La política exterior de China hacia el sur global utiliza cada vez más la cooperación espacial como herramienta estratégica para expandir su influencia tecnológica y su presencia geopolítica. A través de acuerdos bilaterales, China ofrece servicios de diseño, construcción, lanzamiento y operación de satélites, junto con capacitación técnica para los países regionales.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) destaca que muchas de las capacidades espaciales chinas tienen un uso dual, es decir, aplicaciones tanto civiles como militares. Tecnologías como los sistemas de observación terrestre y las redes satelitales de comunicación pueden emplearse en la agricultura o la gestión de desastres y la planificación de infraestructuras, pero también son herramientas clave para la recopilación de inteligencia y la seguridad nacional. Además, varios de los actores involucrados en estos proyectos están vinculados con el Ejército Popular de Liberación (PLA) y el aparato espacial militar de China, lo que subraya el carácter estratégico de esta expansión.
Evan Ellis, profesor de investigación de estudios latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos, explicó a Diálogo que la “diplomacia espacial de China en Occidente forma parte de su arquitectura global de acceso, negación y persistencia, aunque se presente bajo esquemas civiles”. Ellis agregó que la estrategia china combina objetivos económicos, tecnológicos y militares, utilizando la cooperación civil como una vía para consolidar dependencias a largo plazo en Latinoamérica.
Infraestructura terrestre y acceso a datos: preocupaciones crecientes
Uno de los aspectos más controvertidos de la creciente presencia espacial china en Latinoamérica es el establecimiento de estaciones terrestres. Ellis advirtió que estas instalaciones podrían proporcionar a China acceso a recursos estratégicos en caso de conflicto. Como ejemplo, mencionó la estación Espacio Lejano en Neuquén, Argentina, un centro de telemetría, seguimiento y control operado por China Satellite Launch and Tracking Control General, una entidad vinculada al aparato militar chino. Este acuerdo bilateral le otorga a China el uso de la instalación por 50 años.
Además de Neuquén, China opera múltiples estaciones terrestres en toda la región, incluyendo Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela. Estas infraestructuras, según un informe del proyecto de análisis geopolítico Sinopsis, con sede en Praga, amplían las capacidades de Pekín para comunicarse con satélites desde el hemisferio occidental, fortaleciendo su presencia fuera de Asia.
Otro proyecto significativo es SpaceSail, una constelación de satélites de órbita baja desarrollada por Shanghai Spacecom Satellite Technology. Aunque los satélites se lanzan desde puertos especiales chinos y orbitan a nivel mundial, el regulador de telecomunicaciones de Brasil ha autorizado a SpaceSail a proporcionar servicios de banda ancha en territorio brasileño en coordinación con la empresa estatal Telebras. La constelación tiene licencia para operar hasta 324 satélites en Brasil hasta 2031, y se espera que el servicio se implante por fases en los próximos años.
Aunque el proyecto tiene componentes civiles, Ellis subrayó que también expone información sensible a las leyes chinas de seguridad y ciberseguridad, lo que facilita el acceso a datos estratégicos.
Programas conjuntos y la dependencia tecnológica
Brasil sigue siendo uno de los principales socios de China en la región en cooperación espacial, especialmente a través del programa CBERS (Satélite Sino-Brasileño de Recursos Terrestres), que desarrolla satélites de observación conjunta. El CBERS-6, anunciado en 2025, permitirá monitorear la Amazonía bajo cualquier condición climática mediante imágenes de radar avanzadas. Aunque este proyecto es binacional y tiene derechos de uso compartidos, el lanzamiento y los componentes críticos dependen de China, lo que refuerza la dependencia tecnológica. El despegue está programado para 2028, según el medio brasileño TeleSíntese.
Ellis expresó que, aunque parece una cooperación inocua, los objetivos de Pekín difieren de los programas espaciales occidentales, como Artemis de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), que operan bajo normas transparentes y mandatos civiles claramente definidos. En contraste, los proyectos chinos suelen ocultar sus metas estratégicas, que combinan avances comerciales, militares y tecnológicos.
El sistema de navegación BeiDou es otro ejemplo de la estrategia espacial china en Latinoamérica. Pekín ha ampliado su red de posicionamiento y sincronización satelital mediante acuerdos de cooperación en la región. Aunque BeiDou se presenta como una herramienta para aplicaciones civiles, como la agricultura y la logística del transporte, los analistas han destacado su fuerte potencial militar. Según Infobae, la ausencia de marcos regulatorios sólidos en algunas partes de la región permite que estas tecnologías operen con una supervisión limitada, lo que puede generar dependencia tecnológica y suscitar preocupaciones sobre la soberanía sobre datos estratégicos.
Ampliación de la presencia en toda la región
La participación espacial de China en Latinoamérica se extiende mucho más allá de Brasil y Argentina. Durante la última década, Pekín ha firmado acuerdos de cooperación con múltiples gobiernos para desarrollar capacidades satelitales, financiar infraestructuras, proporcionar servicios de lanzamiento y formar al personal local.
En Bolivia, China financió, construyó y lanzó el satélite de telecomunicaciones Túpac Katari. Diseñado oficialmente para ampliar la conectividad civil, especialmente en las zonas rurales, el proyecto se financió en gran parte con préstamos chinos y fue ejecutado por empresas estatales chinas.
Venezuela también se asoció con China para desplegar el satélite de comunicaciones Venesat-1 y, más tarde, el satélite de teledetección VRSS-1. Ambos fueron fabricados en China y lanzados a bordo de cohetes chinos, con ingenieros venezolanos formados en instalaciones chinas.
En Chile, el Gobierno suspendió un proyecto de instalación de observación astronómica en Cerro Ventarrones, en la región de Antofagasta, en el que participaban los Observatorios Astronómicos Nacionales de China (NAOC) y la Universidad Católica del Norte, tras las preocupaciones planteadas por científicos chilenos y expertos regionales. Aunque se presentó como una iniciativa de investigación científica, los críticos cuestionaron la estructura de gobernanza del acuerdo y el grado de supervisión chilena. Los especialistas señalaron que las infraestructuras avanzadas de observación astronómica y espacial, aunque tienen fines civiles, también pueden contribuir a las capacidades de seguimiento de satélites y de conocimiento de la situación espacial, con una posible relevancia estratégica. La suspensión del proyecto puso de relieve la creciente sensibilidad regional hacia las cuestiones del control de datos y el acceso estratégico a largo plazo.
Lo que distingue al modelo chino es la integración de la financiación, la fabricación, los servicios de lanzamiento, la infraestructura terrestre, la formación y el mantenimiento a largo plazo bajo las normas técnicas chinas. Este enfoque integrado verticalmente crea ecosistemas tecnológicos a largo plazo vinculados a las plataformas chinas.
Dado que muchas de las tecnologías involucradas —telecomunicaciones, observación de la Tierra, navegación y procesamiento de datos— tienen aplicaciones tanto civiles como militares, estas asociaciones tienen implicaciones estratégicas que van más allá de sus objetivos comerciales o de desarrollo declarados. El resultado es una red de relaciones espaciales que combina la asistencia al desarrollo con capacidades que podrían aprovecharse con fines de seguridad o geopolíticos.
Nuevo escenario de competencia geopolítica
La creciente presencia espacial de China en Latinoamérica refleja no solo el avance tecnológico, sino también un esfuerzo más amplio por extender su influencia geopolítica en la región. A través de la infraestructura terrestre, las constelaciones de satélites y los programas de desarrollo conjunto, Pekín está construyendo una red de asociaciones que combina capacidades civiles y militares y que podría crear dependencias estratégicas a largo plazo en todo el hemisferio.
A medida que el espacio se convierte en un ámbito cada vez más disputado, la expansión de las infraestructuras y los sistemas de datos controlados por China en Latinoamérica podría dar a Pekín un mayor alcance estratégico en el hemisferio occidental, al tiempo que profundiza la dependencia tecnológica de la región.


