En menos de dos décadas, la nueva naturaleza de la inversión china en Brasil ha experimentado una profunda transformación. Más allá de la enorme huella de los gigantes estatales, una nueva ola de pequeñas empresas chinas avanza silenciosamente por todo el país.
Esta tendencia representa un cambio estratégico hacia inversiones de menor valor y más diversificadas en una amplia gama de sectores, según datos publicados en diciembre de 2025 por el portal Estadão, basados en un estudio de Araújo Fontes, una empresa brasileña de asesoría financiera. El valor medio de estos proyectos de inversión confirma los cambios: entre 2010 y 2014, el valor promedio era de unos USD 507 millones; de 2015 a 2019, descendió a USD 313 millones; y de 2020 a 2024, cayó aún más, hasta unos USD 112 millones.
En lugar de unos pocos megaproyectos aislados, la estrategia actual favorece una densa red de proyectos en serie que penetran en diferentes regiones e industrias. Estas inversiones se centran cada vez más en proyectos greenfield, en los que los financieros asignan recursos para construir nuevas operaciones desde cero, en lugar de limitarse a adquirir las ya existentes.
Marcos Degaut, exsubsecretario especial de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República y exsecretario ejecutivo de la Cámara de Comercio Exterior de Brasil, advierte que este nuevo patrón podría tener un efecto más corrosivo en la industria nacional que la era anterior de adquisiciones a gran escala.
Riesgos ocultos de la inversión diversificada
Degaut sostiene que, si bien los proyectos más pequeños pueden parecer menos intrusivos, en realidad crean un conjunto más complejo de desafíos para la soberanía industrial de Brasil. Señala que el cambio hacia muchas inversiones más pequeñas permite una presencia omnipresente que es más difícil de regular o contrarrestar.
“Este es uno de los efectos más subestimados, pero quizás el más relevante desde el punto de vista del desarrollo industrial de la nueva norma. A diferencia de los megaproyectos aislados, la distribución de la inversión en diversos sectores crea una competencia asimétrica con las empresas nacionales, la ocupación progresiva de nichos productivos y la estandarización tecnológica basada en los proveedores chinos”, explicó Degaut. “Esto ocurre porque las empresas chinas tienden a operar con acceso a financiación más barata, integración vertical, apoyo indirecto del Estado chino, una reducida red de protección de los trabajadores, y escala global”.

Centros estratégicos y control de las infraestructuras
Históricamente, Brasil ha sido el principal destino del capital chino en Latinoamérica, actuando como centro regional, donde las empresas podían probar modelos de negocio antes de expandirse más. Sin embargo, la fase actual implica un nivel de integración mucho más profundo. Las empresas chinas están trayendo cada vez más sus propias cadenas de suministro, incluyendo ingeniería, equipos y proveedores de servicios, a menudo respaldadas por líneas de crédito directas de bancos chinos. Un ejemplo destacado es la adquisición de la empresa brasileña Concremat por parte de China Communications Construction Company (CCCC), que alteró fundamentalmente el papel de la empresa local.
Esta estrategia de creación de plataformas permite a las entidades chinas mantener el control sobre etapas cruciales de la infraestructura brasileña. CCCC ha conseguido importantes contratos, como el puente Salvador-Itaparica en Bahía y varios proyectos ferroviarios. Además, a través de su importante participación en la empresa portuguesa Mota-Engil, que ganó la licitación para el túnel Santos-Guarujá a principios de 2026, CCCC sigue ampliando su alcance.
“Sin políticas de protección inteligentes por parte del Gobierno brasileño o el fortalecimiento de la industria local, el efecto podría ser el desplazamiento de las empresas nacionales, la reducción de la inversión interna y la transformación de los productores locales en meros proveedores subordinados. Esto se traduce en algo más moderno que la colonización económica clásica, ya que ahora estamos asistiendo a la sustitución gradual de la capacidad productiva nacional por agentes económicos externos”, afirmó Degaut.
Expansión regional e implicaciones geopolíticas
El enfoque en los centros regionales es especialmente visible en Bahía, que se ha convertido en un imán para el interés chino debido a su capacidad de generación de energía eólica y solar. Más allá de la energía, las empresas chinas se están fijando en la red logística del estado, concretamente en los corredores de exportación esenciales para la agroindustria y la minería.
“Las empresas chinas están buscando regiones con una fuerte capacidad de generación de energía renovable y expansión logística, y Bahía está en su mira”, declaró Marcio Santiago, socio de Araújo Fontes, para Bahia Econômica. Se espera que proyectos como Porto Sul en Ilhéus consoliden aún más esta presencia.
Para Degaut, estos acontecimientos forman parte de un panorama económico más amplio y preocupante. China absorbe actualmente casi el 30 por ciento de todas las exportaciones brasileñas, principalmente materias primas como la soya, el mineral de hierro y el petróleo. Degaut sostiene que esta concentración hace que la economía brasileña sea muy vulnerable a las presiones externas.
“La vulnerabilidad económica, con el destino de casi un tercio de la producción exportable de Brasil dependiendo de un único socio, significa que las perturbaciones en la demanda china tienen un fuerte impacto en el rendimiento de las exportaciones brasileñas. La especialización en materias primas, con alrededor del 80 por ciento de estas exportaciones son productos de bajo valor añadido, mientras que Brasil importa productos manufacturados de mayor valor añadido de China. Esto refuerza un patrón de dependencia que no impulsa la diversificación y la sofisticación de la economía brasileña”, afirma Degault.
Brasil en el juego global
A medida que las empresas chinas se adentran en sectores de infraestructura críticos, adquieren la capacidad de dictar cómo las exportaciones brasileñas llegan al mercado global. Degaut sostiene que esta dependencia funcional en sectores estratégicos es una cuestión crítica que debe abordarse.
“Las empresas chinas también están entrando en infraestructuras críticas como energía, puertos y ferrocarriles, que condicionan cómo se transportan las exportaciones y se integran en el mercado global. Esta configuración significa que las decisiones económicas brasileñas tienen efectos estructurales, vinculados directamente al funcionamiento de la economía china, que no es independientemente neutral”, afirmó Degaut.
Esta dependencia funcional en sectores estratégicos ha llegado a un punto en el que debe ocupar un lugar central en los debates sobre la política diplomática e industrial de Brasil, argumenta Degaut, quien añade que considera que la trayectoria actual supone un cambio fundamental en el papel de Brasil en la escena mundial.
“En resumen”, concluye Degaut, “Brasil se está volviendo estructuralmente más dependiente de China en sectores específicos, especialmente aquellos en los que existe baja capacidad industrial nacional, falta de capacidad política y tecnológica y capital nacional escasos”.


