenadas en un solo lugar”, dice Moore. “La única forma de respaldar un caso completo es mediante la coordinación con socios de confianza en diversos campos, especializaciones y jurisdicciones”.
Para la MOCA, el énfasis en las alianzas y la coordinación interinstitucional se considera una ventaja estratégica y operativa, que la agencia ha sabido aprovechar con gran eficacia. En 2023, la Comisión Nacional del Agua de Jamaica (NWC) alertó a la agencia que unos ciberdelincuentes habían desviado ilegalmente más de USD un millón a cuentas bancarias de beneficiarios. Trabajando junto con socios federales de las fuerzas del orden de los EE. UU. y Nigeria, la MOCA rastreó la trama hasta llegar a los autores de la amenaza nigeriana, lo que condujo a la detención de dos sospechosos y a la devolución de la mayor parte del dinero a Jamaica, tras haber sido congelado en cuentas bancarias intermediarias de los EE. UU.
Según Moore, ese caso demuestra cómo funciona la coordinación en la práctica. Comienza con la detección y la denuncia a nivel local y pasa a un trabajo forense de profundidad, antes de ampliarse a la coordinación con las autoridades de las jurisdicciones donde operan los sospechosos o hacia donde conduce el rastro del dinero.
Nigel Parke, director sénior de Servicios Legales y de Fiscalía de MOCA, está en la agencia desde su creación y ha sido testigo de la naturaleza cambiante de la delincuencia organizada transnacional.
“Ninguna entidad jamaicana puede simplemente operar en Lagos o incautar infraestructura o activos por su cuenta. La aplicación de la ley cibernética transfronteriza depende de relaciones de confianza con socios, inteligencia compartida y, lo que es muy importante, acuerdos legales. Estos casos son cada vez más densos en documentación y jurisdiccionalmente complejos. El desafío no es solo identificar y arrestar a los delincuentes, sino también construir casos sólidos y procesables que puedan resistir el escrutinio en los tribunales de diferentes sistemas legales. El caso de la NWC es uno de los ejemplos más claros de que ese sistema funciona”, afirma Parke.
A nivel nacional, la MOCA también ha dependido en gran medida de las alianzas y la coordinación para fortalecer sus capacidades. Al igual que la mayoría de las entidades de aplicación de la ley, la agencia enfrenta escasez crítica de expertos y conocimientos especializados para mantenerse al día con el entorno de amenazas en rápida evolución. La competencia es feroz por la financiación, las capacidades técnicas y el personal calificado, y no se puede esperar que una sola entidad mantenga todas las capacidades necesarias para enfrentar amenazas en rápida evolución. Esto refuerza aún más la necesidad de colaboración y coordinación.
Para subrayar su importancia estratégica, la agencia mantiene varios memorandos de entendimiento (MOU) con otros organismos locales encargados de hacer cumplir la ley, como la División de Investigaciones Financieras (FID) y la Comisión de Integridad de Jamaica, así como mecanismos de colaboración con contrapartes internacionales. Estos tienden puentes entre las brechas organizativas y proporcionan un marco claro y escrito para guiar la forma en que se ejecutan y ponen en práctica estas colaboraciones.
La verdad silenciosa es que el mayor multiplicador de fuerzas de Jamaica contra la delincuencia organizada transnacional no es solo la tecnología, la legislación o las operaciones, sino la red de alianzas locales, regionales e internacionales que sustentan esta importante lucha.



