Incautar drogas o detener sospechosos puede interrumpir operaciones criminales, pero desmantelar las redes del crimen organizado transnacional requiere algo más duradero: evidencia que conecte delitos, armas, drogas y sospechosos entre distintas jurisdicciones. Cada vez más, la ciencia forense permite establecer esos vínculos, transformando investigaciones aisladas en inteligencia que fortalece las operaciones coordinadas y los procesos judiciales.
“La ciencia forense se convirtió en un área prioritaria y estratégica porque es una manera de generar un cambio drástico”, dijo a Diálogo Ghaleb Krame, académico y experto en aplicación de la ley de la Universidad Anáhuac México.
Inversión que trasciende la tecnología
Ese cambio quedó reflejado durante la Segunda Cumbre Regional de Liderazgo Forense del Caribe, celebrada del 20 al 22 de mayo en Santa Lucía, donde los Estados Unidos anunciaron más de USD 8 millones para fortalecer los laboratorios forenses del Caribe. Los fondos permitirán adquirir equipos para mejorar la detección de drogas sintéticas, incluido el fentanilo, ampliar la capacitación técnica, reducir la acumulación de casos, reforzar la colaboración con la Administración para el Control de Drogas de los EE. UU. (DEA) y fortalecer la producción de evidencia admisible en procesos judiciales relacionados con el crimen organizado transnacional.
La cumbre congregó a representantes forenses, fiscales y autoridades de seguridad de 13 países caribeños, junto con el Sistema Regional de Seguridad (RSS) y la Agencia de Implementación para el Crimen y la Seguridad de la Comunidad del Caribe (CARICOM IMPACS). Además, dio origen al Grupo de Trabajo Científico Forense del Caribe, la primera plataforma regional que vincula a profesionales forenses del Caribe con expertos estadounidenses para mejorar estándares, fortalecer la cooperación y ampliar el intercambio de información.
La iniciativa también se apoya en la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe (CBSI), mediante la cual los EE. UU. colaboran con los países caribeños desde 2010 para fortalecer la seguridad regional, combatir el tráfico ilícito y desarrollar capacidades en las fuerzas del orden y los sistemas de justicia. Como parte de ese esfuerzo, Santa Lucía y Guyana se convirtieron en los primeros países del Caribe en implementar el Sistema Global Unificado de Evaluación y Reporte de Drogas (GUARDS) de la DEA, fortaleciendo la capacidad regional para identificar y reportar nuevas drogas sintéticas mediante métodos analíticos estandarizados.
“El apoyo no consiste únicamente en equipamiento; también incluye capacitación. Inversiones como estos USD 8 millones buscan desarrollar capacidades para recopilar y analizar evidencia. Tecnologías como las utilizadas para el análisis de ADN son costosas, por lo que concentrar capacidades puede tener importancia regional”, afirmó Krame.
Cuando la evidencia conecta delitos entre jurisdicciones
El valor de la evidencia forense va mucho más allá de resolver un caso individual. La información forense estandarizada puede revelar vínculos entre investigaciones realizadas en distintos países, ayudando a identificar rutas de tráfico, armas compartidas y redes criminales que operan a través de las fronteras.
En junio, la Real Fuerza Policial de San Vicente y las Granadinas recibió formalmente de CARICOM IMPACS y de la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL) del Departamento de Estado de los EE. UU. el sistema de imágenes balísticas IBIS BRASSTRAX y el sistema Bullet Catcher. Esta tecnología genera imágenes tridimensionales de alta resolución de casquillos y otras evidencias balísticas, permitiendo comparar pruebas relacionadas con armas de fuego entre distintas jurisdicciones e identificar posibles vínculos entre delitos violentos.
“Estandarizar cómo recopilamos y compartimos los datos sobre armas de fuego empodera a cada territorio participante. Un avance en una isla puede ayudar de inmediato en otra a resolver un caso o prevenir un delito violento”, afirmó el Teniente Coronel de las Fuerzas de Defensa de Barbados Michael Jones, director ejecutivo de CARICOM IMPACS.
Krame señaló que el mismo principio se aplica a múltiples disciplinas forenses.
“Hay firmas. Si aparecen las mismas firmas en México, Argentina, Haití o las Bahamas, existe una hipótesis sólida de que puede tratarse de la misma organización, cártel o incluso individuo”, explicó Krame.
Esta cooperación adquiere especial relevancia mientras el Caribe y los Estados Unidos mantienen como prioridad compartida interrumpir el tráfico ilícito de armas de fuego, reconociendo que las redes criminales trasladan armas a través de las fronteras con mayor rapidez de la que un país puede investigarlas por sí solo.
Del ADN a la evidencia digital
La balística es solo uno de los componentes de las investigaciones forenses modernas.
El Laboratorio de Ciencias Forenses de Santa Lucía, que obtuvo la acreditación internacional en 2022 con apoyo del Departamento de Estado de los EE. UU., realiza análisis de ADN, pruebas de sustancias controladas, investigaciones de escenas del crimen, exámenes de armas de fuego y gestión de evidencia. En 2023, fue designado Centro Regional de Excelencia en Ciencias Forenses, reforzando su papel en el fortalecimiento de las capacidades forenses en el Caribe.
“Cuando la información del análisis de drogas, el ADN, la balística y la evidencia digital se integra dentro de una investigación basada en inteligencia, la diferencia es exponencial. Para la DEA, la CIA y otras agencias, la toma de decisiones se sustenta en hechos. Y esos hechos salen de los laboratorios”, afirmó Krame.
La dimensión digital ha adquirido una importancia equivalente.
En Jamaica, la Agencia contra el Crimen Organizado y la Corrupción (MOCA) realiza análisis forenses de dispositivos digitales, recupera datos eliminados o cifrados, examina evidencia cibernética y prepara peritajes para procesos judiciales.
“Un fraude internacional deja evidencia que puede rastrearse hasta encontrar una misma firma. La forma en que se explotó la vulnerabilidad de un sistema puede conectar hechos ocurridos, por ejemplo, en Argentina y México”, señaló Krame.
Cooperación regional fortalece las investigaciones
La evidencia forense adquiere aún mayor valor cuando se recopila conforme a estándares comunes y se comparte entre jurisdicciones.
En enero, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) reunió en las Bahamas a autoridades del Caribe en una capacitación sobre rastreo de armas, balística forense, detección fronteriza y uso estratégico de información contra el tráfico ilícito de armas de fuego.
A principios de junio, CARICOM IMPACS, el Ministerio de Defensa de Trinidad y Tobago y la INL organizaron un taller regional para fortalecer las investigaciones transfronterizas sobre armas de fuego, mejorar el intercambio de inteligencia y reforzar la capacidad de los fiscales para construir casos penales más sólidos.
Las tecnologías emergentes continúan transformando estas investigaciones.
“Ante el uso de drones, la investigación debe determinar qué dispositivo se utilizó, qué explosivos pudo transportar y cuál fue la logística detrás de su operación. Es un nuevo campo para las ciencias forenses”, afirmó Krame.
El experto subrayó que sostener estos avances requiere mucho más que nuevos equipos.
“Para fortalecer la cooperación frente al crimen organizado se necesita voluntad política para operar, invertir y combatirlo, y un cambio cultural en la aplicación y procuración de la ley para que no haya impunidad. Entonces sí puede haber una cooperación efectiva”, concluyó.
El fortalecimiento de las capacidades forenses en el Caribe está transformando la manera en que las autoridades enfrentan el crimen organizado transnacional. Laboratorios modernos, estándares compartidos, métodos forenses acreditados y sistemas interoperables de intercambio de información permiten a los investigadores conectar evidencia entre distintas jurisdicciones, generar inteligencia y sustentar procesos judiciales más sólidos. A medida que las organizaciones criminales continúan operando a través de las fronteras y adoptan nuevas tecnologías, la capacidad de convertir la evidencia forense en inteligencia útil será un componente cada vez más importante para la seguridad y la cooperación regional.