La participación activa de Brasil con empresas de China en el sector de las telecomunicaciones, con el objetivo de promover la inclusión digital y la expansión del 5G, está generando alertas sobre importantes cuestiones de seguridad nacional. Estas iniciativas incluyen proyectos ambiciosos como Norte Conectado, destinado a llevar Internet de alta velocidad a la región amazónica mediante fibra óptica submarina, y la implementación de la tecnología de transmisión TV 3.0.
Los riesgos de la tecnología de telecomunicaciones de China se derivan principalmente de las leyes de seguridad nacional emitidas desde Pekín, que obligan a las empresas de ese país a cooperar con las operaciones de inteligencia. Este marco jurídico significa que las empresas tecnológicas de China, independientemente de su condición “privada”, están obligadas a proporcionar datos, acceso o asistencia técnica al Partido Comunista de China (PCCh) si así se les solicita.
“China representa un riesgo más acusado, debido a su legislación, que obliga a las empresas nacionales a compartir datos e información con el régimen siempre que se les solicite, lo que aumenta la vulnerabilidad al espionaje gubernamental”, declaró a Diálogo Filipe Augusto da Luz Lemos, investigador brasileño especializado en ciberseguridad e infraestructura crítica.
Esto hace saltar las alarmas sobre la vigilancia patrocinada por el régimen, en la que se puede acceder a datos y comunicaciones confidenciales dentro de las redes de un país. Además, existen preocupaciones sobre “puertas traseras” o vulnerabilidades ocultas en el hardware y el software de China, que podrían explotarse para lanzar ciberataques o interrumpir servicios esenciales.
La opacidad de las cadenas de suministro de estos equipos también contribuye a la preocupación por su integridad y el potencial de dependencias tecnológicas, que podrían aprovecharse para la coacción política o económica durante tensiones geopolíticas.
Para Lemos, una solución para Brasil sería desarrollar estas tecnologías internamente, un objetivo que describió como aún inviable debido a las limitaciones actuales. Como alternativa pragmática, sugiere la formación de alianzas estratégicas entre empresas brasileñas y extranjeras, que permitan la transferencia de conocimientos tecnológicos y la formación técnica local.
“Un ejemplo exitoso de este modelo fue la implantación de la televisión digital, que generó centros de excelencia y laboratorios de investigación dedicados al tema en universidades brasileñas, como la Universidad Tecnológica Federal de Paraná (UTFPR)”, dijo Lemos.
Las preocupaciones en torno a las empresas de telecomunicaciones de China se reflejan en otros países de Latinoamérica. En Costa Rica, la empresa china de telecomunicaciones Huawei se enfrentó a acusaciones de ejercer “presión atípica y excesiva” para garantizar contratos de 5G.
“En casi tres años como ministro de Comercio e Inversión, nunca he visto a un país presionar tanto, o incluso llegar a algunos límites, como lo ha hecho China con Huawei, para que fuera contemplada en un proceso de licitación específico”, declaró en abril el ministro de Comercio Exterior de Costa Rica, Manuel Tovar Rivera, al sitio web de noticias fDi Intelligence. “Siempre que una empresa se enfrenta a algún reto, ejerce su protección diplomática hasta cierto punto, pero no lo convierte en un affaire d’état, como ha hecho Pekín”.
El Gobierno de Costa Rica actuó con eficacia para impedir que Huawei firmara contratos 5G en agosto de 2023, al bloquear a los proveedores de países no signatarios de la Convención de Budapest sobre la Ciberdelincuencia. Poco después, en abril de 2024, Huawei ofreció una fiesta exclusiva para al menos 70 empleados de la operadora estatal de telecomunicaciones de Costa Rica, lo que suscitó preocupaciones sobre conflictos de intereses y posible corrupción en el proceso de adquisición. Tovar señaló que “la línea es muy delgada” entre Huawei como empresa privada y el PCCh.
Lemos propuso otro enfoque que implica “mecanismos rigurosos para analizar, probar y validar estos equipos a través de instituciones nacionales especializadas y fomentar la fabricación local de estos equipos, con supervisión y control nacionales”. Para impedir la expansión de China en el sector de las telecomunicaciones, Lemos cree que Brasil debe dar prioridad a inversiones significativas en investigación, desarrollo tecnológico e innovación.
“Esto implica una amplia reforma del sistema educativo superior brasileño, fortaleciendo e incentivando el papel del profesor investigador. Además, es fundamental estimular la transformación de la investigación académica en productos y soluciones comerciales viables, generando un valor económico concreto. Se debe incentivar a las universidades a desarrollar tecnologías prácticas, útiles y alineadas con las necesidades estratégicas nacionales, reduciendo progresivamente la dependencia externa”, afirmó Lemos.
Las inversiones significativas en investigación, desarrollo tecnológico e innovación en Brasil, concluyó Lemos, son cruciales para reducir progresivamente la dependencia externa y establecer normas claras de seguridad.



