Según el centro de estudios colombiano Fundación Andrés Bello, existen más de 47 Institutos Confucio (IC) en en Latinoamérica. Estos centros ofrecen una ventana para aprender sobre la lengua y la cultura china, impartiendo cursos de mandarín y artes tradicionales que han sido bien recibidos tanto por los estudiantes como por las universidades. Sin embargo, bajo esta apariencia de intercambio cultural se esconde un objetivo más estratégico: la proyección del poder blando y la influencia de China en toda la región.
Estos institutos, financiados y supervisados por el Ministerio de Educación del Partido Comunista Chino (PCCh), son un componente clave de los esfuerzos más amplios de Pekín por moldear la percepción, fomentar la alineación política y ampliar su presencia estratégica en el hemisferio.
Controversias
A pesar de las preocupaciones que rodean a estos centros, Honduras inauguró su primer IC en su capital, Tegucigalpa, en mayo de 2025, tras el establecimiento de relaciones diplomáticas con China en 2023. Esta medida se produce en un contexto de importantes cierres de IC en todo el mundo, debido a su impacto en la libertad e independencia académica y la influencia indebida de China. Australia y varios países europeos, entre ellos Suecia y los Países Bajos, han visto cómo sus universidades cerraron sus CI en medio de preocupaciones similares.
La embajada china en Honduras hizo el anuncio a través de su cuenta oficial en X, que incluyó imágenes de una ceremonia realizada en Pekín, donde se firmó un convenio educativo con representantes de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM) y la Universidad de Estudios Internacionales de Zhejiang.
El acuerdo establece que el nuevo IC funcionará dentro de las instalaciones de la UPNFM, institución responsable de la formación docente en el sistema educativo básico y medio de Honduras.
Desde 2023, la embajada de China en Honduras, junto con el Instituto Confucio de la Universidad de Panamá y otras instituciones culturales y educativas, trabajó en conjunto para establecer este instituto en el país.
Alertas encendidas en la región
La expansión de los Institutos Confucio ha activado alarmas en Latinoamérica. Estos centros han sido acusados de promover una visión idealizada de China, omitiendo temas sensibles como la masacre de Tiananmen, la situación en Taiwán y el Tíbet, así como los llamados “campos de reeducación” para los uigures. Sobre este último punto, la Organización de las Naciones Unidas estima que cerca de un millón de personas están detenidas en estas instalaciones bajo la justificación de combatir el terrorismo.
Un informe de Human Rights Watch de 2019 calificó a los IC como “extensiones del régimen chino”, señalando que censuran materiales por motivos políticos y priorizan la lealtad al PCCh al seleccionar a sus profesores.
La Fundación Andrés Bello advirtió que la presencia de los IC en Latinoamérica podría influir en la producción académica local, reduciendo las críticas hacia China debido a la dependencia financiera de las universidades que acogen estos institutos. En Colombia, por ejemplo, se analizó el funcionamiento de los IC, concluyendo que estos forman parte de una estrategia diplomática más amplia del Partido Comunista Chino.
Líderes con visión china
En un contexto donde muchas universidades latinoamericanas enfrentan limitaciones económicas, aceptar financiamiento chino puede representar un riesgo para la libertad académica. En el Plan de Acción Conjunto China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) 2022-2024, China se comprometió a aumentar la cantidad de Institutos Confucio en la región, fomentar la enseñanza del mandarín, incorporar este idioma en los currículos nacionales y ofrecer becas y plazas de estudio en China.
La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) destacó que China ha reforzado su presencia en Brasil mediante cooperación académica y científica. Actualmente, Brasil cuenta con 12 IC, algunos de ellos ubicados estratégicamente en regiones desfavorecidas, pero de gran interés estratégico para China.
En Perú, aunque la Universidad Nacional de Ingeniería no alberga un Instituto Confucio, colabora con la Universidad Politécnica de Shenzhen en proyectos de investigación automotriz. Según algunos análisis, este tipo de colaboraciones académicas podría implicar riesgos relacionados con la transferencia de tecnología, incluyendo aplicaciones militares.
En una entrevista con Voz de América, Parsifal D’Sola, analista de política exterior china y director de la Fundación Andrés Bello, expresó su preocupación por el impacto de los IC en la libertad académica. Según D’Sola, los Institutos buscan formar líderes que simpaticen con la visión geopolítica de China.
“Mientras haya una mayor participación de profesores latinoamericanos en investigaciones financiadas por algún ente gubernamental chino, veremos menos críticas dentro de la academia con respecto a China; y eso es algo que favorece a China en su imagen internacional”, concluyó D’Sola.


