Mientras la participación de la canadiense Sherritt International en el sector del níquel cubano enfrenta un período de incertidumbre tras anunciar inicialmente su intención de retirarse de una de sus empresas mixtas con el régimen de La Habana, China amplía gradualmente su apoyo tecnológico a la industria minera de la isla. La incorporación de equipos suministrados por Pekín para modernizar instalaciones envejecidas contribuye a mantener operativa una de las principales fuentes de divisas del régimen cubano y profundiza la integración de Cuba en cadenas de suministro de minerales críticos sobre las que China ejerce una influencia cada vez mayor.
Para analistas, esta evolución plantea interrogantes sobre la dependencia estratégica, la soberanía económica y la seguridad de las cadenas globales de suministro.
“Cuba sigue siendo un socio importante para Pekín desde el punto de vista político e ideológico”, explicó a Diálogo Adam Ratzlaff, fundador y director ejecutivo del centro de análisis Pan-American Strategic Advisors. Según el experto, “China, que ya controla una parte significativa de las cadenas globales de minerales críticos, está en condiciones de aprovechar su relación con Cuba para reforzar aún más su influencia y asegurarse recursos considerados indispensables”.
Cuba cuenta con algunas de las mayores reservas de níquel y cobalto del mundo, concentradas principalmente en el distrito minero de Moa-Nicaro, en la provincia oriental de Holguín. Estos minerales son esenciales para baterías de vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento energético, energías renovables, electrónica avanzada y diversas aplicaciones industriales y de defensa.
Aunque la producción cubana representa una fracción del suministro mundial, sus reservas adquieren importancia estratégica porque pueden integrarse a cadenas de suministro ya dominadas por empresas chinas, reforzando la posición de Pekín en un mercado considerado crítico para las tecnologías del futuro.
En el contexto en que los minerales críticos adquieren una importancia cada vez mayor para las cadenas globales de suministro, analistas advierten que una mayor presencia china en el sector minero cubano no solo proporcionaría nuevas fuentes de ingresos y respaldo tecnológico al régimen cubano, sino que también fortalecería la capacidad de Pekín para ampliar su influencia sobre cadenas de suministro estratégicas para la transición energética, la manufactura avanzada y determinadas industrias de defensa. Esto podría aumentar la dependencia de numerosos países de cadenas de suministro vinculadas a China y ampliar la influencia económica y geopolítica de Pekín en el Caribe.
Las reservas estratégicas de la isla

Las reservas de níquel y cobalto de Moa constituyen uno de los principales activos mineros de Cuba. Sin embargo, la isla carece desde hace años de los recursos financieros, tecnológicos e industriales necesarios para aprovechar plenamente este potencial. En Moa operan las empresas Comandante Ernesto Che Guevara y Comandante Pedro Soto Alba, mientras que el cierre en 2012 del histórico complejo Comandante René Ramos Latour, en Nicaro, redujo significativamente la capacidad industrial del sector. Desde entonces, la producción ha dependido de un número limitado de instalaciones que se han deteriorado tras años de crónica falta de inversión, mantenimiento insuficiente, persistentes crisis energéticas y una gestión económica deficiente por parte del régimen cubano.
La combinación de una infraestructura industrial deteriorada, la escasez de capital para invertir y el acceso limitado al financiamiento ha incrementado la dependencia del régimen cubano de socios extranjeros capaces de aportar financiamiento, equipos y tecnología. En este contexto, según Ratzlaff, “las compras chinas de minerales críticos podrían convertirse en una importante fuente de ingresos y divisas para el régimen cubano, acercando aún más a ambos países”.
Más allá de la compra del mineral, analistas advierten que una mayor participación de empresas y tecnología chinas podría profundizar la dependencia estructural de Cuba respecto de Pekín para mantener operativa una de sus industrias estratégicas y acceder a los mercados internacionales.
Al mismo tiempo, empresas chinas controlan aproximadamente el 75 por ciento de la capacidad de refinación de níquel en Indonesia, el mayor productor mundial del mineral. La integración de la producción cubana en cadenas de suministro vinculadas a China reforzaría aún más esa posición. Los precios del níquel han caído de más de USD 40 000 por tonelada en 2022 a alrededor de USD 15 000 en 2025, impulsados en gran medida por el exceso de oferta procedente de Indonesia. Esta dinámica ha fortalecido el peso de Pekín en la cadena global de suministro, reduciendo el poder de negociación de numerosos productores y aumentando la dependencia de los países exportadores de redes de abastecimiento vinculadas a China.
Además, la caída de los precios ha incrementado la presión financiera sobre productores de mayores costos como Cuba, haciendo aún más relevante el respaldo de socios externos capaces de aportar tecnología, equipos y acceso a mercados.
El avance de Pekín
China figura entre los principales destinos del níquel cubano. Según datos del Observatorio de Complejidad Económica, en 2024 importó más de USD 53 millones de níquel procedente de la isla.
Sin embargo, el interés de Pekín va mucho más allá del comercio. La estrategia china busca asegurar el acceso a minerales críticos desde la extracción hasta el procesamiento y la refinación, fortaleciendo cadenas de suministro sobre las que ya ejerce una posición dominante. La incorporación de Cuba a ese ecosistema ampliaría aún más esa influencia.
Ya en 2004, China y Cuba anunciaron una inversión conjunta superior a USD 500 millones para modernizar la planta de Camarioca, en la provincia de Matanzas, mediante una empresa conjunta con China Minmetals, aunque el proyecto nunca se concretó.
Dos décadas después, en un contexto de creciente importancia estratégica de los minerales críticos, China ha retomado su apoyo tecnológico al sector. En abril, la planta Ernesto Che Guevara inició la instalación de un nuevo sedimentador suministrado por China para mejorar la eficiencia de los procesos de lixiviación y recuperación de metales.
“Esto demuestra cómo, a pesar de las dificultades económicas que enfrenta Cuba, el régimen sigue contando con patrocinadores internacionales y encontrando mecanismos para obtener márgenes financieros”, explicó Ratzlaff. Según el experto, esto también evidencia cómo Pekín continúa invirtiendo en minerales críticos que considera fundamentales para su crecimiento económico.
El caso cubano forma parte de una estrategia más amplia mediante la cual empresas chinas han incrementado su presencia en proyectos de litio, cobre y otros minerales críticos en Latinoamérica. En conjunto, estas inversiones permiten a Pekín diversificar sus fuentes de suministro, ampliar su influencia sobre recursos estratégicos y reforzar cadenas de abastecimiento esenciales para industrias de alta tecnología.
Además de los minerales críticos, la cooperación entre Pekín y La Habana abarca sectores como energía, infraestructura, telecomunicaciones y tecnología. Para los analistas, la creciente participación china en áreas estratégicas de la economía cubana contribuye a consolidar la presencia de Pekín en el hemisferio occidental al tiempo que proporciona al régimen cubano nuevas fuentes de respaldo económico y tecnológico.
En este contexto, la creciente integración del sector minero cubano en cadenas de suministro vinculadas a China trasciende el ámbito económico. Refleja cómo Pekín utiliza inversiones, tecnología y acceso a mercados para fortalecer relaciones con gobiernos aliados, ampliar su influencia sobre recursos estratégicos y consolidar su posición en industrias críticas para la economía y la seguridad. Para analistas, el caso cubano demuestra además cómo el respaldo chino continúa proporcionando al régimen de La Habana recursos para sostener sectores estratégicos de su economía pese a la prolongada crisis que atraviesa la isla.
Por ello, concluye Ratzlaff, será cada vez más importante la colaboración entre los actores regionales “para identificar y contrarrestar los riesgos derivados del control chino de industrias estratégicas y sectores críticos de la economía”.



