La reciente expedición científica conjunta entre China y Chile en la Fosa de Atacama ha generado un intenso debate internacional. La participación del buque de investigación oceanográfica Tan Suo Yi Hao, equipado con tecnología de punta para aguas profundas, ha puesto en la mira las posibles implicaciones estratégicas de esta misión, particularmente por el uso dual que podrían tener los datos recolectados.
Mientras la cooperación científica es destacada por algunos sectores como un hito, analistas geopolíticos expresan su preocupación por los riesgos de la presencia sostenida de China en una región de creciente valor estratégico.
Ciencia de vanguardia y capacidades estratégicas
El Tan Suo Yi Hao es un buque diseñado específicamente para las rigurosas condiciones de las exploraciones en aguas profundas. Equipado con laboratorios especializados, sistemas de sondeo acústico y tecnologías de posicionamiento dinámico de alta precisión; tiene la capacidad técnica de mapear el fondo marino, recolectar datos geofísicos y realizar misiones prolongadas, según el medio chileno Cooperativa. Estas características lo convierten en una plataforma científica de primer nivel, pero también en una herramienta castrense.
El buque llegó a Valparaíso en enero de 2026 para iniciar una misión conjunta entre China y Chile en la Fosa de Atacama. Esta operación, conocida oficialmente como Expedición Conjunta China-Chile a la Fosa de Atacama (JCATE 2026), está organizada por el Instituto Milenio de Oceanografía de la Universidad de Concepción y el Instituto de Ciencia e Ingeniería de las Profundidades Marinas (IDSSE) de la Academia China de Ciencias, que tiene vínculos directos con el Ejército Popular de Liberación (EPL). El itinerario de la misión incluye cerca de 20 inmersiones y estudios en 33 estaciones oceanográficas frente a las costas del norte chileno. Esta operación, que se extenderá hasta finales de marzo, emplea el sumergible tripulado Fendouzhe. Aunque actualmente tiene como objetivo alcanzar una profundidad de más de 8000 metros en la fosa, el Fendouzhe es un vehículo de profundidad oceánica total, capaz de descender hasta los 11 000 metros.
Según la Televisión Universidad de Concepción, esta es la mayor expedición oceanográfica realizada en la zona hasta la fecha, centrada en el análisis de desencadenantes geológicos de tsunamis y terremotos, así como el estudio de ecosistemas extremos.
Sin embargo, esta alta complejidad científica es precisamente lo que alarma a los expertos en seguridad. El politólogo argentino Juan Belikow, especialista en seguridad y crimen organizado en la Universidad de Buenos Aires, advirtió a Diálogo que este tipo de proyectos sofisticados suelen servir como caballos de Troya, y señaló que “los buques científicos financiados por China cumplen roles militares, más allá de los objetivos declarados de investigación científica”.
Esta preocupación se va agravada por la estrategia de fusión militar-civil de China, que exige que los avances científicos civiles se compartan con el EPL. Aunque las misiones de investigación se presentan como puramente académicas, los buques científicos chinos tienen un historial de transportar personal con vínculos directos con las ramas estratégicas y de inteligencia del EPL. En este marco, la presencia del dicho personal convierte una misión de descubrimiento en una de reconocimiento. Al difumar las líneas entre el mundo académico y el de la inteligencia, el Tan Suo Yi Hao puede recopilar datos con doble finalidad: un mapa utilizado para estudiar fallas sísmicas para tsunamis sirve simultáneamente como guía de alta resolución para la navegación submarina encubierta.
Ciencia y estrategia en la Fosa de Atacama
La Fosa de Atacama, conocida por su complejidad geológica y su biodiversidad única, representa una oportunidad científica invaluable, pero también un punto de interés logístico. Analistas como Malcolm Davis, del Instituto Australiano de Política Estratégica, destacó en Infobae que esa exploración de entornos submarinos profundos puede tener aplicaciones estratégicas. Davis señaló que este tipo de áreas permite probar vehículos submarinos no tripulados, sensores y sistemas de sonar, además de recopilar datos térmicos y de sonido que son clave en escenarios de conflicto marítimo.
Belikow también subrayó que las operaciones científicas chinas responden a prioridades de defensa e inteligencia del Partido Comunista Chino (PCCh). Según el analista, “el conocimiento detallado de la Fosa de Atacama podría facilitar actividades como la pesca ilegal en el Pacífico Sur o proporcionar información para operaciones submarinas encubiertas”. Además, este tipo de misiones podría sentar precedentes para futuras investigaciones en áreas de alto valor castrense, como el canal de Drake o los pasos australes, que conectan al Atlántico con el Pacífico, agrega el especialista argentino.
Transformación de la flota china: entre ciencia y poder armado
La utilización de buques de investigación como el Tan Suo Yi Hao se considera una piedra angular de una estrategia más amplia de China para proyectar su influencia marítima. Según un informe del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS), estos buques acumulan cientos de miles de horas de operación global, recolectando información clave sobre topografía marina, corrientes y condiciones oceánicas y otras variables que pueden ser utilizadas en despliegues navales de largo alcance del EPL.
El informe del CSIS, identificó patrones operativos recurrentes como la vinculación con entidades estatales, escalas en puertos militares, interrupciones periódicas del sistema de identificación automática (AIS) y operaciones en Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) sin autorización. En Latinoamérica, este tipo de despliegues ya ha generado tensiones. En Chile, los diputados Stephan Schubert y Hotuiti Teao solicitaron formalmente el 24 de enero a las autoridades el monitoreo riguroso de la expedición del Tan Suo Yi Hao, advirtiendo sobre las posibles repercusiones estratégicas.
En respuesta, la Armada de Chile anunció que realizará un “monitoreo estricto” al buque durante su operación, con el objetivo de garantizar el cumplimiento de la normativa marítima y la soberanía nacional. Como parte de este control, se ha destinado un observador del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) para supervisar las actividades científicas a bordo.
Sin embargo, Belikow señaló que “la participación de investigadores chilenos no garantiza acceso pleno a la información recolectada, ya que parte de los datos podrían ser segmentados y controlados exclusivamente por China”.
Tensiones regionales y riesgos globales
El interés de China en explorar fosas oceánicas se extiende mucho más allá de la costa chilena. En los últimos años, se han registrado despliegues similares que han sacudido el Indo-Pacífico. En 2025, la Guardia Costera de Filipinas detectó buques chinos de investigación, como el Zhu Hai Yun y el Xiang Yang Hong 10, operando sin autorización en su ZEE, “en áreas estratégicas como el arrecife Balagtas y Bajo de Masinloc”, reportó la Agencia de Información Filipina. Estos incidentes, en los que participó la flota de investigación en general, han aumentado la sensibilidad regional.
En marzo de 2025, tras una misión científica en la fosa de Puysegur, al sur de Nueva Zelanda, el Tan Suo Yi Hao navegó frente a las costas de Australia y realizó operaciones en la fosa Diamantina, en lugar de regresar a Hainan. Varios medios de comunicación reportaron que su ruta coincidió con la ubicación de un cable submarino clave para la infraestructura australiana.
Del mismo modo, el caso de Sri Lanka evidenció riesgos asociados a la diplomacia portuaria y las infraestructuras de doble uso. En 2022, la llegada del buque chino Yuan Wang 5 al puerto de Hambantota, controlado por un operador estatal chino en virtud de un contrato de arrendamiento de 99 años, generó tensiones regionales. Aunque clasificado como buque de investigación, sus sistemas de seguimiento satelital y el potencial del puerto para albergar activos militares pusieron de relieve la estrategia de Pekín de convertir la presencia comercial y científica en puntos de apoyo militares.
En este contexto, la presencia del Tan Suo Yi Hao en la Fosa de Atacama ha encendido las alarmas en Chile y otros países de la región. Aunque la misión declara tener objetivos científicos, los datos recolectados podrían trascender este ámbito y convertirse en herramientas de negociación geopolítica. Como advirtió Belikow, “China podría obtener ventajas tácticas al anticipar información, en un contexto donde las dimensiones políticas, económicas y castrenses se superponen”.
La cooperación científica entre China y Chile, aunque valiosa, también plantea interrogantes difíciles sobre el equilibrio entre la ciencia y la ambición estratégica, en una región cuyo valor geopolítico está en constante ascenso.


