Las recientes operaciones contra las organizaciones criminales transnacionales (OCT), incluso incautaciones marítimas de drogas en el Pacífico y la detención de presuntos integrantes del Tren de Aragua (TdA) y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ponen de relieve la creciente coordinación operativa entre México y los Estados Unidos para combatir el crimen organizado que opera en todo el hemisferio. Estas acciones subrayan el compromiso bilateral en la lucha contra las redes criminales, cuyas actividades afectan a ambos países y se extienden omuch más allá de sus fronteras.
Operaciones marítimas y terrestres: coordinación binacional en acción
En recientes operaciones marítimas en el Pacífico, la Secretaría de Marina de México (SEMAR) y la Guardia Costera de los Estados Unidos trabajaron en estrecha coordinación para interceptar envíos de drogas. En una de estas operaciones, llevada a cabo el 11 de febrero, las autoridades incautaron 188 bultos de cocaína al oeste de Isla Clarión, en el archipiélago de Revillagigedo, una remota cadena de islas mexicanas en el Pacífico. Según SEMAR, esta operación se llevó a cabo en conjunto con la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (JIATF Sur), un componente del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM).
Este tipo de operaciones reflejan la creciente profundidad de la cooperación bilateral en la lucha contra actividades ilícitas en el ámbito marítimo, donde el intercambio de inteligencia y la coordinación operativa son clave para el éxito. “El intercambio de información con los Estados Unidos ha generado resultados favorables para ambos países”, afirmó el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Omar García Harfuch.
Por otra parte, las autoridades mexicanas también llevaron a cabo importantes operaciones en el ámbito contra miembros de las principales organizaciones delictivas transnacionales. En febrero, las fuerzas de seguridad mexicanas neutralizaron a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del CJNG, durante una operación militar en el estado occidental de Jalisco. La operación, que se benefició de la cooperación en inteligencia con los Estados Unidos, representó uno de los golpes más importantes contra el crimen organizado en los últimos años.
A mediados de enero, en el estado de Michoacán, fuerzas federales y estatales detuvieron a siete presuntos integrantes del CJNG durante operativos en la región de Tierra Caliente, donde este cártel disputa territorio con otros grupos delictivos y sucesores que operan en la zona, como facciones de La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y el Cártel de Sinaloa.
Días antes, en la Ciudad de México, fueron detenidos seis presuntos integrantes del TdA, vinculados con delitos como extorsión, trata de personas y narcotráfico. Entre los detenidos figuraban Lesli Valeri, acusada de manejar cobros por explotación sexual, y Bryan “N”, presunto operador financiero, con órdenes de aprehensión por trata y delincuencia organizada.
Javier Oliva Posadas, profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó a Diálogo que “el fenómeno del narcotráfico y del crimen organizado transnacional no puede ser enfrentado por un solo país, ni siquiera por los Estados Unidos, y requiere convergencia entre Estados y mecanismos multilaterales”. Según el académico, la desarticulación de células del CJNG y el TdA, junto con el decomiso masivo de cocaína, refleja los avances concretos en el marco de interoperabilidad técnica entre México y los Estados Unidos.
Transformación y expansión de las redes criminales en México
Estas operaciones se inscriben en un contexto más amplio de transformación de la estructura y las actividades del crimen organizado en México.
Según el Índice Global de Crimen Organizado, las organizaciones delictivas han evolucionado de redes locales a estructuras de alcance nacional e internacional, capaces de controlar la producción y distribución de drogas como cocaína, metanfetaminas y fentanilo. Además, estas organizaciones han diversificado sus actividades hacia la extorsión, trata de personas, secuestro, robo de combustible y tala ilegal, extendiendo su influencia y debilitando las capacidades institucionales de varias regiones.
Un reporte de la Universidad Panamericana, con sede en México, destaca que los grupos delictivos recurren a la corrupción, sobornos y tráfico de influencias para proteger su estructura, lo que ha llevado a la infiltración de estas organizaciones en instituciones clave. Paralelamente, cárteles como el CJNG y el Cártel de Sinaloa han consolidado cadenas de suministro de precursores químicos —procedentes principalmente de China y cada vez más de la India— para la producción de drogas sintéticas.
Aunque el CJNG y el TdA se dedican a muchas de las mismas actividades criminales, presentan diferencias estructurales significativas. Según Oliva Posadas, el CJNG se originó en el narcotráfico y luego diversificó sus actividades hacia el robo de combustible, extorsión y hasta la infiltración en procesos políticos. En contraste, el TdA, a pesar de su expansión internacional, se enfoca principalmente en delitos como extorsión, trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes, con menor vinculación al narcotráfico.
En los últimos años, el grupo se ha expandido desde Venezuela a varios países de América del Sur y Central y ha establecido células criminales vinculadas al tráfico ilícito de migrantes, la extorsión y las redes de explotación sexual.
El Índice Global de Crimen Organizado también destaca que la violencia sigue siendo un componente central de las operaciones de estas organizaciones. Los grupos criminales emplean con frecuencia tácticas letales para disputar territorios e imponer control, lo que exacerba los niveles de homicidio y afecta la gobernanza en diversas regiones.
Espacios de cooperación bilateral: avances recientes
La cooperación entre México y los Estados Unidos va más allá de las acciones operativas y se ha reforzado cada vez más a través de acuerdos institucionales y ejercicios de entrenamiento conjuntos.
En febrero, el Senado mexicano autorizó la participación de 19 elementos de la Marina estadounidense en un ejercicio de adiestramiento militar en Campeche, llevado a cabo del 15 de febrero al 16 de abril. Estos ejercicios buscan fortalecer la capacidad operativa de las fuerzas especiales de ambos países y mejorar la coordinación en entornos de seguridad complejos.
De manera similar, en enero, el ministro García Harfuch se reunió con Kash Patel, director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), durante la cual ambas partes acordaron reforzar el intercambio de información estratégica y la detención de objetivos prioritarios. Asimismo, en diciembre de 2025, en la segunda reunión del Grupo de Implementación de Seguridad México-Estados Unidos, se acordaron medidas concretas para combatir amenazas como el uso de drones por parte de organizaciones criminales y el tráfico de fentanilo. Este compromiso incluye también la mejora en los procesos de extradición y en las investigaciones financieras.
Desde septiembre de 2025, ambos gobiernos establecieron un grupo de alto nivel para dar seguimiento a los compromisos bilaterales en materia de seguridad. Este mecanismo se basa en principios de reciprocidad y confianza mutua para desarticular redes delictivas, frenar el tráfico de drogas y armas, y combatir flujos ilícitos de personas.
Diplomacia militar y desafíos compartidos
Más allá de la cooperación operativa y los ejercicios de entrenamiento, la colaboración bilateral también se ha ampliado a través de la diplomacia militar. Oliva Posadas destacó su papel en la consolidación de la relación entre ambos países. En este contexto, resaltó una reunión en enero de 2026 en el recién inaugurado complejo de la Embajada de los Estados Unidos en la Ciudad de México, en la que participaron representantes de SEMAR junto con miembros del Comando Norte de los Estados Unidos.
Estas reuniones constituyen un canal clave para fortalecer la interlocución castrense y enfrentar amenazas compartidas.
“La posición geográfica de México y su relación con los Estados Unidos y Canadá lo ubican en un entorno estratégico clave en materia de defensa y cooperación”, afirmó Oliva Posadas, subrayando que los acuerdos bilaterales han generado niveles de confianza que permiten enfrentar de manera conjunta los desafíos de seguridad en el hemisferio.
El fortalecimiento de la cooperación entre México y los Estados Unidos no solo apunta directamente al crimen organizado, sino que también contribuye a construir una alianza de seguridad más resiliente, capaz de responder a las amenazas transnacionales que afectan a ambas naciones y a la región en general.


