Como parte de la Iniciativa de Seguridad Global (GSI), el plan lanzado por Xi Jinping en 2022 que utiliza el tema de la seguridad como palanca de influencia geopolítica, la empresa estatal de defensa China North Industries Group (Norinco) está ampliando rápidamente su presencia en Latinoamérica. La empresa no se limita a vender armamento y diseñar plantas de producción. Su objetivo es consolidarse como el principal proveedor del mercado militar regional.
En abril de 2025, durante la LAAD, una de las ferias brasileñas más importantes dedicadas a la defensa y la seguridad, Norinco presentó a las fuerzas armadas latinoamericanas una amplia gama de su arsenal, incluidos avanzados sistemas de misiles antitanque y aire-tierra.
Los riesgos asociados a esta expansión son numerosos, desde el establecimiento de una trampa de dependencia estratégica hasta la comercialización de sistemas que pueden gestionarse o supervisarse a distancia, pasando por problemas de calidad que podrían comprometer la capacidad de defensa de los países compradores.
“Norinco pierde por la calidad de sus productos y en especial por su servicio postventa y apoyo logístico”, explica a Diálogo el experto argentino en defensa Ricardo Runza.
En 2003 Norinco fue sancionada por haber contribuido materialmente al programa iraní de desarrollo de misiles capaces de transportar armas de destrucción masiva (WMD). Las armas fabricadas por la empresa china también son utilizadas por la organización terrorista Hamás, mientras que, según reveló una investigación de Reuters, se han identificado componentes atribuibles a Norinco en armamento ruso utilizado en la guerra de Ucrania. Por último, en Venezuela, la empresa ha suministrado a las fuerzas policiales del régimen de Nicolás Maduro equipos antidisturbios de nivel militar.
El caso de Brasil
Según el diario brasileño Estado de São Paulo, en mayo de 2025 salieron a la luz informes que detallaban el plan de Norinco de establecer un centro en el estado de Bahía dedicado a la producción de equipos militares destinados a toda Latinoamérica.
“China promueve la asociación con los países a los que quiere vender armas para fabricarlas in situ total o parcialmente y facilitando el mantenimiento y la apertura de talleres”, afirma Runza.
Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia del Gobierno chino, orientada a reforzar la cooperación militar con Brasil a cambio de acceso al territorio, a los recursos y a infraestructuras estratégicas, como el Centro de Lanzamiento de Alcântara, en el estado de Maranhão, una de las bases espaciales más estratégicas del mundo, situada a poco más de dos grados al sur del Ecuador. Este acceso permitiría a Pekín reducir hasta un 30 por ciento los costes de lanzamiento de satélites y asegurarse una posición privilegiada en el Atlántico Sur.
Según el sitio de noticias brasileño Sociedade Militar, a cambio del acceso a la base de Alcântara, China habría ofrecido a las Fuerzas Armadas brasileñas un paquete militar completo, que incluye tanques VT-4 de Norinco, vehículos de infantería VN-20, obuses autopropulsados de 155 mm e incluso el caza supersónico Chengdu J-10. El J-10 se propuso como una solución temporal, diseñada para cubrir una brecha de capacidad hasta que el Gripen E sueco —la elección oficial de Brasil para modernizar su Fuerza Aérea— esté plenamente operativo.
La oferta incluiría además asistencia técnica, formación del personal y una transferencia parcial de tecnología, con la perspectiva de futuros ensamblajes locales en el estado de Bahía. En la primera mitad de 2025, Norinco habría manifestado su interés en adquirir una participación en Avibras, el principal fabricante brasileño de sistemas de defensa pesada, especializado en misiles y artillería de cohetes para las Fuerzas Armadas del país.
Perú
El Ministerio de Defensa de Perú ha adquirido a la empresa china Norinco dos drones de última generación equipados con sistemas avanzados de cartografía tridimensional, destinados a misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento contra actividades ilícitas.
El acuerdo también prevé la formación de 20 operadores militares peruanos en el uso de drones y del sistema de navegación por satélite chino BeiDou. Esto obliga a depender del sistema de navegación chino para su funcionamiento, lo que, según advierten los expertos, crea una “puerta trasera digital”.
Según Reuters, el Ejército Popular de Liberación chino (EPL) está invirtiendo en tecnologías cada vez más autónomas impulsadas por la inteligencia artificial. Los analistas advierten que los drones de Norinco, al depender de BeiDou, centralizan la inteligencia sensible en Pekín y crean vulnerabilidades a la filtración de datos, puertas traseras en el firmware y otras amenazas cibernéticas que podrían permitir el control remoto del dispositivo o la manipulación de la información recopilada.
“Lo que puede ser riesgoso es asociarse geopolíticamente con China, dado que China hace prevalecer siempre la asimetría de su poder político, económico y comercial sobre el país más débil. En sociedades proclives a la corrupción, esto es lo que es realmente peligroso y es sobre lo que hay que fortalecer”, dice Runza.
Desde hace años, China está construyendo una red de relaciones con las fuerzas armadas latinoamericanas para apoyar sus intereses comerciales en el sector de la defensa. Ya en 2018, Pekín lanzó un programa que ofrece a los oficiales militares de la región estancias de lujo en China para ellos y sus familias, en el marco de cursos de formación diseñados para consolidar los lazos estratégicos con los países latinoamericanos.
Alimentando el crimen organizado
Las armas fabricadas por Norinco también están alimentando los mercados ilegales de la región, creando un dilema de seguridad en el que el proveedor de la solución (Norinco) también suministra los medios para el problema. Según varios informes sobre el crimen organizado, rifles como el Norinco CQ (copia del M16) habrían sido traficados a través de redes internacionales hasta llegar a grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) de México. Estas armas de calibre militar, junto con equipos sofisticados, están contribuyendo a la creciente militarización de las actividades delictivas en países como México, Ecuador y Brasil.
Una investigación del sitio de noticias peruano Ojo Público reveló que, desde 2010, miles de rifles de fabricación china han entrado en Colombia, convirtiéndose en un elemento clave para el rearme y la expansión de bandas criminales, grupos paramilitares y otras organizaciones armadas no estatales.
En Brasil, varias operaciones policiales también han documentado la compra de armas Norinco por parte de grupos criminales locales. En marzo de 2025, la Policía Federal de Brasil desmanteló una red de tráfico de armas de guerra dirigida por Álvaro Malaquias Santa Rosa, conocido como Peixão, uno de los líderes de la facción criminal Terceiro Comando Puro (TCP). El grupo importaba ilegalmente armas pesadas, municiones, granadas y equipos antidrones desde Paraguay y China utilizando servicios de mensajería internacional. Además, en 2024, una operación conjunta de las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro condujo a la confiscación de ocho kits Roni procedentes de China, accesorios capaces de transformar armas semiautomáticas en otras mucho más potentes, incluso con capacidad de disparo en ráfagas.
La popularidad de las armas Norinco entre los cárteles y los grupos criminales se debe a sus precios asequibles y a la facilidad para adquirirlas, a menudo incluso por correo postal. Esta falta de control efectivo y de transparencia en las exportaciones militares chinas actúa como un multiplicador de la fuerza del crimen organizado, lo que suscita serias preocupaciones sobre la estabilidad de la región.
La convergencia de estos factores —las agresivas tácticas de venta de Norinco, las vulnerabilidades técnicas asociadas y la diplomacia militar estratégica de China— crea un dilema de seguridad fundamental para Latinoamérica. El problema va mucho más allá del tráfico ilegal de armas: al depender de equipos de defensa chinos subvencionados por el Estado, los países compradores corren el riesgo de caer en una trampa de dependencia estratégica, lo que podría comprometer sus capacidades de defensa a largo plazo y limitar sus opciones de política exterior independiente. El uso de tecnología como el sistema BeiDou en activos militares introduce una puerta trasera digital persistente, que expone la información confidencial de inteligencia nacional a la vigilancia externa. En última instancia, la expansión de Norinco representa una amenaza compleja y sistémica que pone en peligro la estabilidad regional, promueve la militarización del crimen organizado y erosiona la soberanía nacional.



